Vince Gilligan

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Better Call Saul: los fundamentos de Goodman


Una sala de vistas de un juzgado norteamericano repleta de gente en silencio. El fiscal, inquieto, mira al juez buscando explicaciones. Los miembros del jurado permanecen sentados a la espera de que algo termine con el mutismo reinante. Pero no hace falta. Con un simple gesto del juez, el alguacil de la sala se levanta de su silla. En la siguiente secuencia la acción se traslada a un baño público, donde un hombre trajeado ensaya sus argumentos mientras parece esperar la respuesta de su sombra, que se refleja en los urinarios. En apenas unos segundos es evidente que estamos frente a un individuo inseguro, capaz de detener el ritmo de la Corte para asegurarse de que su trabajo es eficaz, aunque simplemente se quede a la altura del caso.

Éste infeliz abogado, que luce un peinado cuidado hasta el milímetro y viste un traje que no parece suyo, es un personaje conocido para los amantes de las series de televisión, es Saul Goodman. Pero el ambiente que el envuelve está lejos de ser el de la producción que le vio nacer, Breaking Bad, en la que se encargaba de ser el componente cómico de la historia. Y eso es porque una vez terminada la exitosa y premiada serie, AMC, su cadena responsable, ha decidido apostar por el peculiar picapleitos creando una producción sobre él, Better Call Saul. Como es evidente, el Saul que nos encontramos en la nueva creación de Vince Gilligan y Peter Gould, no es el Saul que los espectadores conocimos en el octavo episodio de la segunda temporada de Breaking Bad.

“Hola, soy Saúl Goodman ¿sabía que usted tiene derechos? Lo dice la Constitución y yo también. Creo que hasta que se demuestre la culpabilidad cada hombre, mujer o niño de este país es inocente. ¡Y por eso lucharé por ti, Albuquerque. ¡¡Mejor llama a Saúl!!”

La serie, que se estrenó anoche en Estados Unidos y hoy ya estará disponible en Movistar Series, se traslada al año 2002, seis antes de conocer a Walter White. Por aquel entonces Saul Goodman era, en realidad, Jimmy McGill. Y es que, tal y como confiesa el abogado en su primer encuentro con el poderoso narcotraficante, un buen día Jimmy McGill decide dejar de ser él, para convertirse en el letrado de los anuncios, Saul Goodman. Pero ¿qué provoca éste cambio? ¿fue siempre tan deslenguado y cínico? ¿cómo aprendió a tratar de tú a tú a los criminales más peligrosos?

En Better Call Saul el espectador se encuentra con una cara conocida pero una personalidad difícilmente reconocible, que además lleva una vida diferente a la que nos tiene acostumbrados. McGill se mueve por el Albuquerque colorido y luminoso de su serie madre, pero lo hace llevado por la desesperación, en un coche destartalado que ensombrece aún más su fachada gris y taciturna. La metamorfosis que experimenta éste ser deprimente hasta convertirse en el abogado exitoso y criminal es el eje conductor de la serie, que no duda en recurrir al universo de Breaking Bad para mantener el nexo común y satisfacer a los más fanáticos.

“Te proporcionaré la mejor defensa penal que ese dinero (cuatro mil dólares) puede comprar.”

La apuesta de Vince Gilligan y Peter Gould por regresar al pasado reinventa un personaje al que su carácter protagónico le otorga un universo propio hasta ahora desconocido. Siendo un personaje secundario, en Breaking Bad no había tiempo (ni necesidad) de contarle al espectador de donde venía o con quién vivía ese abogado que sin miramientos se atrevió a decirle a White que quería hacer para él lo que hacía “Tom Hagen para Vito Corleone”. Pero todo el mundo tiene su historia, que está determinada por las circunstancias en las que se ve obligado a vivir.

En el primer episodio de la nueva producción de AMC, McGill bordea los límites de la desesperación con cada uno de sus actos, dibujando una atmósfera oscura y lastimera que se acerca al extremo de la vulgaridad cuando el protagonista regresa a casa. Hasta ese momento el abogado ha peleado por sus cheques, ha perseguido a posibles clientes y ha comprobado como, día a día, las facturas se acumulan. De mal en peor.

Walter White - ¿Y si le conseguimos un abogado de verdad? ¿Qué diablos es esto? ¿Este es a quien vamos a contratar?

Jesse Pinkman - ¿Me tomas el pelo? Este es el tipo que necesitas. Este es el abogado que contraté. ¿Te acuerdas de Emilio? Este tío le sacó de la cárcel ¡¡dos veces!! Es como Houdini. En serio, cuando las cosas se ponen difíciles no necesitas un abogado criminalista ¿vale? Necesitas a un abogado criminal. ¿Sabes lo que digo?

Para Gilligan, su nueva creación es “una forma muy divertida de llegar al fondo de un personaje.” Para Gould “no es una serie de abogados, es una serie criminal.” Y es en los matices, como en el de las palabras de Jesse cuando trata de convencer a Walter de que es el abogado que necesitan, donde reside la capacidad de la producción de ser algo más que una serie derivada o la historia de un peculiar abogado. Porque lo criminal, además de ser aquello destinado a perseguir y castigar un crimen, también define a aquel que lo ha cometido.

Al igual que Breaking Bad narró el descenso a los infiernos de Walter White, es lógico pensar que Better Call Saul emprenderá el mismo viaje con Jimmy McGill, encontrando en Saul Goodman su propio Heisenberg. Pero en la televisión de hoy en día eso no es un problema, y ahí están Vic Mackey, Don Draper y el propio White para confirmarlo. Gilligan y Gould manejan con destreza las artes de la evolución en personajes poco comunes, y han visto en Goodman un aspirante solvente a ese grupo tan querido como moralmente reprobable.

La AMC, ansiosa por encontrar el relevo de sus grandes series, también creyó en el proyecto, que cuenta con el respaldo de la legión de seguidores de la serie madre. Pero todos ellos son conscientes de lo difícil que será cumplir con las expectativas propias de una producción derivada de una serie de éxito. Por delante quedan diez episodios y una segunda temporada confirmada. De momento, en su arranque, Better Call Saul no es mejor (ni peor) que Breaking Bad. Pero sí parece que se vale por sí misma con eficacia y funciona. Que, para empezar, es todo lo que necesita una buena historia.

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Breaking Bad: preámbulo para un desenlace (1)


En un año en el que las despedidas son muchas y de lo más diversas, seguro que alguno de vosotros dice adiós en este 2013 de alguna de sus series favoritas. Un drama. Y el irregular panorama que nos traen los estrenos no parece que nos vaya a ofrecer la posibilidad de trasladar nuestro cariño, nuestros desvelos y nuestras meditadas opiniones a otra producción que los merezca. Así que la angustia se multiplica y los sudores fríos se agudizan pensando el el último capítulo, la última escena, el último adiós. Todo eso en lo que andarán, a la vista de uno de los últimos tweets de Aaron Paul, el equipo de Breaking Bad durante los próximos días. Un drama.

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Por fortuna o por desgracia vivimos en esta maravillosa era tan comunicativa, que nos permite estar al tanto de los pensamientos, dudas y labores de nuestros actores favoritos, y conocer toda la actualidad que los equipos de comunicación quieran sobre la serie que nos interese. Desde que comenzase el rodaje de la segunda mitad de la quinta temporada de Breaking Bad, que tal y como comentó Bryan Cranston en su cuenta de Twitter fue endulzado con originalidad por AMC, hemos podido ver en esta red social a Dean Norris poniéndose moñas con los primeros entrenamientos que él y Quezada realizaron para encarnar agentes de la DEA o deleitándose con la fiebre violeta en la que Marie obliga a vivir a Hank, a la propia Betsy Brandt retratando a ambos agentes/actores o una confusa imagen que fue publicada por la cuenta oficial de la serie en Instagram hace cuatro semanas. Lejos quedan aquellos días en los que las series llegaban a nuestro televisor en silencio, sin más información que la que la cadena de turno nos quisiera mostrar, ni más conocimientos de los que podríamos obtener de cualquier revista juvenil o sobre televisión.

El tweet de Paul, es menos inocente de lo que parece, y a nada que sepamos leer entre esas tres líneas, deducimos hechos con los que no contábamos con certeza. Y quizá esa sea la razón por la que ya no se puede ver en su timeline. Si hace un mes Anna Gunn describía los capítulos finales de Breaking Bad como “el Apocalípsis”, ahora descubrimos que Walter y Jesse han sobrevivido a ese Apocalípsis y que quizá haya que esperar al minuto final para saber a qué se refiere exactamente la actriz cuando dice que “será peor de lo que esperamos”. De momento, lo único que sabemos es que será Vince Gilligan el encargado de dirigir el episodio que pondrá punto y final a la historia creada por él mismo, tal y como hiciera con los finales de la primera, la tercera y la cuarta temporada. Grandes capítulos para una gran serie que ahora afronta el difícil reto de despedirse sin decepcionar a nadie.

Antes de especular con cadáveres y personajes entre rejas, de imaginar matrimonios rotos y amistades perdidas, prefiero recordar lo que nos ha traído hasta este momento en el que hay que decir adiós a personajes y frases que ya figuran en el olimpo de la mitología seriéfila. Mi devoción por la serie de AMC ya ha quedado plasmada en este mismo blog, y ahora mismo veo difícil que el mito se caiga, aún con la inquietud que proporciona saber que los creadores han demostrado con creces que todo es posible. Aunque las despedidas sean difíciles, es mejor concentrarse en el recuerdo general que proporciona quien se marcha, sin dejarse engañar por gestos o palabras de última hora, que como en todas las despedidas, vienen influenciados por los nervios del momento. Y recordar los buenos y coloridos momentos en los que correr a través del desierto con la intención de encontrar un sustento futuro, dejó de ser una inocente afición para convertirse en una peligrosa dedicación.

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Bandas Sonoras: Breaking Bad 3 (S05)


Convaleciente aún del shock que me causó ver a Hank sentado en la letrina del hogar de los White, por fin me he decidido a dejar por aquí la selección musical de Gilligan y compañía, correspondiente a la primera parte de la quinta temporada. Es bastante más breve que las anteriores (aquí temporadas 1-3, aquí 4) por dos razones: una, a mi modo de ver, o en este caso oír, la ambientación musical de esta temporada ha sido menor que las anteriores, y dos, algunos de los temas elegidos no me ha sido posible localizarlos en Spotify.

Por ello, y para ahorrar consultas posteriores, dejo aquí el listado completo con todas las canciones de la temporada, y en negrita encontraréis las que conforman la duodécima lista de esta categoría, cuyo enlace es éste.

– Episodio 1: Live Free or Die.

Mientras Walt desayuna en Denny´s suenan de fondo un par de canciones. La primera de David Castle, titulada Conversations, la segunda de Frank Shelley e Ian West, Running Through Me.

– Episodio 2: Madrigal.

Walt continúa con su pantomima del cigarro de ricino, y mientras ayuda a Jesse en la búsqueda suena el tema de Whitey, Stay on the Outside. Posteriormente, durante la reunión de Lydia con Mike escuchamos dos canciones. La primera, cuando entra al local en el que se han citado, es de The Coachmen y se titula I Can´t Hide it. La segunda es de Mack Owen y se titula Somebody Just Like You.

– Episodio 3: Hazard Party.

Mike se va de visita a la cárcel al comienzo del capítulo, y después visita junto a Walt, Saul y Jesse varios posibles laboratorios. En ambas secuencias escuchamos canciones de la Alarm Music Library, la primera You Got the Guts, la siguiente The Galvez´s & the Contrera´s. Después, cuando Walt y Jesse regresan “a la tarea” al ritmo de The Peddlers, con el tema On a Clear Day (You Can See Forever).

– Episodio 4: Fifty-One.

En el capítulo cincuenta de la serie, en el que se celebra el cumpleaños de Walter, vemos al protagonista, y su hijo Walter Jr. muy ocupados con el Aztek, un coche al que le quedaban un par de secuencias. En el momento de chequear las reparaciones del coche, los hombres White escuchan Easterling & Gildersleeve, con el tema Good and Lonely. Cuando se despiden de él, suena Per Branch, con la canción My Good Thing´s Gone. Cuando Walter y Walter se ponen al frente de sus nuevos bólidos, Chrysler 300 y PT Cruiser primero, Dodge Challenge después, escuchan el tema de Knife Party, Bonfire.

– Episodio 7: Say My Name.

En este capítulo uno de los personajes más importantes es Dan, el abogado de Mike, y la música le acompaña. Cuando llega con las galletas al bank, suena el tema de Paul Abler, Clear Waters. Posteriormente, cuando hace sus depósitos, podemos escuchar Overture de Duke Ellington. Posteriormente Walt trata de enseñarle a Todd como cocinar, al ritmo de la canción de The Monkees Goin´ Down. Y para finalizar, en la última visita de Dan al banco suena Return to Summer de Southern Library.

– Episodio 8: Gliding Over All.

Durante el encuentro de Lydia y Walter White en la cafetería, podemos escuchar tres temas: Night in the City y Clear Skies de Apple Trax y Spin Drift de Alexander McCabe. Durante las escenas de la cárcel es Nat King Cole y su Pick Yourself Up quien suena, y posteriormente, mientras Walt amasa su fortuna, lo hacen Tommy James & The Shondells con su canción Crystal Blue Persuasion. Para finalizar, la reunión familiar en casa de los White está animada por Squeeze con Up the Juction.

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La realidad y la credibilidad


La comunidad seriéfila lleva varias semanas, casi tantas como tiempo lleva en emisión, teniendo conversaciones (unas más sesudas e importantes que otras) sobre la verosimilitud y la credibilidad de los hechos que suceden en The Newsroom, una serie que trata de reflejar el trabajo de una redacción de noticias de un importante grupo de comunicación…. Por si esto fuese poco, desde la emisión del quinto capítulo de la quinta temporada de Breaking Bad anda el personal revuelto, aquí y en los States, preguntándose si Gilligan se ha rendido a los pies de la inverosimilitud, defraudándonos a todos un poco. Y qué queréis que os diga, pero a mí me parece que lo que necesitamos es que la temporada empiece ya para así poder tener cosas verdaderamente importantes sobre las que escribir (sic). Porque preguntarnos por la verosimilitud de obras de ficción es, o eso creo yo, un acto hipócrita y aleatorio, ya que ficción son muchas de las series que vemos y sin embargo no es una queja que esgrimamos con cada una de ellas.

The Newsroom es creíble, como antes lo fueron The West Wing o Studio 60 por citar dos de los trabajos de Sorkin, pero difícilmente es verosímil o admisible como real. ¿Por qué? Porque resulta difícil creer, por ejemplo, que haya nadie en el mundo con contactos tan fabulosos como los de Jim, y más si vienes de pasar una buena temporada en la otra punta del mundo, un jefe tan arriesgado y simpático como Charlie, o un tipo tan cínico como Will. Por no hablar de la capacidad de unión de esa redacción, que va en masa a festejar el cumpleaños de su jefe a su casa o sacrifican un domingo para saber más sobre el Hombre de las Nieves. Porque ahí es cuando Sorkin demuestra que la veracidad no tiene porqué destrozarte una buena historia, si la quieres contar y tienes medios para hacerlo. El tiroteo de Tucson en el que resultó gravemente herida la congresista Giffords y la captura de Bin Laden fueron dos de los hechos informativamente más relevantes de la temporada pasada en Estados Unidos, y el creador no ha querido renunciar a ellos, a pesar de lo desfavorable del calendario.

Sorkin ha intentado aclarar que “el espectáculo está destinado a ser una fantasía desde la que hacer frente a problemas serios…” y que si parece y se siente como real, ¿por qué no va a ser real? Ciñéndome a los argumentos antes expuestos, la respuesta es muy simple: por mucho que a algunos les gustaría estar al pie del cañón en todas las noticias importantes, las redacciones tienen sus equipos, sus programas y sus turnos. Y respecto al hecho de hacer frente a los problemas serios, no se entiende porqué no ha reescrito y ficcionado todas los hechos relevantes, como ya hiciera en The West Wing, desentendiéndose así del pesado, dañino y utilizable, lastre de la veracidad.

Breaking Bad también es creíble, adoro a Walter White y como ha quedado sobradamente demostrado aquí mismo, para mí es la mejor serie que se emite en la actualidad. Pero en ningún momento he llegado a creer que existe alguien como este profesor de química de Albuquerque, que durante un año ha vivido impunemente, una vida más propia de un moderno “Billy el Niño” que del mortal que supone ser. Es posible, claro que sí, como lo son un buen puñado de historias sorprendentes que cada año descubrimos gracias a conversaciones con nuestro vecino, nuestros amigos o en los medios de comunicación, pero son hechos muy puntuales que nuestra conciencia y nuestro conocimiento de la “vida real” califica como poco probables. Así que cuestionar ahora si la escena del tren y los bidones es tramposa, por aquello de lo casual de la posición de los mismos (que para mí no lo es) es ridículo, y más después del final de la cuarta temporada, la escena del aparcamiento y los gemelos, o un buen puñado de hechos delictivos de los que los protagonistas salen indemnes sin apenas despeinarse.

Hace poco más de una semana Vince Gilligan le contó a Conan O´Brien en la TBS que la idea central de Breaking Bad surgió gracias a una noticia del New York Times, que describía la historia de un hombre que fabricaba metanfetaminas en una caravana. Desde ahí, los personajes y las tramas fueron tomando forma en su cabeza, y en las de los siete guionistas. Así que nuestro querido Walter es fruto de la unión de muchas cabezas pensantes, con sus ideas locas, y un traficante con poca fortuna, al que se le añadió una terrible enfermedad y con ello una premisa inicial con la que “justificar” el devenir de los acontecimientos.

La ficción es ficción porque, obviamente, no es real, y si una producción es otra cosa, lo especifica o tiene otro nombre. Para mí son tan creíbles The Newsroom y Breaking Bad como lo pudieron ser, por ejemplo, Friends o The Wire. Porque, desde el cariño, no concibo que seis personas convivan tanto tiempo de una manera tan feliz ni que los policías, ni esos, ni ningunos, sean tan oportunamente brillantes. Pero no por ello me molesto en pensar  en la veracidad de cada uno de los hechos que me cuenta, como cuando veo un documental, o las noticias. Puedo creérmelo o no, pero en ningún caso tengo razones para pensar que es real. Y por lo tanto, no le exijo que, constantemente, se ciña a la pura realidad.