Showtime

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Ay Homeland, Jomelán…


A pesar de que me siento muy intimidada por esa corriente de seres superiores televisivos, que tiende a calificar, o mejor dicho descalificar, a sus iguales porque hay cosas que nos gusten y cosas que no, es decir, la vida misma, en las próximas líneas no voy a cortarme un pelo, y me quedaré bien ancha frente a lo que pienso que ha sido uno de los declives más profundos de la producción de ficción moderna. Por si no ha quedado claro, habrá spoilers, así que eres muy libre de seguir adelante y comprobar hasta donde se puede odiar algo que hace no mucho se quería, o puedes comprobarlo por tí mismo sentándote frente al televisor. O mejor no, no pierdas el tiempo. Quédate donde fuese que te quedases y sé feliz, ignorando que de la gloria al fracaso hay un guionista fallecido, la presión de una historia que bien podría haberse despedido hace una, o dos temporadas, según se mire, y unos recursos de los que de tanto abusar han acabado convirtiéndose en parodia de sí mismos.

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Todo empezó muy intensamente, con Carrie vendida a su suerte, Quinn, que probablemente pase a la historia de la televisión como uno de los personajes más desaprovechados, encabezando una importantísima operación y Saúl sentado frente a una comisión que trata de esclarecer el terrible atentado con el que terminó la segunda temporada, declarando, poco menos, que el terrorista más buscado del país se acostaba con una de las agentes de la CIA y aquello era lo más natural del mundo. Con la mandíbula aún desencajada, pobrecita Carrie, abandonada, tramando quizá abandonar la agencia y quien sabe si el país por el mismo camino que semanas atrás lo hizo su amado, desubrimos al final del CUARTO episodio, tres horas de ficción que debieron ser una comedia para los guionistas, encantados de reírse de los espectadores, que todo era falso. La locura de Carrie, falsa, desacreditarla frente a todo un país, falso, y todo para qué…. Pues para que un señor requeteimportante de Irán que está estafando a los suyos utilizando el nombre de un jugador de la selección de fútbol iraní, oh qué bonito, se acerque a la loca del pelo rubio, que seguramente se sienta abandonada por su país, para que le proporcione información.

Pero es la rubia quien consigue engañar al requeteimportante, que fue amigo de Saúl en otros tiempos, y con unos argumentos y un episodio que hace que te entren ganas de ver Q & A de la segunda, sólo para recordar los buenos tiempos, los serios, aquellos en los que la tensión, la historia y los problemas eran de verdad y no una mierda inventada por un señor que pierde la cabeza al frente de su departamento pero al que no se despide, por alguna razón que no alcanzo a comprender. Y cuando tenemos al requeteimportante, al que sin pestañear devolveremos a su país para cumplir su misión descubrimos que, ¡oh, sorpresa!!! para que este hombre lleve acabo esa misión que mejorará notablemente la política exterior de Estados Unidos y sus complicadas relaciones con Irán necesitamos a alguien que mate al que se encarga de ellas ahora, para así poder colocar a su peón en el lugar necesario…. Ese detalllito de nada, entrar en Irán, y matar a otro requeteimportante iraní…. Cáspita.

¡¡¡No importa!!! Aunque necesitemos seis semanas para recuperar a un hombre desquiciado y de vuelta de todo, lo conseguimos en cuatro días, y sin ninguna duda, y sólo para que su insufrible hija pueda volver a mirarle a la cara, y pueda regresar a un país en el que se le tiene por terrorista… Esperen, un momento…. ¡¡El terrorista!!! ¡¡¡¡El atentado de Langley!!! ¡¡Las 132 personas!!! ¿Me tengo que creer que desenmascaramos a uno de los mayores terroristas de los Estados Unidos y se lo callan? ¿En serio?

Y para llegar hasta aquí hemos tenido que soportar a la insoportable suicida y fugada hija adolescente que desaparece como por arte de magia a mitad de temporada para volver convertida en limpiadora de motel, un asesinato tan sangriento como cualquier capítulo de The Walking Dead, en el que interviene la policía, interroga a un agente de la CIA y , aquí paz y después gloria, una conexión venezolana que queda en nada, una mujer infiel, que ¡oh casualidad!!! se ha traído desde la India a un espía israelí, algo que descubrimos mucho después de que comience a estar presente en la serie, como si su labor de espionaje fuese repentina, un montón de enfados Carrie-Saúl, muy serios, muy trascendentales, muy definitivos, muy nada….

Para cerrar este cúmulo de errores en forma de guión matamos (creo, parece, puede ser, no descarto nada) al único personaje que le aportaba gracia a la temporada, puesto que no es nada nuevo que hasta que apareció él en Venezuela todo fue un coñazo, y hasta que volvieron a por él, porque Saúl que lo sabe todo también sabía donde estaba el mayor paria americano, siguió siéndolo. Y Carrie ahí sigue, a disposición de esa agencia que tanto la quiso y tanto vela por ella que la manda, con su bombo, a la otra punta del mundo, mientras Saúl agarra la puerta y se va, sabiendo que es mejor que todos ellos… Una propuesta: Un spin-off de Saúl y Carrie donde sea que vaya a trabajar el primero, y a la agencia que le den, con bebé espía y padre resurgido por Alá sabe qué truco… Total, ninguna de estas ideas queda lejos de lo que ya hemos visto ¿no?

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La silenciosa grandeza de Shameless US


Resulta curioso comprobar, que hay series de televisión de las que sabemos hasta el número de veces que se repitió una escena, mientras que hay otras que pasan por nuestras parrillas, y nuestras vidas, sin hacer demasiado ruido, sin derramar líneas sobre ellas ni convocar grandes audiencias. Si de las primeras hoy en día los ejemplos son evidentes, Game Of Thrones y Mad Men sin ir más lejos, de las segundas, a estas alturas de la temporada, el caso más evidente es Shameless US, que ha puesto fin a su tercera temporada, con 1,8 millones de espectadores, pocas líneas y escaso ruido. Una pena, teniendo en cuenta los grandes momentos que hemos vivido a lo largo de doce episodios, más sólidos y contundentes, en mi opinión, que en la entrega previa y tan descarados y sorprendentes como nos han acostumbrado.

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Parece que fue ayer cuando volvían a nuestras pantallas, luchando como siempre por mantener el fondo ardilla suficientemente nutrido para después poder sobrevivir al duro invierno. Con Frank desaparecido las cosas en casa Gallagher parecen sucederse sin demasiadas alteraciones, aunque Jimmy trabaja duramente por llevar adelante su doble vida y Fiona, cansada literalmente de tanta mierda, trata de recuperar una oportunidad perdida. Pero no tardamos en ver al cabeza de familia, que aparece a miles de kilómetros de su bar favorito más cercano, indocumentado y tomando medidas extremas para regresar a casa. Y como si fuese un huracán, atrae el desastre y se gana la furia de la única de sus hijas que aún se preocupaba por él, mientras Mickey vuelve a la vida de Ian y Verónica trata de sacar a una intrusa de la suya propia. Mientras el brillante Lip continúa cargando con el peso de sus capacidades y nuestra querida Sheila se desvive por su nieto y trata de cubrir sus apetencias sexuales.

A lo largo de toda la temporada hemos podido ver a todos los personajes lidiando con sus propias luchas, con más o menos suerte, y con un fin común, sobrevivir y mantener a la familia unida. Hemos descendido con Fiona a las cloacas del mundo laboral, situadas en la oficina del jefe del supermercado, y ascendido a los niveles necesarios para alcanzar la satisfacción personal, en forma de repentina sustitución que se esfuerza por convertirse en algo más. Hemos regresado a la tiranía de la adolescencia con Debbie y a la crueldad del amor no correspondido (debidamente) con Ian. Y hemos comprendido que no existen medidas imposibles cuando se desea algo con mucha fuerza, y mucho amor, como Verónica y Kevin, aunque en el caso de Karen, no sirve ya que las medidas más que imposibles fueron intolerables. Shameless Us maneja como nadie ese punto tan favorecedor que otorga la posibilidad de lo imposible, tan lejos de la corrección política como de otras producciones similares pero menos arriesgadas, que nunca se atreverían a ofrecer ciertos enfoques, como el de Sheila y “Retard Nation”, la fugaz vecina pervertida o la exitosa y breve inmersión de Frank en la comunidad gay.

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Esa capacidad para sorprender, que sin querer puede llegar a molestar, está avalada por unas grandes interpretaciones del elenco en general, y sostenida por dos grandes pilares como son, cual Ying Yang, Frank y Fiona. El personaje de William H. Macy termina gravemente enfermo una temporada en la que se convirtió, una vez más, en un ser odioso capaz de destrozar la vida de sus hijos, y tuvo tiempo de resarcirse dando un paso al frente cuando los policías se llevaban a Carl. Por el camino sus acostumbradas barbaridades, su alcoholismo y la ya sabida capacidad para amoldarse a cualquier cama caliente. Por su parte, la joven encarnada por Emmy Rossum ha terminado por confirmar sus cargas familiares, en forma de sentencia judicial, ha avanzado en su carrera profesional y ha intentado mantener una relación con un hombre que sin querer, se conviritió en el socorrido esposo que todo matrimonio consolidado durante varias décadas necesita cuando es la mujer la que trabaja. El problema reside en que las décadas en realidad fueronn meses, y Jimmy no era precisamente ese hombre capaz de asimilar ese rol sin desequilibrarse e intentar encontrar una salida.

Pero en la serie creada por Paul Abbott y desarrollada en Estados Unidos por John Wells, los personajes principales son tan importantes como los secundarios, y una vez más, el abrigo que ofrecen las historias de Verónica y Kevin y de Sheila son un excelente complemento a las aventuras de la familia Gallagher. Una vez más reclamo desde aquí un premio para esa maravillosa actriz que es Joan Cusack y que hace de Shameless US una serie más alocada, más dura y más tierna. Y la pareja encarnada por Shanola Hampton y Steve Howey pasarán definitivamente a mi olimpo de las grandes parejas seriéfilas, esas que sobreviven con amor y simpatía a lo mejor y lo peor de la vida. La despedida ha sido difícil, las alegrías y las penas han ido casi a la par y el último episodio es una sucesión de sonrisas y ceños fruncidos, que dejó pocas dudas, y bastantes cambios, de cara a la próxima temporada. Habrá que esperar unos meses para despejar alguna de las incógnitas, comprobando, por ejemplo, los actores que continúan en el reparto, y a que llegue 2014, para que regrese este grupo tan maravilloso como estrambótico, esta serie tan difícil y tan alocada como imprescindible.

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Quo Vadis, Homeland?


A pesar de que carezco de experiencia en el, ya no tan sano, placer de ganar premios, estoy casi segura de que éste hecho tiene varios inconvenientes. Además de los que Marías compartió en una rueda de prensa hace unos días, probablemente también sea uno de ellos la presión que supone mantener el nivel de tu trabajo, para seguir siendo galardonado, o por lo menos nominado al mismo premio. Si a ello se le suma que has conseguido estar en boca de todos, y que sin ninguna duda fuiste el mejor estreno de 2011, no resulta difícil imaginarse la presión con la que Howard Gordon y Alex Gansa se enfrentaron a la construcción de la segunda temporada de Homeland. Claro que, vistos los cinco primeros episodios, bendita presión.

Para bien o para mal los creadores del drama de Showtime se encuentran en estado de gracia, y la serie goza, en mi opinión, de sus mejores momentos. A pesar de que era difícil retomar la intención central de la trama, a la vista del final de la primera temporada, en un par de episodios hemos regresado a ella sin grandes estridencias. Hecho esto, asistimos a un juego de movimientos rápidos en el que ambos combatientes, Carrie y Brody, tratan de alcanzarse corriendo sobre un mismo camino con destinos opuestos. Ambos comienzan tratando de retomar sus nuevas vidas, ella como profesora, él como congresista, pero el factor sorpresa llega con forma de mujer y la forzada tranquilidad muere por culpa de los movimientos del máximo enemigo, Abu Nazir.

Así que llegamos al tercer episodio, en el que resulta imposible evitar la lagrimita al ver a Carrie frente a la pantalla del ordenador, y el cuarto, en el que todos terminamos con la misma pregunta en la boca, aunque seguro que con diferente entonación: “¿Y ahora qué?”. El quinto no asegura nada, simplemente cambia el entorno en el que se mueven los personajes y replantea las incógnitas entorno a la relación entre Carrie y Brody. Yo que soy incrédula presiento en la primera más maldad que inocencia o locura, mientras que él parece demasiado ocupado, cansado y temeroso como para ver más allá del futuro que le esperaría si la verdad se supiese. Así que ambos juegan en un nuevo nivel, de escenarios desconocidos, en el que el peligro está más cerca.

Con la faceta desequilibrada de Carrie sobre la mesa desde bien temprano, resulta interesante plantearse como se desenvolverá Damian Lewis en ese nuevo lugar, a medio camino entre el soldado que fue y el traidor que regresó, que deberá mantener el tipo frente a la constante amenaza con y contra la que trabaja. Soy de las que aplaude a rabiar los premios que Claire Danes se ha llevado por su brillante interpretación de la agente Mathison, pero discrepa del premio al Mejor Actor que Lewis le birló a Bryan Cranston en la última ceremonia de los Emmy. Así que espero del actor que responda, como los demás, a las expectativas creadas y sea capaz de ofrecer un trabajo a la altura del resto de la producción. Aunque siendo justa, especialmente en el tercero y en el quinto, ya ha demostrado que está en ello.

Por delante, y con la serie ya renovada para una tercera temporada, nos quedan siete episodios tras los que, con un poco de suerte, nos seguiremos haciendo la misma pregunta. Pero en el hipotético caso de que las dudas se tornen en protestas, siempre podremos decir que vimos una serie que mientras pudo, hizo frente con brillantez a la maldición de las segundas temporadas, que comenta Miriam Lagoa en su genial post sobre la serie. Yo que, junto a Breaking Bad, la considero el Mejor Drama de la televisión actual, sólo espero que la venza, para así poder seguir encontrándome con gente que, inesperadamente, está ansiosa por comentar el último episodio de una producción que, con cada capítulo aporta un poco de brillo al incierto panorama seriéfilo actual.

W-ends

Querida Nancy Botwin:


Hace ya un mes que te despediste, desde los escalones del porche, de la audiencia de la serie que te ha convertido en la madre más molona, y deseada, de la televisión moderna. Hace un mes que terminó Weeds, una producción que muchos pensamos que debería haberse acabado hace tiempo, ante el errático y circular divagar que fueron tomando las tramas. Y por ello la despedida ha sido más bien obligada, y la emoción esperable ha quedado ensombrecida por la necesidad de decir adiós. Porque en mi opinión, si nos hubiésemos quedado en la mitad, tampoco habría pasado nada. Pero en estos siete años hemos tenido tiempo de disfrutar de tus abiertas sonrisas, tus refrescos con pajita mordisqueada, tu entrecejo fruncido y tus consejos de madre circunstancial. Entre muchas otras cosas.

En 2005 llegaste a Showtime con una audiencia dispuesta a enamorarse de una serie con un plantemiento muy novedoso: la historia de una madre de familia que repentinamente se queda viuda y se ve obligada a traficar con marihuana para mantener su tren de vida. En ese camino, que acumula más baches de los esperables por culpa de tu forma de ser, te acompañan desde el principio tus dos hijos, Shane y Silas, Andy, tu cuñado, y Doug, un amigo de toda la vida. En las tres primeras temporadas tu campo de acción fue Agrestic (renombrada como Majestic y luego Regrestic) una localidad imaginaria en la que todos aparentan ser familias ejemplares, estando lejos de serlo. Allí la política mostraba sus absurdos recovecos mientras las vecinas falseaban sus envidias tras tramposas sonrisas, los mas jóvenes buscaban su lugar en el incómodo entorno del instituto y los más mayores sorteaban a las mafias con la menos recomendable de las compañías.

El fuego tuvo sus efectos purificadores y en la cuarta temporada, con la intención de reinventarse y abrir nuevos, y peligrosos frentes, la acción se traslada a la idílica Ren Mar, en la costa del Pacifíco cerca de la frontera entre San Diego y Tijuana. Nuevo escenario, nuevos medios, nuevos vecinos, aunque por fortuna el incombustible Doug y la sufrida Celia, acompañada de su “adorada familia” siguen acompañándoles mientras rehacen su vida en negocios de “profunda” importancia. Y es a partir de aquí cuando, para mí, la historia pierde el rumbo, dividiendo su fuerzas en demasiados frentes, iniciando una huída que se extiende durante la quinta y la sexta temporada en la que los acontecmientos menos sopechados se suceden. Los aires del este de las dos siguientes temporadas le sientan bien a la serie, aunque es como la última vez que un enfermo muestra un aspecto decente, tan bonito como desconcertante.

Así que Weeds se ha ido casi por la puerta de atrás, gracias a la absurda necesidad de mantener en antena una de las comedias más exitosas de Showtime o la terrible imposibilidad de poner fin a una historia que comenzó siendo muy novedosa y se volvió repetitiva. Un mal que, tristemente, tarde o temprano, padecen demasiadas series. Pero no me rasgaré las vestiduras, porque también ha habido buenos momentos, y muchos. Y hemos visto crecer a Silas y Shane (y a sus actores), hemos querido a Andy, quizá demasiado, y hemos admirado la fidelidad, habrá quien diga que obligada, de Doug. De tí sólo puedo decir que quien te interpretó nunca será visto con los mismos ojos que antes de hacerlo.

Me despido, por primera vez para siempre, señalando el placer de haberte conocido, reconociendo el hueco que ocupas en mi estantería de series (y en la de gente que conozco a la que recomendé Weeds) y recordando los buenos momentos que viví mientras me sumergía en tus locas aventuras. Ya fuera sola o en compañía. Como tú.