Shameless US

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Lo que me deja el 2013 (televisivamente)


No soy muy amiga de las listas, y menos desde que en un alarde de originalidad todos las hacemos por las mismas fechas, pero me resulta inevitable terminar el año, y hacer balance, también en lo referente al mundo de la seriefilia. No ha sido un año brillante, no es muy probable que pase a la Historia de la televisión, pero afortunadamente ha habido motivos para terminar el 2013 satisfecha por haber disfrutado de grandes momentos televisivos. Así que ahí vamos…

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Póker de estrenos

Para encontrar una buena serie de estreno tuve que esperar que superásemos el ecuador del año, lo cual dice muy poco en favor de los estrenos de la midseason. Afortunadamente en junio y julio llegaron las que para mís son de las series del año, Dates y Orange Is The New Black. Lo sé, no soy nada original en la elección, pero es que resulta difícil resistirse a semejante variedad de personajes, tan concentrados en tan poco espacio y tiempo. En el primer caso, la miniserie inglesa ofrece una completa visión de lo complejas que son las relaciones sentimentales cuando llegas a una edad. Con una brillante Oona Chaplin en el papel principal, encontrar la producción de nueve episodios tan fáciles de ver como un viaje en cercanías,  fue como hallar un oásis en medio de los dos extremos que se suelen encontrar en la ficción televisiva de este tipo, o muy dramática, o fácilmente simple. En el segundo caso, el lugar en el que transcurre buena parte de la acción, la cárcel, resulta ser el mejor ecosistema en el que encontrar especímenes diversos y complejos, que difícilmente podrían converger en otro espacio. Orange Is The New Black es, antetodo, una serie grupal en la que capítulo tras capítulo cada personaje va ganando relevancia, abriéndose hueco con una historia personal tan diferente como interesante y propia. A la espera de lo que pueda pasar en la segunda temporada, para la que todavía queda un rato, es uno de los mejores estrenos del año, algo que debería matar de envidia a las cadenas convencionales, que este año han visto como una empresa que hasta hace muy poco simplemente les compraba sus productos, ahora los hace mejores que ellos.

A ello también ha contribuido la esperada House Of Cards, que ya consiguió colarse en algunas de las candidaturas más interesantes de los últimos Emmy, apenas siete meses después de su estreno. Entre ellas estaba la nominación de Kevin Spacey, gracias a su personaje de Francis Underwood, que beneficiado de la ruptura de la cuarta pared se ha metido en el bolsillo a muchos espectadores que tenían miedo de encontrarse con otro Boss y Robin Wright, a pesar de que en ocasiones cuesta distinguir en su trabajo, cuánto hay de interpretación y cuánto de apatía. Para terminar, otra de las nuevas parejas del año, la de Michael Sheen y Lizzy Caplan, que encarnando a William Masters y Virginia Johnson en la serie de Showtime Masters Of Sex, se han encargado de hacer aún más complicados los lunes de muchos seriéfilos. Pocas veces una serie tan pausada consigue atrapar de la manera en la que lo hace la serie escrita por Michelle Ashford, convirtiendo algo tan atractivo para la audiencia como el sexo, en algo secundario, que no le importa al espectador porque en realidad quiere conocer más sobre los personajes y la historia.

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Repóker de regresos

Si a comienzos de 2013 me hubiesen preguntado por los regresos que me importaban bien poco, los elegidos habrían sido Justified con su cuarta temporada, Mad Men con su sexta y la adaptación estadounidense de Shameless, con su tercera entrega. En ambos casos las temporadas anteriores me había resultado decepcionantes, y no esperaba nada de ninguna, lo cual quizá sea lo más recomendable a la vista de los resultados. Y es que Justified volvió por los derroteros a los que nos acostumbró en la segunda temporada, y la puso a su altura, con su violencia verbal, y física, sus mafiosos locales y sus historias del sur. Por su parte la producción dirigida por Matthew Weiner y emitida por AMC nos sacó de la rutina matrimonial, acercó un poco más a su personaje principal al precipicio e introdujo con inteligencia nuevos secundarios, lo cual para ser una sexta temporada, no es precisamente poco. Para terminar, el regreso de los Gallagher era el que más apatía me producía de todos, ya que sin saber muy bien porqué la segunda la recordaba aburrida y a veces repetitiva. Y sin embargo aquí estaban ellos con nuevos retos que afrontar, gracias al peor padre de la televisión, Frank, y la mejor hermana, Fiona. Para cerrar el grupo, dos que esperaba con ganas y no defraudaron, la tercera temporada de Juego de Tronos y la temporada final de Breaking Bad. La primera nos ofreció momentos inolvidables que nos hacen desear aún más su regreso, y además de ser la más descargada del año también será la más comentada, que es más cool decir que ves la serie de HBO que la ya difunta producción de la AMC. De Breaking Bad poco se puede escribir ya que no haya sido escrito, y este año los amantes de la creación de Vince Gilligan nos hemos quedado un poco huérfanos.

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Repóker de descubrimientos

Ahora llega el momento de reconocer sin sonrojo todo aquello que no había visto y que ha sido un maravilloso descubrimiento que recomendar a la mínima ocasión. Así que confieso que hasta que llegó mayo yo no había visto ni un sólo capítulo de otra de las grandes pérdidas del año, 30 Rock. Y fue comenzar y no parar, con noches en las que es imposible evitar ver cuatro o cinco capítulos sin importar la hora que sea. Es la serie de los fans de la televisión. Simplemente. También confieso que no había visto Party Down y tras ese aluvión de especulaciones sobre posibles regresos de series, ya fuese en la tele o en el cine, gracias al ejemplo de Veronica Mars no pude resistirme a acercarme a una serie que giraba en torno a una empresa de catering. Yo he vivido eso y no da para una buena serie, creedme. Pero la comedia de dos temporadas que se estrenó en 2009, es una divertida producción que también presume de una gran variedad de personajes, pero a los que siempre se ocupa de mostrar en situaciones que rozan el ridículo, lo cual resulta tan gracioso como, en ocasiones, incómodo.

Otra de mis comedias-descubrimiento del año llegó cuando, al finalizar 30 Rock tuve que encontrar con qué llenar mis noches. Y a pesar de que tenía bastantes, y equivocados, prejuicios sobre ella, probé Raising Hope. Qué maravilla descubrir a los Chance y su alocada existencia, una versión sana de los Gallagher, sin extremos dramáticos y con inolvidables momentos de humor y guiños televisivos. A pesar de que en su regreso no muestra la brillantez de la tercera temporada, e incorporado una nueva familia a la lista y eso siempre es de agradecer. Para terminar, un drama al que llegué tan tarde como casi todos a la vista de vuestras listas, Bron/Broen. Con la segunda temporada recién emitida, y pendiente, es evidente que para mí es el descubrimiento dramático del año, por muy agotador que resulte el sueco/danés. La versión estadounidense, The Bridge por muy interesante que resulte no se acerca a su perfección, como tampoco lo hace Diane Kruger al papel de policía con problemas sociales, aunque hay que reconocer que el listón puesto por Sofía Helin estaba muy alto. En el apartado placeres culpables recién descubiertos se alza como ganadora, sin duda, Scandal, que da tantos motivos para el sonrojo como para el enganche.

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Y las cartas sobre la mesa

Orphan Black puede que no esté en la lista porque no la he visto, Ray Donovan no me gustó y The Americans terminó aburriéndome. Dejé Downton Abbey en la tercera temporada y The Following y Under The Dome son para mí las series más sobrevaloradas del año. Sigo sin comprender por qué amáis tanto The Good Wife. Y por muy variadas razones de vez en cuando veo Boston Legal, Parenthood y Silk y es bastante probable que a esa lista se una pronto Borgen. Pero permanecerán en el limbo de las series sin poder entrar en un resumen como este, porque este año ya termina.

Feliz y seriéfilo 2014.

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La silenciosa grandeza de Shameless US


Resulta curioso comprobar, que hay series de televisión de las que sabemos hasta el número de veces que se repitió una escena, mientras que hay otras que pasan por nuestras parrillas, y nuestras vidas, sin hacer demasiado ruido, sin derramar líneas sobre ellas ni convocar grandes audiencias. Si de las primeras hoy en día los ejemplos son evidentes, Game Of Thrones y Mad Men sin ir más lejos, de las segundas, a estas alturas de la temporada, el caso más evidente es Shameless US, que ha puesto fin a su tercera temporada, con 1,8 millones de espectadores, pocas líneas y escaso ruido. Una pena, teniendo en cuenta los grandes momentos que hemos vivido a lo largo de doce episodios, más sólidos y contundentes, en mi opinión, que en la entrega previa y tan descarados y sorprendentes como nos han acostumbrado.

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Parece que fue ayer cuando volvían a nuestras pantallas, luchando como siempre por mantener el fondo ardilla suficientemente nutrido para después poder sobrevivir al duro invierno. Con Frank desaparecido las cosas en casa Gallagher parecen sucederse sin demasiadas alteraciones, aunque Jimmy trabaja duramente por llevar adelante su doble vida y Fiona, cansada literalmente de tanta mierda, trata de recuperar una oportunidad perdida. Pero no tardamos en ver al cabeza de familia, que aparece a miles de kilómetros de su bar favorito más cercano, indocumentado y tomando medidas extremas para regresar a casa. Y como si fuese un huracán, atrae el desastre y se gana la furia de la única de sus hijas que aún se preocupaba por él, mientras Mickey vuelve a la vida de Ian y Verónica trata de sacar a una intrusa de la suya propia. Mientras el brillante Lip continúa cargando con el peso de sus capacidades y nuestra querida Sheila se desvive por su nieto y trata de cubrir sus apetencias sexuales.

A lo largo de toda la temporada hemos podido ver a todos los personajes lidiando con sus propias luchas, con más o menos suerte, y con un fin común, sobrevivir y mantener a la familia unida. Hemos descendido con Fiona a las cloacas del mundo laboral, situadas en la oficina del jefe del supermercado, y ascendido a los niveles necesarios para alcanzar la satisfacción personal, en forma de repentina sustitución que se esfuerza por convertirse en algo más. Hemos regresado a la tiranía de la adolescencia con Debbie y a la crueldad del amor no correspondido (debidamente) con Ian. Y hemos comprendido que no existen medidas imposibles cuando se desea algo con mucha fuerza, y mucho amor, como Verónica y Kevin, aunque en el caso de Karen, no sirve ya que las medidas más que imposibles fueron intolerables. Shameless Us maneja como nadie ese punto tan favorecedor que otorga la posibilidad de lo imposible, tan lejos de la corrección política como de otras producciones similares pero menos arriesgadas, que nunca se atreverían a ofrecer ciertos enfoques, como el de Sheila y “Retard Nation”, la fugaz vecina pervertida o la exitosa y breve inmersión de Frank en la comunidad gay.

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Esa capacidad para sorprender, que sin querer puede llegar a molestar, está avalada por unas grandes interpretaciones del elenco en general, y sostenida por dos grandes pilares como son, cual Ying Yang, Frank y Fiona. El personaje de William H. Macy termina gravemente enfermo una temporada en la que se convirtió, una vez más, en un ser odioso capaz de destrozar la vida de sus hijos, y tuvo tiempo de resarcirse dando un paso al frente cuando los policías se llevaban a Carl. Por el camino sus acostumbradas barbaridades, su alcoholismo y la ya sabida capacidad para amoldarse a cualquier cama caliente. Por su parte, la joven encarnada por Emmy Rossum ha terminado por confirmar sus cargas familiares, en forma de sentencia judicial, ha avanzado en su carrera profesional y ha intentado mantener una relación con un hombre que sin querer, se conviritió en el socorrido esposo que todo matrimonio consolidado durante varias décadas necesita cuando es la mujer la que trabaja. El problema reside en que las décadas en realidad fueronn meses, y Jimmy no era precisamente ese hombre capaz de asimilar ese rol sin desequilibrarse e intentar encontrar una salida.

Pero en la serie creada por Paul Abbott y desarrollada en Estados Unidos por John Wells, los personajes principales son tan importantes como los secundarios, y una vez más, el abrigo que ofrecen las historias de Verónica y Kevin y de Sheila son un excelente complemento a las aventuras de la familia Gallagher. Una vez más reclamo desde aquí un premio para esa maravillosa actriz que es Joan Cusack y que hace de Shameless US una serie más alocada, más dura y más tierna. Y la pareja encarnada por Shanola Hampton y Steve Howey pasarán definitivamente a mi olimpo de las grandes parejas seriéfilas, esas que sobreviven con amor y simpatía a lo mejor y lo peor de la vida. La despedida ha sido difícil, las alegrías y las penas han ido casi a la par y el último episodio es una sucesión de sonrisas y ceños fruncidos, que dejó pocas dudas, y bastantes cambios, de cara a la próxima temporada. Habrá que esperar unos meses para despejar alguna de las incógnitas, comprobando, por ejemplo, los actores que continúan en el reparto, y a que llegue 2014, para que regrese este grupo tan maravilloso como estrambótico, esta serie tan difícil y tan alocada como imprescindible.

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Chicago y las series


La ciudad del Viento es la tercera con mayor número de habitantes en los Estados Unidos, por detrás de Nueva York y Los Ángeles, y para la industria televisiva también parece ser una de las localizaciones más apetecibles por detrás de la ciudad de los rascacielos y la meca del cine. Situada en la orilla suroeste del Lago Michigan, la ciudad de Al Capone y Eliot Ness acogió los exteriores de la mítica Hill Street Blues, y entre sus habitantes contó con los Winslow de Family Matters, los Bundy de Married with Children o Balki Bartokomous y el primo Larry de Perfect Strangers. A la tramposa The Good Wife, que en realidad se rueda en Nueva York, ER o más actualmente The Chicago Code se unen otras series con localizaciones interesantes que quiero comentar.

1.- Boss, Starz (2011-2012)

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La serie que más nos ha permitido disfrutar de la ciudad que vio nacer a las televisivas Shonda Rhimes y Tina Fey, y a mi querido Zachary Gildford, es el último trabajo de Kelsey Grammer, Boss. La serie creada por Farhad Safinia ofrece en su opening, como en toda la serie, maravillosas fotografías de Chicago, entre las que podemos encontrar el Cloud Gate situado en el Millenium Park, la fuente Buckingham del Grant Park o la preciosa estatuta de los niños jugando (Children Playing Statue) emplazada en el parque del Navy Pier del barrio de Streeterville. Otras de las vecindades que acogieron la grabación de  la serie de Starz fueron Lincoln Park, Englewood, Pullman, West Town, Chinatown y Austin. Podemos encontrar los escenarios donde Tom Kane llevaba a cabo sus fechorías en el restaurante Shaw’s Crab House, los exteriores en el Lower Wacker Drive, la fachada del Spertus Institute y por su puesto, las estancias del Ayuntamiento, aunque el despacho del alcalde fue recreado en los Cinespace Film Studios. Resulta imprescindible recorrer el río que da nombre a la ciudad ya sea a pie o en barco, para poder encontrar diversos planos que nos resultaran conocidos, y entre otras cosas nos recordaran a los encuentros entre Kane y su doctora. Y si nuestro interés va más allá de los meramente turístico, y tenemos ganas de recorrer las calles que más problemas le dieron a Kane en la segunda temporada, en las Cabrini Row Houses del norte de la Avenida Chicago encontraremos las casas que Trey Rogers trataba de manejar.

2.- Shameless US, Showtime (2011-…)

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Un punto de vista muy diferente de la ciudad de Chicago nos lo ofrecen los Gallagher, que dicho sea de paso han vuelto con fuerza en su tercera temporada. Fiona, Lip, Ian, Frank y demás parentela no se mueven por los mismos barrios que las altas esferas políticas, más bien son escasas las escenas que se desarrollan en la ciudad de los Bulls. Aunque los interiores, así como las escenas de la discoteca en la que se conocieron Fiona y Steve o de la tienda en la que trabaja Ian, se ruedan en Los Ángeles, las casas que acogen a esta familia tan particular están ubicadas en el suroeste de la ciudad. Cerca del parque Douglas se encuentra el 2119 de S Homan Avenue, y la casita en la que viven los Gallagher, y en el 2113 viven los ineseparables, aunque lo intenten, Kev y V. Para encontrar a nuestra querida Sheila deberemos caminar dos calles hacia el este, y tras atravesar la W 21st Street y, como no, las vías elevadas del tren, llegaremos a la casa de esta buena mujer tan familiar como desequilibrada. La cercana W Ogden Avenue también ha acogido algunas de las escenas de Shameless Us.

3.- Chicago Fire, NBC (2012-…)

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La serie creada por Derek Haas y Michael Brandt centrada en el día a día de una estación de bomberos de Chicago transcurre, sin trampa, en la ciudad, y utiliza frecuentemente sus calles y sus instalaciones para rodar sus escenas. Uno de los escenarios que más vemos en esta producción de la NBC es precisamente la estación de bomberos, situada entre la 13th Street y la avenida Blue Island, cerca del barrio universitario. Pero como buenos bomberos que son recorren prácticamente todo Chicago para socorrer a sus ciudadanos, y son frecuentes las grabaciones en los barrios de Near West Side, Bucktown o Near North. Para terminar, dos curiosidades: algunas escenas de los capítulos finales de la primera temporada fueron grabadas al este del parque Douglas, mientras que los Gallagher viven al oeste. Y para aquellos fans de las rutas hosteleras, los bomberos han acudido en alguna que otra ocasion al Lottie’s Pub, situado en el 1925 de Cortland Street.

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La Navidad podría ser peor


El primer asalto de las fiestas navideñas ha terminado y quién más y quién menos ha conseguido sobrevivir a los encuentros forzados, las mesas repletas de comida y los brindis a destiempo. En éstos días tan familiares, en las que todos nos reencontramos con “gente” que hace meses que afortunadamente no vemos, es difícil no preguntarse si estas fechas en las que el calendario obliga no podría habernos tocado en suerte otro cuñado, otro tío, otra parentela. A falta de respuesta me he lanzado a la ficción, y he buscado entre los muchos personajes que las series nos regalan algún tipo de consuelo. Y lo hay. Porque siempre podemos encontrar seres de todo tipo y condición con los que compartir una noche adornada por espumillones y árboles de navideños, y animada por legendarios villancicos, sería más infernal de lo que cualquier humano pudiese soportar. Juzguen ustedes mismos.

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El padre sin escrúpulos: Tom Kane

El personaje interpretado por Kelsey Grammer en Boss no es plato de buen gusto aunque no sea parte de tu familia, ya que casi sin despeinarse consigue humillar y destrozar psicológicamente a cualquiera que se encuentre a su lado. Si a esto le añadimos la calidad de su labor política y la rapidez con la que demostró ser capaz de llevarse por delante su propia sangre para salvarse a sí mismo, ciertamente tenemos un ser al que sería éticamente difícil de soportar en la misma mesa, por mucho que los manjares sean inigualables.

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La traidora madre veleta: Moira Queen

Estirada como ella sola, la madre del héroe televisivo del momento no es para mí la invitada más deseada del momento. Aunque todavía queda mucho por descubrir el personaje interpretado por Susanna Thompson en Arrow ya ha presentado sus credenciales a bruja del año, y aunque me falta experiencia en el género (no veo Revenge) sus artes para traicionar a todo aquel que se interponga en su camino son de sobra conocidas. Pero Queen no llega al nivel de Kane porque, aunque sean escasas, aún le queda ese instinto maternal que de vez en cuando saca a pasear y le lleva a compartir una hamburguesa con sus retoños.

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Hermanos, Hijos y demás infantes: Carl Gallagher, Shane Botwin y Violet Harmon

Ethan Cutkosky, Alexander Gould y Taissa Farmiga encarnan (o han encarnado) en la pequeña pantalla a jóvenes que sin ser odiosos, resultan molestos, y poco indicados para una Noche de Paz, que diría el villancico. Shameless, Weeds y American Horror Story han tenido el honor de contar, respectivamente, con el hermano violento e irracional de muchas familias, el respondón sabihondo, que aprovecha la mínima oportunidad para expresar sus reproches, y la adolescente atormentada e incomprendida a la que uno no sabe si abofetear o poner una camisa de fuerzas. Estos tres particulares seres han sido elegidos al azar, pero bien podríamos quedarnos con el (innecesario) hijo del Sargento Brody, las niñas bien del Conde de Grantham o cualquiera de los vástagos de los protagonistas de Mad Men para apreciar a la joven de pavo incontrolado del otro lado de la mesa.

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Tíos y tías, las increíbles ramas del árbol genealógico: Jerry Gergich y Joe McCoy

Las posibilidades en esta forma de parentesco son tan variadas como la naturaleza haya querido permitir, y nosotros poco podemos decir sobre aquello que ya estaba unido cuando llegamos a la tierra o sobre el hombre que hizo que tu tía “la solterona” dejase de serlo. Porque Jerry Gergich, por ejemplo, podría ser uno de ellos. Este hombre en el que se confunde la simpleza y la bondad lo encontramos en Parks & Recreation en la piel de Jim O´Heir, casado con una mujer de las que nadie “logra explicarse” cómo ha podido ser. El perfil de tío odioso por contagio es para el padre al que D.W Moffet interpretaba en Friday Night Lights, que se encargaba de hacer la vida imposible a J.D, una figura asfixiante que sólo se dirige a sus hijos para exigir y a los demás para presumir de sus exigencias.

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Carmela Soprano y Marie Schrader

La tía que cocina bien, como no podría ser de otra forma, la ponen Los Soprano. Ahí estaba Eddie Falco dando vida a una mujer sufrida, y menuda, que cocina como los ángeles y te recibe con complicidad, pero es muy probable que tras una charla con tu madre te despida con exigencias y “sabios” consejos. Y como siempre hay alguien a quién criticar cuando sale de la cocina, he elegido a la cleptómana tía Marie de Breaking Bad, Betsy Brandt, como la diana de hermanas y cuñadas que tratan de erigirse en seres ejemplarizantes entre canapé y canapé.

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El núcleo de la familia política, los suegros: Lamar Wyatt y Cersei Lannister

Powers Boothe encarnando al padre de Connie Britton en Nashville y Lena Headey como cerebro instigador de las maldades de la casa del león rampante son, para mí, la viva encarnación de la familia política a evitar. Maestros de la manipulación tanto dentro como fuera de su propio hogar, ambos demuestran estar necesitados de escrúpulos, corazón y alma, y sobrados de ambición e ínfulas de poder. Con estos moldes resulta difícil no sonreír ante las collejas, verbales o físicas, de la pareja que trajo al mundo a la persona con la que compartiremos el resto de nuestras vidas.

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Los cuñados y sus peculiaridades: Ari Gold, Lisa Kimmel Fisher y Ellis Boyd

Últimamente me parece que esta parte de la familia sustituye a las suegras en el escalafón de famliares odiables en estas fechas. Las parejas de tus hermanos, los hermanos de tu pareja y sus contrarios son especies muy particulares con las que siempre acabamos pregúntandonos por qué son los elegidos. Por ello me he dejado llevar por los extremos y he escogido tres papeles muy diferentes pero igualemente irritantes. Por un lado está el cafre Ari Gold que Jeremy Piven bordó en Entourage, por otro la intensa y cansina esposa de Nate Fisher en Six Feet Under, interpretada porLili Taylor, y para terminar el insoportable lameculos chivato Ellis Boyd al que dio vida, o algo así, Jaime Cepero en Smash. A ver si nos quejamos ahora.

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Los abuelos: Jackie Florrick y Hershel Greene

A pesar de que Mary Beth Peil,  ejerce con fuerza en The Good Wife de molesta suegra, me quedo con la figura de abuela que Zach y Grace sufren y  Dawsons Creek le otorgó. Esa figura cotilla, que siempre está dispuesta a criticar tus amistades o tus opiniones, que se atreve a comentárselo a tus padres mientras se comporta como una chiquilla sin ni siquiera saberlo. Para el papel de “abuelo batallas” he elegido el personaje de Scott Wilson en The Walking Dead, (en su estado actual), que sin ser odioso resulta cansino, y más aún si tenemos en cuenta a todos los anteriores.

Si tenéis algún personaje más que creáis que deban estar entre aquellos que a la fuerza harían de nuestra Navidad algo peor, os invito a  dejarlos en los comentarios y compartir con los demás esos seres que nos deberían aliviar el próximo lunes, en el segundo asalto navideño.