Mad Men

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Felinos en serie


Todo aquel que me siga en Twitter, o en Instagram, o me conozca, sabe de mi amor por los felinos y muy especialmente por el ejemplar con el que comparto casa, cama, mesa y comida, mi querida Claire. Pero mi simpatía por este animal doméstico que siempre vivirá señalado por la simpatía que despiertan sus afables primos los perros, no se queda en el propio, sino que se extiende por la especie en general y si de mi economía y mis posibilidades se tratase me convertiría en lo que vulgarmente se conoce como “la loca de los gatos”. Ante los imposibilidad de serlo, traslado mi interés a casi todos los ámbitos de la vida, de Youtube y de la red, y por supuesto, cada vez que un gato aparece en una serie despierta en mí la misma simpatía que si encontrase una buena referencia o una localización interesante. Tras la estelar aparición de un felino en la prestigiosa Game Of Thrones, creo que la comunidad gatuna se merece un repaso de sus últimas apariciones televisivas.

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Ser Pounce/Ser Garras. Game Of Thrones. S04E04.

A pesar de que se trató de una aparición fugaz, que contribuyó a reducir ligeramente el calor de la escena, parece que en lo que resta de temporada no volveremos a ver a este ejemplar de Bosque de Noruega, al que Joffrey, según cuenta el bueno de Tommen, no tenía mucho cariño. El bonito minino es uno de los tres gatos que Margaery Tyrell le regaló a Tommen, junto a Lady Whiskers y Boots, y en los libros de George R.R. Martin aparecen en un par de ocasiones más.

- Tiempo en pantalla: Treinta segundos, pero la oscuridad de la escena no permite disfrutar de su pelaje, ni de sus gráciles movimientos.

- Líneas de diálogo: Un “Meow” y un par de ronroneos.

- Amorosidad felina: Elevada, no por sus gestos o por sus acciones sino por el sufrimiento que podría haber padecido el animal de haber sido presa del despiadado rey.

- Nivel de pelusidad del episodio: Baja. La brevedad de la aparición no da para más.

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Kitty/Jinxy/Nancy. 2 Broke Girls. S03E03 y siguientes.

A pesar de las reticencias de Caroline, que dice tener bastante con el caballo Chesnut, y de Sophie, que cuenta una historia de las suyas en Polonia, donde según ella creen que los gatos son personas que han muerto al aire libre y se han reencarnado en felinos, Max consigue su propósito una vez más y le suplica a su compañera de apartamento que le deje quedárselo cuando ya ha salido fuera a buscarlo. El capítulo se titula “And The Kitty Kitty Spank Spank” y en él las chicas tratan de buscar un dueño para la gata entre sus conocidos, y desconocidos. El bueno de Earl dice que no porque “los gatos roban la marihuana”, Oleg por su parte cuando habla de “Cats” sólo tiene como referencia el musical y Han se niega porque “son perezosos, malhumorados y críticos”. Finalmente encuentran una clienta del restaurante que se la quiere quedar, una de esas “locas de los gatos” tal y como vemos después, cuando Max y Caroline se ven rodeadas por más de una treintena de felinos, algo que hace que las chicas opten por llevarse el animal. A pesar de que intentan regalarla, finalmente se quedan con ella y a lo largo de la temporada se le puede ver en varios episodios.

-Tiempo en pantalla. Varios minutos, en los que este ejemplar anaranjado de gato común demuestra gran soltura ante las cámaras, restregándose con las piernas de Max o permaneciendo formal encima de Chesnut.

- Líneas de diálogo. Múltiples “Meows” que gracias a su capacidad para imitar los sonidos humanos se convierten en “Hellos” que se repiten a lo largo del episodio.

- Amorosidad felina: Elevada. Es una animal dócil y manejable que asoma la cabeza o utiliza sus encantos gatunos en cuanto la cámara le enfoca.

- Nivel de pelusidad del episodio: Muy elevado, si el felino no está ante la cámara, es muy probable que estén hablando de él.

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Dr. Muffin y otros. Raising Hope. S03E03.

Al comienzo de la tercera temporada los Chance tienen que luchar contra los servicios sociales, que quieren llevar a Maw-Maw a una residencia. Temporalmente lo consiguen, para tristeza de Virginia y compañía, y en el tercer episodio podemos ver como en la residencia realizan terapia con animales y los bichos elegidos son los gatos. Joan, la asistente social que aleja a Maw-Maw de los suyos, ya da muestras de su peculiaridad en el capítulo anterior, pero se confirma cuando se rodea de felinos y sosteniendo al (de nuevo) anaranjando ejemplar y dice “Y mi madre decía que nunca acabaría con un doctor”. Pero la felinidad del episodio se eleva cuando Maw-Maw se atrinchera en la sala de terapia animal, donde amenaza con cometer un gaticidio.

- Tiempo en pantalla: Entre todos los ejemplares, unos diez, ocupan buena parte de la escena más importante del episodio, cuando los Chance tratan de recuperar a Maw-Maw que trata de preservar su territorio como un felino más.

- Líneas de diálogo: Poco más que unos cuantos “meows” que únicamente varían en tono y duración, pero que poco aportan.

- Amorosidad felina: Alta, ya que hay una gran variedad de ejemplares disfrutando de sus elegantes y sofisticados rascadores.

- Nivel de pelusidad del episodio: Elevado, por la “loca de los gatos” que es la asistente social, y por la cantidad de ejemplares por fotograma que encontramos en algunos momentos del capítulo.

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Nombre desconocido. Mad Men.S06E11.

El devenir de la vida sentimental de Peggy al final de la sexta temporada, cuando tiene a un hombre que no quiere y quiere a uno que no tiene, lleva a la creativa publicitaria a convertir a un gato anaranjado en su compañero de piso, con la única intención de que se ocupe de los malditos roedores que le hacen la vida imposible cuando se encuentra sóla en casa. Al animal, del que no hemos sabido nada en la séptima temporada, únicamente lo vemos sentado en el sofá junto a Peggy, mirándose el uno al otro, como si ninguno de ellos supiera muy bien qué hace allí.

- Tiempo en pantalla: Algo menos de un minuto, en el que le vemos buscar acomodo en el sofá estampado de su nueva dueña, que le mira preguntándose si el pobre animal es a toda la compañía a la que puede aspirar en su vida.

- Líneas de diálogo: Ninguna, pero el minino sí que da que hablar a la audiencia, ya que para muchos es la evidencia que faltaba para certificar que Peggy será siempre una solterona.

- Amorosidad felina: Alta, porque produce ternura verlo ahí, sentado junto a Peggy, lamiéndose su pata y buscando acomodo.

- Nivel de Pelusidad del episodio: Escaso pero duradero, por lo que supone en la vida de su dueña.

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Nombre desconocido. Louie. S01E06.

La aparición felina en la loca vida de Louie se remonta a la primera temporada, cuando en el sexto episodio trató de explotar su vena interpretativa, o metainterpretativa, haciendo de policía en una película. En un descanso del rodaje, el humorista se dirige a una tienda cercana, donde se encuentra el parlanchín felino blanco, con el que realiza un interesante intercambio comunicativo propio de quienes pueden entenderse. Tras el intercambio de maullidos Louie se aleja, como si estuviese decepcionado con el resultado de su “charla.”

- Tiempo en pantalla: Unos treinta segundos, compartiendo escena con uno de los mejores humoristas del momento.

- Líneas de diálogo: Varios “Meows” consecutivos y repetitivos con los que trata de dar la répicla a los falsos maullidos de Louie.

- Amorosidad felina: Alta, no por el ambiente ni lo breve de la escena, sino por lo entrañable que resulta ver a alguien tratando de comunicarse con un animal.

- Nivel de Pelusidad del episodio: Escaso, pero resulta interesante saber que Louie no desprecia completamente la especie y que incluso se cree capaz de dialogar con ellos.

 

 

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Con lo grande que es la tele….


Puesto que ya he reconocido aquí mismo que dentro de mi hay un pequeño IMDb, que me obliga a molestar a todo el que vea algo conmigo con comentarios tan relevantes como “Ese salía en no sé donde” o “aquel hace de malo en tal serie” no tengo que justificar excesivamente las próximas líneas, que si bien no son del todo necesarias para nuestras vidas, seguro que las enriquece… Y es que últimamente tres intérpretes se vieron en la poco habitual situación de encontrarse en dos canales diferentes, con dos series diferentes, en un horario casi simultáneo. Y a mí eso ya me parece suficiente para hacer un post.

Como en cualquier otra profesión tiene que ser apasionante llegar a casa, o llamar a tu madre, para decirle que has conseguido un papel en una serie reconocida, o que vas a participar en un nuevo e interesante proyecto de una cadena de postín. Sin embargo, tiene que ser mucho más excitante poder hacerlo por partida doble y que tu interlocutor, que apoya tu carrera sobre todas las cosas, tenga que despejar su agenda por culpa de tu aparición múltiple televisiva en una misma noche. Aunque ésta última opción es mucho menos frecuente de lo que a los actores les gustaría ( y por otra parte los espectadores dan gracias, porque no veas tú qué raro todo) en las tres últimas semanas se han dado otras tantas coincidencias, que cuanto menos, resultan curiosas.

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20 de abril. Zach Woods a las 21h. en The Good Wife y a las 22h. en Silicon Valley.

Al joven nacido en Virginia y que aún no ha alcanzado la treintena, le hemos podido ver ya en series como The Office, Veep y Arrested Development, y en esta temporada 2013-2014 participa en dos series en las que interpreta sendos papeles muy similares entre sí. En el mes de octubre hizo su primera aparición como trabajador de la Agencia de Seguridad Nacional en The Good Wife, un rol en el que le volvimos a ver hace tres semanas, cuando Jeff Delinger, el personaje que interpreta, acudió al bufete Florrick Agos para que le ayudasen con su situación en la Agencia. Esa misma noche, una hora después, los espectadores de la HBO pudieron verle en la nueva comedia de la cadena, Silicon Valley, en la que tiene una participación más regular interpretando a Jared, que pacientemente trata de ayudar a Richard y sus compañeros en la creación de su empresa tecnológica. No contento con esto, tal y como me apunta Luis A., @luisan_ogades, Zach volvió a hacer de las suyas el 4 de mayo, apareciendo a las 22h. en Silicon Valley y media hora después, y en la misma cadena, en la comedia de Julia Louis-Dreyfus, Veep.

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28 de abril. Ben Feldman a las 22h. en Mad Men y en Silicon Valley.

Presente en la serie de la AMC desde 2012, este joven de Washington intepreta a Michael Ginsberg, uno de los “copy” de la agencia Sterling Cooper Draper Pryce y ha participado en casi una treintena de episodios. A pesar de que en su primera temporada, la quinta de la serie, su rol tenía más protagonismo e incluso fue nominado a un Emmy al Mejor Actor Invitado, en la actualidad sus apariciones son más esporádicas y puntuales. Sin embargo hace un par de semanas, el intérprete que también tiene tiempo para ser propietario de un viñedo, apareció en el tercer episodio de la séptima temporada de Mad Men, mientras participaba, con un papel episódico, en Silicon Valley, interpretando a Ron LaFlamme, el excéntrico abogado al que tiene que acudir Richard para pulir los detalles de su acuerdo empresarial con Peter Gregory.

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5 de mayo. Ivonne Strahovski a las 20h. en 24: Live Another Day y a las 22:30h. en Louie.

Cosas de la tele, ésta guapa australiana y yo no nos habíamos encontrado en la pequeña pantalla hasta ayer, cuando por la mañana, gracias a Movistar Tv, tuve el placer de conocerla en la nueva y esperada temporada de 24 y después me la encontré en el segundo episodio de la cuarta entrega de Louie. Y no será porque no ha tenido papeles relevantes en su corta pero intensa carrera, como el de la Agente Especial de la CIA Sarah Walker en Chuck, o el de Hannah McKay en la séptima y la octava temporada de Dexter. Si bien su papel en la serie de Louis C.K era episódico, interpretando a la atrevida modelo Blake, podremos seguir viéndola en la serie protagonizada por Kiefer Sutherland, en la que trabaja dando vida a la brillante agente de la CIA Kate Morgan y, según lo que hemos podido ver, convirtiéndose en una de las peores pesadillas de Jack Bauer.

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13 de julio. Ann Dowd a las 22h. en Masters Of Sexy y a la misma hora en The Leftovers.

Ésta veterana actriz de 58 años que 2012 estuvo nominada por casi todas las asociaciones de críticos estadounidenses, gracias a su trabajo en Compilance, ofreció el pasado domingo dos caras bien distintas, gracias a su trabajo como madre de William Masters en Masters Of Sex y su intepretación de Patti Levin, una de las mujeres de blanco de The Leftovers. Y parece que el doblete se repetirá durante los próximos dos meses, ya que ambas series son dos de las grandes apuestas veraniegas de sus respectivas cadenas, Showtime y HBO. No me resisto a comentar que desde el final de la primera temporada de Masters Of Sex, y éste reciente doblete televisivo, a la actriz de Massachusetts pudimos verla en True Detective como Betty Childress. Sí, la pobre mujer del último capítulo, que vive en ese infierno oscuro junto al enfremo de su hermano. Esa. Vaya racha.

Aportaciones: Me dice Lorenzo Mejino @lmejino que mi querido Michiel Huisman hace doblete gracias a dos de sus nuevos trabajos, Daario Naharis en Game Of Thrones y Cal Morrison en Orphan Black. Eso sí, el intérprete holandés lo hace a lo grande y se reparte entre el sábado y el domingo, para hacer mucho más agradable el fin de semana de sus muchas fans. Por su parte Julio Lorente, @Sopranismo_ilus señala mi también querida Elisabeth Moss ya hizo doblete (y durante dos fines de semana seguidos) el año pasado, cuando el comienzo de la sexta temporada de Mad Men y el final de la miniserie Top Of The Lake, se encontraron en el mes de abril.

 

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Mad Men antes del último adiós


Parece que fue ayer cuando regresó Don Draper a nuestras vidas, con su moreno hawaiano y su sesuda lectura. Y ya se ha ido, y encima lo ha hecho sabiendo que cuando vuelva será por última vez. Pero cómo nos queda mucho tiempo por delante para llorar la futura pérdida, prefiero centrarme en la gran temporada que hemos despedido, y que me deja mucho más satisfecha que el año pasado. No sé si será por el paso final, el anunciado descenso a los infiernos, los extremos sentimentales en los que nos ha situado Don Draper o la cantidad de alcohol que él mismo ha consumido.

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Porque sin miedo a equivocarnos podríamos decir que Don se ha pasado trece capítulos borracho, o de resaca, incapaz de eliminar de su rostro sus ojeras y su gesto desencantado. Entre copa y copa ha tenido tiempo de aterrorizarnos con su machismo, molestarnos con su cinismo o sorprendernos con sus decisiones. La inesperada fusión que a mitad de temporada nos colocó a Peggy de nuevo en su antiguo lugar de trabajo, a Ted Chaough frente a Don Draper y al enigmático Jim Cutler (¿Harry Hamlin no envejece?) haciendo de voz de la conciencia, de mosca cojonera o de ambos, nos regaló un escenario inesperado por el que probablemente nadie apostaba. Aunque la relación de Don con Ted estaba más cerca de ser un matrimonio de jubilados cansados de sí mismos que unos compañeros de trabajo, la fusión ha resultado ser un elemento vital para llevarnos a ese final, y también nos ha servido para disfrutar de grandes momentos.

En su faceta personal la temporada no ha sido mucho más relajada. El romance con su vecina le ha devuelto a las andadas conquistadoras, aunque en esta ocasión su hipocresía ha alcanzado límites insospechados. Porque hay que tener la cara dura para tomarse como se tomó los problemas de Megan y las escenas de sexo, cuando el venía de serle infiel. De cómo se comportó con su amanete y vecina Sylvia Rosen en la habitación del hotel, tentando los niveles del aguante  humano, ya no queda mucho por decir. Lo que sorprende es que ella, en la conversación del undécimo capítulo es que asuma las culpas, y se refugie en un ridículo “No quería que te enamorarás” cuando probablemente eso ya había pasado. No quiero terminar sin el furtivo encuentro en la cabaña con su ya estilizada ex mujer Betty, en el que tuvo la oportunidad de probar su propia medicina la mañana siguiente, al otro lado de la cafetería, cuando ella le ignora y centra de nuevo en su ejemplar vida marital.

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Con el papel de Joan reducido, inexplicablemente, a momentos puntuales y secundarios que deslucen la relevancia del personaje, y Megan asimilada a las tramas de Don, sin posibilidad de saber , mucho más de su vida ocmo actriz, las estrellas femeninas de la temporada han sido dos, la imprescindible Peggy Olson y la cada vez más importante Sally Draper. Ambas han experimentado grandes cambios en esta última entrega, y es de suponer que serán relevantes en los próximos episodios de la serie. Por un lado la joven publicista termina la temporada asumiendo las responsabilidades que hace un tiempo había soñado pero que en los últimos meses había olvidado. Por el camino ha tenido tiempo de decir adiós a su relación con Abe, un hecho bastante menos doloroso que su posterior relación, mucho más breve, con su jefe. A pesar de que, como fan, entristece ver que una vez más fracasa en sus aventuras sentimentales, la secuencia final en la que la vemos en el despacho de Don le sitúa ante un emocionante desafío que seguro que provoca nuevas e interesantes situaciones. Por su parte la primogénita de los Draper, además de ser dueña de una de las frases del año (“Mi padre nunca me ha dado nada”) se ha convertido ya en un proyecto de mujer que consigue despertar en su padre unas necesidades que hasta ahora nadie había conseguido. Eso sí, su carácter y sus ganas de encajar, tan presentes como incompatibles, no creo que sea algo que vaya a cambiar un internado femenino, aunque sea  la Miss Porter’s School.

Pero en Mad Men tan importantes como los protagonistas principales son los secundarios, que esta temporada han lucido un poco más gracias a sus respectivas desgracias. Por ejemplo Pete Campbell, que voluntaria o involuntariamente pierde a las mujeres de su vida. A la separación de Trudy, y consecuentemente de su hija, se une a última hora la muerte de su madre, que aporta más rabia que dolor a su desquiciado  estado de ánimo a esas alturas de temporada. Roger también pierde a su madre, y posteriormente a la egoísta de su hija, e intenta consolarse con su bastardo mientras trata de acercarse a Joan, para no terminar con lo único decente que le queda en su vida. Y por no extenderme más, terminaré esta selección con un recién llegado al que su misteriosa llegada y sus misteriosas apariciones le situaron en el radar de los espectadores más conspiranoicos, Bob Benson. El sonriente joven ha sido víctima de la expectación y el extraño ambiente creado en torno a la última temporada, en la que las sucesivas novedades nos llevaban a tener una razón para temernos lo peor, e internet hizo el resto. Es probable que para algunos las respuestas obtenidas hayan resultado decepcionantes, si tenemos en cuenta la variedad de posibilidades.

En definitiva, muchos frentes abiertos que habrá que cerrar en trece episodios. Por delante me surgen un montón de preguntas, que no sé si Weiner tendrá a bien resolver. ¿Continuará desnudándose Don Draper y será definitivamente Dick Withman? ¿Le veremos en estado ocioso, disfrutando de su merecido descanso o volveremos con Draper de vuelta en la agencia al comienzo de la nueva temporada? ¿Ganará el bien al mal, como dice Betty, y tendremos en Sally una mujercita agradable? ¿Cuánto tardará Roger en darse cuenta de que las intenciones de Bob Benson no son las que imagina? ¿Tendrán sentido las teorías conspiranoicas en torno a Benson la próxima entrega? ¿Encontrará Pete Campbell la paz que necesita frente al Pacífico? ¿Y Peggy el amor?… Tenemos todo un año para seguir haciéndonos preguntas, mientras Weiner trata de no sucumbir a la expectación y guarda celosamente cada detalle. En el fondo, nosotros no vamos a sufrir tanto esperando.

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Ascensores en Serie


Será por que lo más alto que he vivido en la última década es un cuarto, porque para mí siempre han sido lugares en los que quería estar poco tiempo, porque de vuelta a casa necesitaba llegar al baño, o porque ahora en el trabajo tampoco son imprescindibles. Y mientras en mi vida el ascensor se convierte en un elemento secundario que siempre puede ser sustituido por unas escaleras, en la ficción, este el milenario invento es un interesante y claustrofóbico escenario en el que se desarrollan todo tipo de tramas e historias, un lugar de paso, normalmente concurrido, puntualmente poco transitado, que lo mismo sirve para robar unos besos, que para dejarle a nuestro compañero de viaje las cosas claras, para desahogarse con él o para prepararse en solitario para lo que nos espera cuando finalice el viaje vertical. El caso es aprovechar el tiempo que los personajes pasan entre piso y piso, siempre preciso, sin interrogantes de más ni palabras de menos, situándolo en un ambiente que no requiere de grandes florituras a la hora de grabar. Si preguntamos a un seriéfilo por su escena televisiva en un acensor estoy casi segura de que más de la mitad de ellos se referirían al furtivo, largo y provechoso viaje de Will y Alicia (3:50) hacia la habitación de un hotel en The Good Wife.

 

 

Aunque yo soy más fan de la “versión” de los creadores de Nashville, que poco a poco y gracias a una gira compartida, fueron cebando los encuentros de Rayna y Deacon hasta que el guitarrista se cansó y le dijo a su ex novia con hechos lo que ya había intentado decirle con palabras… ¿O no? En cualquier caso tan simpática como la respuesta del vaquero,  es la cara de la reina del country, que estira su brazo para continuar con su viaje con cara de “¿qué demonios acaba de suceder?”.  Aunque por lo visto Charles Esten, el actor que interpreta al guitarrista y compositor, tiene amplia experiencia en las escenas de ascensor, pero no siempre son tan agradables. Porque no es lo mismo besar a Connie Britton que encontrarte a Laura Dern, en Enlightened fuera de sí.

 

 

Más o menos como está la pobre Debra Morgan en el quinto episodio de la séptima temporada de Dexter, en el que la podemos encontrar expresándose con su “fineza” habitual, aunque con menos público al que sorprender, y tomándola con un archivo, a falta de seres vivos a los que golpear. En el capítulo final de la primera temporada de Fringe, nos encontramos con otro personaje sólo, y entre las cuatro paredes de un ascensor, aunque mucho más calmada que su antecesora. Se trata de Olivia Dunham, que tras un extraño inexplicable decide seguir adelante en busca de respuestas. Pero además de los hechos paranormales, en los ascensores televisivos también suelen suceder hechos anormales. Y si no que se lo digan a Jerry Seinfeld en su particpación en 30 Rock, cuando Kenneth no pudo contener la emoción al compartir elevador con semejante estrella y se atrevió a “interpretar” una de las sintonías que se escuchaban en la famosa serie del cómico a la que daba nombre.

 

 

Pero los ascensores además de para desahogarse, ya sea física, mental o sexualmente, también sirve para realizar estudios de mercado, tal y como demuestra Pete Campbell al preguntar al ascensorista que le facilita su llegada al trabajo, preguntándole por la marca de su televisor. Menos entrometido, aunque más enfadado, se muestra Don Draper en otra de las muchas escenas en el ascensor que podemos ver en Mad Men, cuando cansado de la charla de sus acompañantes reprende a uno de ellos por su falta de educación ante la compañía de una dama. Esa tensión tan molesta que en un espacio reducido y temporalmente sin salida crece y crece hasta que el elevador se detiene, las puertas se abren, y cada uno es libre de continuar su camino. Peor aún es cuando esperando al dichoso medio de transporte encuentras dentro a alguien que preferirías no ver. Y si no que se lo digan al pobre McNulty, que en el último episodio de The Wire se encuentra con Daniels, que se despide con una paradójica expresión.

 

 

A pesar de su aspecto manso, su empeñada música relajante y la comodidad que nos proporciona durante unos segundos a nuestras vidas, los ascensores también entrañan ciertos peligros. Sirva de ejemplo el vídeo anterior que pertenece al comienzo de uno de los episodios de la magnífica serie creada por Alan Ball, Six Feet Under. Casi tan atemorizante como el que pudimos ver casi dos décadas antes en L.A Law cuando a modo de broma interna los guionistas terminaron con la vida de Rosalind Shays haciéndola caer en el hueco del ascensor, que se había abierto por error. La misma forma en la que perdió la vida el Doctor Ramoray papel que el Joey Tribiani de Friends interpretaba en una telenovela. Pero la provisional privacidad que proporciona un ascensor también lo convierte en un buen lugar para llevar a cabo todo aquello que no puedes hacer ante miradas ajenas. Y ahí estaba el Dr. Greene aprovechando su única oportunidad para ejercer de Dios e impartir justicia divina con un moribundo asesino.

 

 

Pero como no quiero terminar con la sombría imagen de la muerte en un ascensor, lo haré con otras tres grandes secuencias que hacen de este instrumento, al que sólo le falta estar ahí cuando lo necesitas para ser perfecto, un lugar en el que pasar gratos, y no suficientemente breves, momentos. Como por ejemplo hacen Daphne y Martin en el ascensor de su edificio, que deciden utilizar para burlarse de sus vecinos con “intimidantes” historias. O David y Maddie, de la mítica Moonlight que condenados por un ascensor que primero no llega y luego se atasca tratan de sobrevivir a su encierro a base de desasosiego, maletines destrozados, cariño y canciones. Menos grata resulta la compañía que tienen Brian Chewbacca Griffin en la versión que Seth MacFarlane hizo de Star Wars a partir de Padre de Familia, en la que Peter y Chris escoltan al animal en un musical y moderno elevador. ¿Cuál es vuestra de ascensor favorita?