J.J Abrams

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¿Bien o como Lost?


El próximo domingo True Detective llega a su final, y aunque la serie como tal vaya a regresar la próxima temporada, las especiales características de la producción hacen que el final no suponga un “hasta luego” sino un adiós. Adiós a Cohle, su nihilismo, su voz y su carácter particular, adiós a Marty, su gusto por las mujeres problemáticas, su superioridad física y su simpleza, adiós Luisiana, adiós verdes campos, adiós chimeneas. A tres días del capítulo final, los más fanáticos de esta producción, que en nueve meses probablemente tendrá el honor de ser denominada como la mejor del año, mantienen la calma en torno al posible desenlace, sin excesivo ruido en torno a cómo se cerrará una historia que, episodio tras episodio, no ha dejado de crecer. Al igual que la segunda temporada es un regalo envenenado para aquellos que sean elegidos para dirigirla e interpretarla, puesto que estar a la altura del trabajo de McConaughey, Harrelson, Pizzolato y Fukunaga no va a ser empresa fácil, el octavo y último capítulo debe mantener el nivel de sus predecesores, a la vez que cierra una historia compleja y que no ha dejado entrever demasiado acerca de su desenlace. Y ya hay quien se atreve a apostar por el bluff final, mientras que otros mantenemos las esperanzas y soñamos con que tanto el director como el guionista hayan sabido mantener el nivel de toda la temporada.

Pero, más allá de lo que Pizzolato y Fukunaga hayan decidido para cerrar esta gran historia de dos detectives, que se merece por derecho propio entrar en la lista de las grandes producciones televisivas, creo que es el momento, de dejar de comparar, calificar y medir los finales de las series, con el final controvertido por excelencia, el de Lost. Algo tan personal, tan importante y tan difícil de asumir para muchos como es un final no puede valorarse con esa vara de medir que instauró el mediático cierre de Lost. Entre otras cosas porque apenas faltan unos meses para que se cumpla el décimo aniversario de su estreno, el cuarto de su final, y no es saludable, ni coherente, guardar en el bolsillo de la memoria un trauma tanto tiempo. E incluso puede que sea  el momento de ser muy claros.

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- El final de Lost no era malo, simplemente no cumplió las altas expectativas de los espectadores ni encajó en ninguna de las muchas y mayoritarias teorías existentes en torno a la isla. A lo largo de sus seis temporadas la serie de Abrams dejó claro que no existían límites a la hora de crear tramas y nuevos escenarios, algo que mientras abundaba la acción o giraba en torno a una historia novedosa resultaba interesante para el espectador, pero que no fue soportable a la hora de decir adiós, porque no tenía vuelta atrás.

- El cierre de Abrams reveló que la intención de los ciento dieciocho episodios que duró la serie no era la que se daba a entender. ¿Qué se daba a entender? Pues cada espectador tendrá sus propias conclusiones, habrá quien soñase con esa isla perdida en medio del Pacífico, quién creyese en los rescates milagrosos, quié jugase a la Primitiva los números de Hurley, quién viese en Dharma indicios de una conspiración judeo masónica y quién esperase que un día Hume apareciese en los informativos para desmostrarnos que la humanidad está equivocada. Cada espectador es un mundo y por mucho que todos viésemos lo mismo las conclusiones y los sentimientos no era exactamente las mismas. Con lo que cada uno teníamos una esperanza, o como poco un anhelo.

- Un final es un final y a nadie le gusta que le abandonen. Cuando la serie termina, el espectador, ese fiel amante que se ha mantenido semana tras semana frente al televisior, seguirá ahí, aunque la serie que tanto le ha gustado no tiene previsto volver. Entonces sólo queda que la despedida sea elegante, que aquel que se marcha no le haga sentir al que se queda como un idiota, que ha malgastado su tiempo en algo que hace tiempo veía que no le convenía… Y ahí es cuando el espectador debería hacer examen de conciencia y pensar si a última hora se puede descubrir que lo que ve no es lo que decía ser, o por el contrario, hace tiempo aceptamos dedicar nuestro tiempo a esa serie, a pesar de ser inestable, confusa o poco constante, sin pensar en las consecuencias. Y ahora, en la despedida, no sirven los reproches.

- El final de Lost no puede ser la vara de medir de todos finales que vengan después. No se puede evaluar a todas las series por el mismo rasero porque, por desgracia para los creadores y el medio, no todas las series tienen la misma repercusión ni la capacidad de emitir su episodio final simultáneamente en unos cuantos países. Y tampoco todas las series importan igual, ni se derrochan las mismas líneas. La sensación que dejó el final de Lost venía empujada por las expectativas que se crearon en torno al mismo, unido a la imperiosa necesidad de cerrar una serie que se convirtió en un fenómeno difícil de repetir. Y tampoco puede ser el recurso fácil a la hora de hacer ver que el resultado ha supuesto una decepción. Porque un mismo trabajo, el de Abrams y los suyos, no puede ser sinónimo de fenómeno mundial, final decepcionante y producción con la que cualquier network soñaría al mismo tiempo.

- La expectación mediática no ayuda. Y la desinformación tampoco. Después de que ayer varias webs de medios de comunicación serios (y nacionales) publicasen que “McConaughey abandona True Detective tras lograr el Oscar” y diversas perlas similares que únicamente variaban el verbo que acompañaba al orgulloso sujeto, tuve la suerte de leer conclusiones verdaderamente esperpénticas. Como por ejemplo, que la renuncia se debía a que Matthew demostró en su discurso de los Óscars ser una persona muy creyente, algo que choca frontalmente con el carácter de su personaje en la serie de HBO. O que ahora se había convertido en una estrella que no quería tener nada que ver con la pequeña pantalla. Es cierto que ambos comentarios rezuman ignorancia sobre el estado actual del medio, sobre la serie y sobre el mundo de la interpretación, no nos vamos a engañar, pero ambos son fruto de titulares manipuladores que lo único que buscan es aprovechar la expectación creada en torno a una producción para conseguir visitas en sus webs. Es decir, ni la televisión, ni el actor, ni la serie importan realmente, con lo que todos aquellos que no sean enfermos seriéfilos al día de todo lo que se cuece al otro lado del charco, es decir, menos personas de las que creemos, basarán sus conclusiones finales en informaciones en las que la verdad brilla por su ausencia… Pues muy bien oiga, continuemos preocupándonos más por las visitas que por el contenido, porque el lector, que es un borrego, vendrá a informarse aquí, no vendrá informado de casa. Y a quién le importa que se supiese, desde meses antes a que se estrenase la serie, que McConaughey no nos acompañaría el año que viene.

Así que el domingo, o el lunes, o cuando sea que tengamos tiempo de acercarnos a la despedida de Cohle y Hart no la juzguemos con varas de medir que no sirven para calibrar su excepcional calidad y no nos ciñamos a esa pregunta tan simple como tramposa de ¿Te ha gustado? Porque detrás de unas cuantas horas de ficción tiene que haber algo más que una simple negación o una entusiasmada afirmación. A pesar de que los fenómenos de masas y los medios de comunicación lo reduzcan estrictamente a eso.

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Revolution, la temporada que ya comienza y Juego de Tronos


Revolution no tiene nada de revolucionario

Seguro que la NBC tiene sus razones, pero por mucho que me empeño no me explico para qué adelantas dos semanas un estreno que, como era de esperar, adolece de todos los males encontrados en producciones similares en los últimos años. Y es que Revolution ha llegado ya y parece que lo único que va a revolucionar va a ser los armarios de todos aquellos aspirantes a salvadores del mundo. Una vez más las tramas excesivamente familiares, los hechos difícilmente explicables (¡15 años!), las escenas pretendidamente efectistas, los momentos moñas y la diferencia de capacidad interpretativa, entre otros defectos, son los ingredientes esenciales de la última creación Abramsiana. A pesar de contar con otros expertos en el género, como son Favreau y Kripke, Revolution está, para mi, por debajo de lo esperado, y será un simple entretenimiento más esta temporada.

Lo que viene

¡Qué alegría! ¡Qué ilusión! El verano pasó, se llevó por delante Breaking Bad, nos vomitó con elegancia The Newsroom y ahora nos queda por delante un mes en el que, entre regresos y estrenos, alguno se mudará definitivamente al sofá, y dará utilidad a la tan innecesaria fibra óptica. Vuelve Boardwalk Empire el 16 de septiembre, al igual que Downton Abbey, y como tengo la segunda temporada de las aventuras de Nucky retrasadas, me quedaré con el culebrón británico. Y a partir del 20 carrerilla: Parks and Recreation, Two Broke Girls(24), la tercera temporada de Treme(23), el estreno de Vegas(25), el regreso de Alicia Florrick y The Good Wife y el de Carrie Mathison y Homeland ¡el mismo día 30!! Y en octubre el estreno de Nashville y los regresos de American Horror Story y The Walking Dead entre otros…

Tronos, rodajes y amores

Casi sin darnos tiempo de interiorizar la segunda temporada, las noticias sobre Juego de Tronos  se suceden día a día. A la fecha del estreno de la tercera temporada, el 31 de marzo de 2013, se suman los premios Hugo, los más prestigiosos dentro del mundo de la ciencia ficción, que se han entregado ésta semana en Chicago. La serie de Benioff y Weiss no tuvo problemas para proclamarse ganadora en la categoría de “Mejor Presentación Dramática larga” ante películas como La invención de Hugo o Harry Potter. Además, mientras se completa el reparto, que parece interminable, Kit Harington, o Jon Snow como prefiráis, y Rose Leslie, Ygritte, han tenido tiempo de profundizar en su amistad… Aprovecho para dejaros por aquí el enlace al reportaje sobre las localizaciones de la serie, que una servidora hizo en Gente Viajera. ¡Gracias Jorge!

Próximamente, en sus (pequeñas) pantallas


La vida en los despachos de los estudios de televisión y de las productoras no se detiene, y mientras las series apuran sus tramas hasta llegar al mes de mayo, las cadenas ya han anunciado numerosos proyectos para la temporada 2012-2013. Más allá de que algunos puedan quedarse en el camino o retrasarse, hay un buen puñado de proyectos que podrían amenizar una temporada en la que también habrá importantes regresos. Aunque hay que reconocer que las networks tampoco pueden presumir de derroche de creatividad. En cualquier caso os dejo por aquí los trabajos que me han parecido más curiosos, para bien o para mal.

ABC

La cadena madre de Modern Family, tiene una docena de proyectos encima de la mesa entre los que destacan la nueva serie de Sarah Chalke (Scrubs) que con el escueto título How to Live With Your Parents for the Rest of Your Life a una madre divorciada que se ve oblogada a vivir con sus padres o el nuevo trabajo de Portia de Rossi, The Smart One, en el que interpreta a una brillante mujer que se ve obligada a trabajar para su hermana, la descerebrada alcaldesa de la ciudad.

Mucho más apetecible me han parecido los proyectos dramáticos, que también son bastante numerosos. Si hablamos de tramas interesantes   una de ellas podría ser Americana que se centrará en la vida y negocio de un diseñador de moda, con Anthony LaPaglia y Emilie de Raven en el reparto y Phillip Noyce (Revenge, Luck) en la dirección. Y otra Gotham, un drama con tintes futuristas dirigido por Francis Lawrence, responsable de Soy Leyenda. Por su parte Shonda Rhimes prepara una serie de época, que narrará la apertura de un hotel de lujo en el Nueva York del siglo XIX en Gilded Lilys y Shawn Ryan produce un thriller con submarino nuclear incluido, que protagonizaría Scott Speedman. Por si esto fuese poco, Natalie Portman se ha sumado a la moda de la producción con la adaptación de la novela de Judith Krantz, titulada Scruples y situada en el Beverly Hills de los 70, que recientemente ha confirmado la participación de Karine Vanasse (Pan Am).

CBS

La comedia de la CBS no me ha resultado especialmente llamativa, será por mi falta de gracia y experiencia, aunque resultan destacables los nuevos proyectos de dos maestros del humor, Conan O´Brien y Louis C.K. El primero producirá Super Fun Night, sobre un grupo de amigas, mientras que el segundo escribirá sobre un grupo de jóvenes que trata de alcanzar sus sueños.

Jaume Collet Serra, que ya ha participado esta temporada en The River, dirigirá el drama producido por Joel Silver centrado en una joven hacker a la que la policía de Oakland pedirá ayuda a la hora de resolver los casos. También resulta llamativa la incursión televisiva de Mira Sorvino, cabeza visible del nuevo proyecto de Jerry Bruckheimer, Troopper. Por su parte Dennis Quaid protagonizará junto a Michael Chiklis la historia de Ralph Lamb, un cowboy convertido a sheriff de Las Vegas, que tendrá que hacer frente a un poderoso criminal. La historia está escrita por Nicholas Pileggi, responsable de los guiones de  Uno de los nuestros  o Casino.

NBC

De la veintena de proyectos que tiene encima de la mesa la National Broadcasting Company, resultan más destacables las comedias, aunque los dramas cuentan con presencias interesantes. Para comenzar 1600 Penn, una comedia en la que, como ya hiciera en Independence Day, Bill Pullman volverá a ser presidente de los Estados Unidos, eso sí, con una familia un poco particular. John Goodman y Roseanne Barr protagonizarán uno de los regresos más esperados de los últimos años con Downwarly Mobile, desde que en 1997 finalizase la exitosa Roseanne. Allison Janney y Matthew Perry, que en la temporada pasada fracasaron “gracias” a Mr.Sunshine, tienen previsto  participar en sendos proyectos. Por un lado la actriz nacida en Ohio interpretará a la madre de una peculiar familia judía que se reúne todos los viernes para cenar en Friday Night Dinner.  Por otro Perry dará vida, en Go On,  a un periodista deportivo que acude a terapia para superar un trauma personal. Marcia Gay Harden, Minnie Driver y Sarah Silverman son otras de las actrices que en la próxima temporada llegarían a la parrilla de la NBC

En lo que respecta al drama, la cadena vuelve a confiar en temáticas habituales de la pequeña pantalla: bomberos, médicos y policías con Chicago Fire, County,  protagonizada por Jason Ritter y Michael B.Jordan y Midnight Sun,  en la que participa Titus Welliver. También es destacable la nueva serie del creador de Supernatural, Eric Kripke, que protagonizará Giancarlo Esposito (Breaking Bad) y producirá J.J Abrams, Revolution.

FOX

Las comedias de FOX que más me han llamado la atención, por razones totalmente diferentes, que quede claro, son Little Brother y Living Loaded. La primera estará protagonizada por uno de los llena-carpetas de los noventa John Stamos. A pesar de sus papeles en Urgencias y Glee, el actor californiano no protagonizaba una serie desde 2006, con la fallida Jack in Pogress. Por su parte Mike Vogel (Pan Am) podría protagonizar junto a Donald Sutherland la novedosa Living Loaded, sobre un blogger al que repentinamente le cambia la vida.

En cuanto al drama, donde gracias a Homeland  el listón de la caden se encuentra bien alto, podemos encontrar tres producciones con interesantes tramas y protagonistas. Bradley Whitford participará junto a Ali Larter (Héroes) en The Asset una serie de espías creada por Josh Friedman.  Por otro lado Kevin Bacon será el protagonista en el nuevo proyecto de Kevin Williamson, una serie sobre un criminólogo del FBI que, a punto de jubilarse, deberá enfrentarse a un asesino en serie. Para terminar, Cuba Gooding Jr. prepara su debut en la televisión como protagonista con Guilty en la que encarnará a un abogado acusado de fraude.

The CW

Entre lo proyectos de la más joven de las networks, destacan cuatro proyectos. Aimee Teegarden protagonizará el drama romántico futurista The Selection basado en la novela de Kiera Cass y cuyo piloto dirigirá Mark Piznarski. Continuando con las adaptaciones, AnnaSophia Robb será la protagonista The Carrie Diaries,  la precuela de Sexo en Nueva York, mientras que Stephen Amell dará vida al personaje de comic Green Arrow. Para terminar, la cadena se sumará a la moda de los cuentos clásicos, con su versión de La Bella y la Bestia, que también será adaptada por la ABC.

Alcatraz: de desaparecidos, misterios e islas


Una de las cosas positivas que debe de tener la fama es que, cuando la has alcanzado, todo cuesta mucho menos trabajo. Así que cuando haces una buena serie, llegar a la gran pantalla, que tus trabajos estén entre los más esperados o firmar contratos delirantes está a la orden del día. El último ejemplo del castizo “Cría fama y échate a dormir” es J.J Abrams, un hombre que en los últimos doce años ha producido una decena de series y más de la mitad de películas, además de escribir y dirigir alguna de ellas. Por todo ello el estreno de Alcatraz se ha convertido, una vez más tratándose de Abrams, en uno de los acontecimientos televisivos de la temporada. Y aunque aún tiene pendiente su estreno a escala mundial, a España llegará en febrero, la serie, para bien o para mal, dará que hablar. En este caso me temo que no va a ser para bien.

Y es que después del tercer capítulo  creo que abandono, porque la fila de series por ver ya es lo suficientemente larga e incluso tengo el cupo cubierto en la de series para no pensar. Porque, aunque el último episodio resulta menos simple que los anteriores, gracias al trabajo de los actores invitados,  Alcatraz ni siquiera me ha invitado a quedarme un rato y preguntarme de dónde han salido los presos viajeros y quién los maneja. Y si la mayor intriga me preocupa poco, Rebecca y su vínculo familiar o Diego Soto y sus traumas infantiles menos, por predecibles y por típicos.  Y abandonaré porque no me apetece derrochar cuarenta minutos en un procedimental que si se ciñe a las exigencias del guión, y la cadena lo respeta, se perpetuará a lo largo de 302 episodios…. Es broma. Espero. El caso es que en tres episodios, o incluso en menos, me han molestado en exceso las avinagradas poses de Sam Neill, el insulso trabajo de Sarah Jones y el ritmo forzado, los guiones obvios y la insultantemente lostiana banda sonora.

Supongo que es uno de los inconvenientes de la fama, que nunca dos creaciones son iguales y quizá sea hora de enterrar el baremo Lost con el que, erróneamente, medí(mos) ciertas series con unos ingredientes comunes. Porque aunque yo aún no andaba por los lares seriéfilos cuando se estrenó la serie estrella de J. J Abrams, esto no huele a mejora, por lo menos en una temporada. Alcatraz recuerda a Lost y no lo es, quiere parecerse a Fringe y no puede. Olvidándonos de la vara de medir, Alcatraz está bastante lejos de las buenas sensaciones que dejó el tráiler, allá por primavera, y no parece que vaya a llegar más lejos que cualquier procedimental mucho menos publicitado y seguramente más creíble.  Pero claro, es Abrams.