FOX

142293

Pena, penita, pena, todos los años alguna pena…


Dentro de unas horas dará comienzo la semana de los Upfronts, esa cita ineludible que cada año une a las cadenas de la televisión en abierto (por decirlo así) y las marcas, y que sirve para conocer las producciones que los espectadores podrán ver la temporada que viene. En realidad, en los últimos años, las sorpresas suelen desvelarse en los días previos y este año no ha sido una excepción. Desde el jueves, y con mucha tranquilidad para desesperación de los fans, hemos ido conociendo las series que la ABC, NBC, CBS, CW y FOX han decido abandonar y aquellas en las que siguen confiando. Y a la vista del resultado final, a las cadenas no les ha temblado la mano.

tw-cast-pic.jpg.pagespeed.ic.ElPpAFDki_

En la noche del viernes al sábado, mientras aún masticaba mi enfado contra la NBC y la ABC por quitarme dos de mis series (nada serio, Revolution y Trophy Wife, (aunque el segundo me duele especialmente), me encontré éste tuit del prestigioso crítico televisivo Alan Sepinwall. En el mensaje Sepinwall comenta que le explicó a una vecina qué eran los Upfronts y ella le preguntó por dos de sus series, Believe y Surviving Jack. El crítico le respondió que estaban canceladas y ella le contestó que iba a dejar de ver nuevas series. Y a la buena mujer no le falta razón. Haciendo un repaso básico entre las cinco cadenas principales de los cuarenta y siete estrenos previstos en el comienzo de la temporada*, con tres de ellos por estrenar, treinta y uno han sido cancelados. Hemos derrochado líneas por Hostages, Intelligence, la llegada de Robin Williams a la tele o el regreso de Michael J.Fox con serie propia. Hemos probado comedias familiares hasta la extenuación: Growing Up Fisher, Trophy Wife, Welcome To The Family o Back In The Game. Y coqueteado con la ciencia ficción gracias a Intelligence y Almost Human. Y con algunas cosas inclasificables como Crisis, Believe, Dracula, Ironside (felicidades NBC) Killer Women, Betrayal o Bad Teacher. Y todo para nada. O más bien para que esas series pasen a la historia de la televisión como esos productos fugaces que cada temporada se pierden en la inmensidad de la producción televisiva.

Y quizá deberíamos emprenderla con las cadenas no porque nos las quiten, sino porque nos las den. Es cierto que las parrillas televisivas son lo que son, y duran lo que duran, pero quizá, para los frágiles corazones de los espectadores, sería más recomendable que las series durasen más para que las producciones fuesen menos. Y así habría creaciones que ni siquiera habrían visto la luz, porque de lejos no lo merecían. Simplezas aparte, la tensión económica con la que vive la televisión provoca que no haya tiempo para desarrollar una serie con tranquilidad y la psicosis que crean las audiencias termina provocando que al más mínimo síntoma de flaqueza una producción desaparezca. Resulta cuanto menos curioso que cadenas como la NBC y la ABC, de los doce proyectos que han estrenado esta temporada, sólo han sobrevivido tres series en cada uno, About A Boy, Chicago PD y The Blacklist en la cadena del pavo real y S.H.I.E.L.D, Resurrection y The Goldbergs en la del abecedario. Si bien es cierto que la primera aún tiene dos estrenos pendientes, Crossbones y The Night Shift, no lo es menos que también se ha llevado por delante, tras cinco temporadas y para desgracia de sus acérrimos fans, Community.

Pero además de las audiencias influyen otros factores, como el coste de la producción y si no que se lo digan a Parenthood que ha estado en el precipicio hasta última hora y tendrá una temporada más (la última) más corta. O el aval internacional con el que cuente, algo con lo que quizá ha contado la NBC para mantener Hannibal, que sin cosechar grandes audiencias en Estados Unidos, se emite en más de una docena de países. Sean cuales sean las razones el caso es que los espectadores hemos perdido, otra vez, una o varias series a las que, a lo largo de casi nueve meses, les hemos cogido cariño. Y dan ganas de cerrar los ojos esta semana y no saber nada de las nuevas propuestas que las cadenas nos ofrecerán y dentro de un año nos quitarán. Pero claro, qué sería de los seriéfilos sin la emoción de los estrenos, las nuevas series que añadir al visionado semanal, el reencuentro con nuestros intérpretes favoritos en nuevas producciones… Qué cruel la vida del amante de las series de televisión, que se encariña y poco puede hacer por que su nuevo objeto de interés se mantenga a su lado y esté ahí cuando necesitemos nuestra dosis de acción, ciencia ficción o de historias que nos reconcilien con la vida. ¡Ay!

 

* En el enlace hay cuarenta y nueve producciones, entre las cuales se encuentran algunas que no son estrictamente series de televisión, al igual que hay algunas ausencias. La lista en la que me he basado la podéis encontrar aquí.

Raising-Hope

Tres semanas con los Chance


En el último año, cada vez que he terminado una comedia el sentimiento has dio el mismo: soy gili. Por fortuna sólo han sido tres las producciones terminadas y el sentimiento no se ha arraigado mucho en mi interior, pero sí empiezo a estar cansada de que persista. En abril empecé 30 Rock, la terminé en septiembre y el trauma ante la ausencia fue tal que ni siquiera fui capaz de dejarlo por aquí. Cuando vi que el final se acercaba introduje Party Down en mi vida, simplemente por posponer el momento. Otra pérdida, menor pero pérdida igualmente, para el mundo de la comedia. Y hace tres semanas, cuando fui capaz de asumir que ninguna de las comedias de estreno de esta temporada me llenaban, me lancé a esa piscina enorme que para mí es cualquier comedia,  con Raising Hope convencida de que no llegará al estreno de la cuarta entrega, el próximo viernes. Y aquí estoy yo, sesenta y seis episodios después FELIZ (sí, con mayúsculas) por haberme atrevido por fin a conocer a los Chance, tan disfuncionales, tan alocados, tan adorables ellos que es imposible no quererlos.

raising-hope-season-2-finale_opt

Los Chance son una familia de clase baja que vive en Natesville, cuya vida cambia cuando el hijo de Burt y Virginia, Jimmy, conoce una noche a Lucy. A la mañana siguiente, después de acostarse con ella, se enteran de que es una asesina en serie y año y medio después de entregarla a la policía es ejecutada. En ese tiempo Jimmy descubre que, a sus veintitrés años, se ha convertido en padre y ahora tiene que hacer cargo de una pequeña, Princess Beyoncé, que afortunadamente pasa a llamarse Hope. Para ayudarle están sus padres, con experiencia en la crianza inesperada, que también se encargan del cuidado de Maw Maw, la abuela de Virginia, una mujer con Alzheimer cuya dolencia depara sorpresas en cada minuto que pasa. Y como es de esperar la pequeña Hope cambia la vida de todos, Jimmy debe compaginar su trabajo como jardinero junto a su padre con un empleo a tiempo parcial en un supermercado, mientras Virginia, limpiadora a domicilio, asume que se ha convertido en abuela antes de lo deseado.

Como rareza parece que llama a rareza, en el supermercado Jimmy se ve rodeado de personajes muy particulares, su jefe Barney, un hombre inseguro que trata de cubrir sus carencias afectivas con su trabajo, Frank, un especimen tan extraño como desagradable, y la adorable Sabrina, el enamoramiento imposible de Jimmy, que pacientemente espera a que su novio regrese de la universidad para tener la oportunidad de pasar tiempo juntos y… Discutir. Y así pasa la primera temporada, conociendo a este conjunto de seres en los que también se encuentra Shelley, la prima fea de Sabrina que se gana la vida con una guardería de niños, perros y ancianos, Dancin’ Dan, el vecino que recorre el pueblo en patines y con una enorme radio al hombro, los padres de la fallecida Lucy, la asesina en serie, o la prima de Virginia, la siempre perfecta Delillah. Y todo ello mientras pasan las fiestas de guardar en toda serie que se precie, Acción de Gracias y Navidad, con su particulares momentos surrealistas, una necesaria vasectomía, la relevancia del flirteo o las sorpresas que deparan los aparatos de escucha para bebés.

En la segunda entrega nos encontramos con muchos momentos para descubrir el pasado de los personajes, la infancia de Jimmy, la adolescencia de Burt y Virginia, la procedencia de Sabrina o los peculiares, cómo no, padres de Burt. Un viaje a Las Vegas, un concurso de inventos, las debilidades genéticas de la familia con el juego o una particulas versión del cuento de Navidad nos permiten ver a Burt, Virginia y Jimmy  en las situaciones más inesperadas, tratando de salir adelante como una familia, en la que si el dinero y las cosas materiales no están de su parte, siempre lo estará el amor que se tienen entre ellos. Y en la tercera temporada, por si no hubiésemos tenido suficiente, el derroche de humor crece, y para mí son veintidós grandísimos episodios con excelentes homenajes a la siempre correcta Modern Family, Homeland, la mítica Regreso al Futuro o Casi Famosos, burlas a la cruel industria televisiva, con recadito incluído, y genialérrimo capítulo musical propio, además de otros gloriosos momentos que prefiero no contar porque como siempre digo, es mejor verlo que que te lo cuenten.

Creada por Greg García, padre de Me llamo Earl, Raising Hope, o Hope por estos lares, es una magnífica comedia de visionado obligatorio que contribuye a acrecentar mi cabreo con las diversas academias de televisión y demás entregas de premios que no han tenido a bien reconocer el ingenio, la grandeza y la calidad de una producción que bien podría elevar la calidad de cualquier cadena de televisión en abierto de nuestro país. Sé que familias disfuncionales hay muchas, son casi un requisito para poder sostener una comedia, pero pocas tan agudas, sinceras y cautivadoras como los Chance, que si bien, como el propio Jimmy dice, podrían escribir un libro para padres titulado “Lo contrario de lo que deberías hacer” son el vivo ejemplo de que siempre se puede salir adelante con pasión y con humor.

sleepy103b

Sleepy Hollow: Ichabod Crane en el siglo XXI


Imaginemos una coctelera del tamaño de una papelera, en la que vamos virtiendo leyendas, historias reales, algunos escritos bíblicos, cuentos de demonios y brujas y otras creaciones propias que la televisión más seria no permitiría. Lo aderezamos con un punto de locura, unas cuantas cucharadas de permisividad creativa y un chorrito de entretenimiento. Lo tapamos bien, lo agitamos y buscamos un par de intérpretes en estado de gracia, cuyos personajes sean opuestos y complementarios, de razas y siglos diferentes, acentuando así con simpatía lo mucho que la sociedad ha avanzado. Los colocamos en un pueblecito idílico, apoyado en otra leyenda literaria, añadimos unos pocos efectos especiales, alguna aparición interpretativa de renombre y nos sentamos a degustar el sabor de nuestra creación…. Y de lo irreal, desvergonzada, divertida y canalla que es nuestra obra es una genialidad. Una entretenida genialidad llamada Sleepy Hollow.

3-Sleepy

Y es que sin ser una obra maestra, ni mucho menos, la serie que a partir del jueves 7 de noviembre podremos ver en FOX España es una de las mejores producciones estrenadas esta temporada tan pobre. Y todo ello a partir de premisas muy sencillas y muy básicas en la televisión de ficción. La serie creada por Phillip Iscove, Alex Kurtzman y Roberto Orci une una leyenda literaria, la historia creada por Washington Irving, con una historia real, la del Coronel Ichabod Crane (aunque la serie no se ciñe totalmente a su historia), la traslada al siglo XXI y la fusiona con tradiciones demoníacas y cuentos sobre el bien y el mal. Y lo hace entreteniendo al espectador y respetándolo, porque desde muy pronto la producción reconoce que se va a situar lejos de la realidad y cerca de la locura, pero acatando los niveles deseables de credibilidad en una producción de una gran cadena de televisión. Además logran combinar acción con ciertos toques de humor, que si bien son tan fáciles como pensar qué pasaría si nuestro tatarabuelo llegase a ésta era tan tecnológica, lo hace con gracia y con cierto punto crítico, que permite que nuestro hombre rescatado del siglo XVIII se encuentre de bruces con el resultado de todo aquello por lo que luchó, que no siempre es el esperado.

El personaje interpretado por Tom Mison, Ichabod Crane, murió hace dos siglos y medio, regresa al año 2013 y tiene que asumir que la esclavitud no existe, que las mujeres tienen derechos y que los americanos acabaron con aquellos que en su día fueron aliados, los indios. También tiene que comprender la función del celo adhesivo, el impenetrable plástico o la situación impositiva actual, en la que le resulta difícil de asumir cuál es el precio de un donut y el porcentaje en impuestos que éste conlleva, recordándole a su añorada revolución americana. Además disfruta de los avances médicos, se asombra, como cualquier humano, de la capacidad expansiva de los Starbucks y se pelea con la ducha. Todo una variedad de encuentros en el espacio tiempo que el joven y apuesto Ichabod, con su acento y su habla del siglo XVIII magníficamente conservadas, trata de afrontar sin deshacerse ni un minuto, de su ropaje dieciochesco, algo para lo que quizá los creadores deberían encontrar una solución, que pase por llevarle a una tienda de disfraces, a una lavandería o simplemente al GAP, a comprarse un par de vaqueros y una camiseta bien ajustada… O lo que sea.

Cuando Ichabod y la Detective Abbie Mills, su alma gemela contemporánea y la única que parece dispuesta a asumir que no es un loco, sino un viajero en el tiempo, descubran que tienen una misión común, tendrán que luchar, además de contra el jinete sin cabeza y la amenaza de sus acompañantes, con seres demoníacos y problemas sobrenaturales, tratando de que las peores profecías bíblicas no se lleven a cabo y la humanidad esté a salvo. Una misión ambiciosa que los personajes no afrontan con demasiada pomposidad, sino como lo que son, jóvenes dispuestos a afrontar su lugar en el mundo, sin demasiada trascendencia ni artificio y con cierto toque de optimismo. Supongo que a todo eso ayuda que la cadena que te respalda te respete como lo que eres, un producto para entretener, ni más, ni menos, sin pretensiones de reinventar la televisión. Aunque hay quien, como en éste artículo de Vulture, señale que no se trata de reinventarla sino de unir y adaptar lo mejor del género, desde Expediente X a Perdidos, pasando por American Horror Story o True Blood. Todo sea por pasar un buen rato televisivo que nos haga disfrutar, nos entretenga, y no nos incite a terminar cortando cabezas.

the-l-word

Fin de la cosecha 2004


Una vez que la FOX ha confirmado que el final de House se producirá en el  próximo mes de mayo, termina la lista de magníficas series que nacieron en 2004, un año que marcó la llamada “nueva edad de oro” de las series. Poco antes, y animadas por el éxito que la HBO estaba teniendo con Los Soprano, las cadenas de cable apostaron por la ficción e inspiraron al resto de canales, que se centraron en ofrecer un producto de calidad, sin importar el género al que perteneciese. De los más de cuarenta estrenos que llegaron a los televisores estadounidenses en 2004, seis han perdurado en el tiempo como referencia de series posteriores y todas ellas se encuentran entre las mejores producciones de las últimas décadas: The L World, Deadwood, Entourage, Lost, Mujeres DesesperadasHouse. 

El 18 de enero de 2004 Showtime estrenaba The L Word, una serie, que acercaba a la pequeña pantalla la realidad de las mujeres homosexuales. Con seis temporadas en su haber, la serie reafirmó el éxito de su hermana mayor,  Queer as Folk, e hizo visible una comunidad que hasta entonces había sido prácticamente ignorada. Un par de meses después la HBO continuaba deslumbrando con su producción propia, devolviendo al western a la pequeña pantalla gracias a la serie de David Milch, Deadwood. A pesar de ser la menos exitosa de todas, ya que sólo duró tres temporadas, sus personajes y sus tramas han perdurado a lo largo del tiempo y han sido, para muchos, un ejemplo a seguir más allá del género.

En julio llegaron los desvergonzados chicos de Entourage, otra de las apuestas del año de la HBO, que se afianzaba así en el género de la comedia dramática, en este caso masculina, tras el final de Sexo en Nueva York. Vince, Drama, Tortuga, Eric y el inigualable Ari Gold desnudaban el mundo que rodea a la cruel meca del cine con descaro y gracia. Ya en septiembre el accidente del 815 de Oceanic Airlines en la ABC daba comienzo a una serie que en sus seis temporadas cambió, de muchas formas y sin querer sonar fanática, la televisión. Lost  y J. J Abrams irrumpieron en el panorama catódico con uno de los pilotos más caros de la historia y mantuvieron unas buenas audiencias que poco a poco se reprodujeron a nivel mundial.

El 3 de octubre, la ABC seguía estrenando con éxito, en este caso con Mujeres Desesperadas. Las mujeres de Wisteria Lane creadas por Marc Cherry llegaban para satisfacer las ansias televisivas de un perfil muy concreto que en poco tiempo encontró su público y en 2005 se convirtió en la serie más vista en todo el mundo.  Un mes después la FOX ponía su granito de arena a la añada con  House. La serie de Hugh Laurie fue ganando popularidad gracias a su capacidad para hacer innovador un formato por todos conocidos con buenas dosis de mala leche y comedia negra, cierto interés deductivo y tramas interesantes.

Precisamente el éxito de las series de FOX y ABC sirvió para afianzar el resurgir creativo de las networks, que con la revalorizaron del producto televisivo comenzaron a tratar al público de forma diferente y reconocieron la importancia que Internet tenía en el consumo de televisión. Un público que además se encontró con una parrilla en la que la variedad venía acompañada de la calidad, sin importar si eras de los que amaban las historias de amas de casa, de médicos, de islas o de vaqueros. Una alineación planetaria que, por suerte o por desgracia, se da muchas menos veces de lo que las cadenas creen y los seriéfilos quisiéramos.