David Simon

TELEVISION SERIE TREME EN LA FOTO DAVID SIMON

David Simon pasó por aquí


Es probable que los que no sois fans de The Wire, The Corner, Generation Kill o Treme estéis hasta el último pelo de que los “Simonianos” llevemos cuatro días hablando de ello, como si el Mesías Redentor hubiese pisado nuestro país y con ello se hubiesen acabado todos los problemas. La verdad es que no ha sido así, tampoco lo esperábamos, pero sin duda muchos y muchas somos un poquito más felices, algunos, aunque telefónicamente, hemos cumplido un sueño, y otros ya pueden morir más tranquilos, después de haberle dado las gracias personalmente al hombre que tantos buenos momentos televisivos nos ha proporcionado. Además de dejar por aquí (ojo autobombo) mi propia experiencia, he seleccionado otras entrevistas que también me han parecido muy interesantes para los seguidores de éste hombre que hace dos décadas aterrizó, sin querer, en la televisión.

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- “El trabajo más duro es el de yonki. Levantarse todos los días y conseguir una dosis.” En ésta entrevista de Europa Press, a cargo de Noelia Rodríguez @noeliaroalvarez (que también nos contó sus impresiones en su blog) el guionista también habla del trabajo de su colega Aaron Sorkin en la siempre cometada The Newsroom.

- Franco llega a The Wire: David Simon sueña con la Guerra Civil. Los compañeros de El Confidencial recogen en este artículo la entrevista que Simon concedió a la agencia EFE, en la que hablaron del conflicto bélico español y el periodismo, entre otros temas.

- De “sidrinas” con David Simon. Toni García @ToniGarciaRamon en El País. En la entrevista reportajeada del compañero de Prisa, que ya le entrevistó en el número 2 de Jot Down Magazine, descubrimos, entre otras cosas, que no se siente seducido por la gran pantalla y que le gustaría poder visitar El Celler de Can Roca. ¿No hay ningún seriéfilo en ese restaurante?

- David Simon, creador de “The Wire”: “Los americanos somos esquizofrénicos.” En Zoom News R. Sánchez y P. Pazos charlan extensamente con un hombre que no tiene vergüenza en reconocer que lleva seis años aplazando un libro y que habla muy clarito, por ejemplo, del socialismo en Estados Unidos.

- David Simon y el ejército imperial. En El Cultural el coordinador de la sección de cine del suplemento, Carlos Reviriego @carlosreviriego nos desvela en su artículo el stress creativo en el que vive el autor de The Corner y Homicide, además de jugosos detalles sobre los próximos proyectos en los que trabaja.

- En Tu Serie O En La Mía. En el blog de Sara B. @aleyt1 descubrimos, además de lo que le contó a ella en persona, lo que Simon dijo en sus charlas en Celsius 232, que en realidad era para lo que había venido. Su amor por la tragedia griega y sus negociaciones con HBO para mantener en antena dos años más The Wire son otras de las curiosidades que podemos conocer en este post.

- En Serie Te Lo Digo. Onda Cero, autobombo. Aquí podéis leer la entrevista completa que tuve el placer de hacerle a Simon por teléfono, acompañada de unos audios que emitimos en “JELO en Verano” dentro de nuestra sección de series de todos los lunes, llamada “Yo vi el capítulo 532 de Santa Bárbara”.  Además de destacar las razones por las que se atrevió a llevar adelante la historia de Treme, es curioso su “amor” por Orange Is The New Black, sus palabras sobre Kohjan y su aplauso para Netflix. Por cierto, de su piropo a la serie yo tengo mi propia teoría

Una de miniseries: Generation Kill.


Mi único consuelo ante el retraso por ver esta series es que todos conocéis a alguien que se puso a ver algo de David Simon y lo dejó. Hace unos años, después de terminar The Wire busqué su creación más cercana (en el tiempo) y salió Generation Kill. Me dormí en el segundo capítulo, el primero me pareció un coñazo, con perdón, y en aquella época no tenía demasiadas ganas de guerras absurdas. Lo dejé. Afortunadamente la guerra de alguno me llevó a volver a plantarme frente a esta producción de 2008 basada en el libro homónimo del periodista de la Rolling Stone, Evan Wright. Afortunadamente.

Porque a pesar de la impresión inicial, Generation Kill no malgasta ninguno de los sesenta y cinco minutos que duran cada uno de los siete episodios y consigue que el espectador se introduzca, desde el comienzo, en una guerra de la que todos conocemos su desenlace. Sin embargo Simon no trata de llevarnos a un final, sino que trata de dibujar con detenimiento el camino que se recorre hasta llegar a la meta. Y lo hace, como siempre, con credibilidad y brillantez, con personajes perfectamente descritos, sin pasado y con futuro, pero con un guión que no siempre se ajusta a lo esperable. Nos encontramos entonces con señores que hacen la guerra apelando a excusas poco creíbles, a aquellos que llevan a la lucha a soldados para los que la violencia hace tiempo que era un modo de vida y apelan a la semántica cuando las reglas de la guerra no se ajustan a sus acciones.

Son escalofriantes los personajes como Trombley, Billie Lush, y Ray, uno de los actores fetiche de David Simon, James Ransone. Al igual que los del Capitán América y Sixta, Eric Nenninger y Neal Jones respectivamente, por su frialdad, su torpeza, la omnipresente violencia que desprenden, llevando a sus propios soldados a tener la certeza de que no será el enemigo quien acabe con ellos, sino sus propios mandos. Capítulos como el tercero y el quinto son episodios excepcionales que combinan acción, incertidumbre y sorpresa (por lo surrealista de las situaciones) a partes iguales. Personalmente no puedo evitar decir que, la serie en general y esos capítulos en particular, le dan mil vueltas a la alabadísima y premiadísima The Hurt Locker (En Tierra Hostil), ambas estrenadas en verano de 2008.

El recién descubierto (no veo True Blood, obviamente) Alexander Skarsgard, consigue darle a “Iceman” Colbert la proporción justa de serenidad y compromiso, en un evidente intento de no hacer de un patriota alguien irracional. Por el contrario, es un personaje tranquilo que sin aspavientos asume que no es el guerrero que todos creen ser cuando terminan la academia, sino un simple obrero semicualificado al que envían en una misión que, resultados aparte, no les preocupa demasiado. El valor de las interpretaciones, unidas a una interesante recreación de los escenarios y el correcto debut de Simon en escenas de acción (bélicas se entiende) hacen de Generation Kill una de las miniseries más interesantes de los últimos tiempos y un producto imprescindible para los amantes del género o del autor.

David Simon tiene la “extraña” capacidad de llevar a la pantalla la realidad, tal cual es, sin parches, sin florituras, sin azúcar. La realidad amadrinada por la HBO y apadrinada por grandes guionistas, que más allá de premios y reconocimientos, trabajan para acercar la objetividad de los hechos a todo aquel que los quiera conocer. Una vez más.

Treme: ese barrio, esa ciudad, esa serie.


Pasa el tiempo y aunque lo intenta no puede levantarse. Mejora, el agua ya no anega cada esquina de cada barrio, la muerte ya no impregna los oscuros rincones, el Mississipi trata de definir sus cauces. Hay gente que regresa, y gente que se tiene que ír, músicos con vocación a prueba de bombas, teclistas sin dinero ni piano, violinistas que inspiran sosiego y felicidad. Y fuera, fuera siguen siendo lo peor del país, aquellos que no merecen la pena. Pero mientras se pueda, siempre habrá alguna empresa dispuesta a hacer negocio con la desgracia ajena. Señores, la cruda realidad ha vuelto a HBO, David Simon a las calles de Nueva Orleans, la música y la vida a Treme.

Allá por el mes de agosto, cuando el pensamiento rumiante se apoderaba de todos nosotros al finalizar la primera temporada, el futuro de los habitantes de Nueva Orleans no era más certero que el de ahora. Catorce meses después del Katrina, las casas sin dueños siguen contándose por miles,  el número de desempleados se reduce al ritmo que los contratistas desean y “normalidad” es una palabra que ha perdido muchos de sus atributos en favor de un consuelo moral que no es suficiente. Se ha ido el agua y ha llegado la violencia, policial o de las bandas, con razón o sin ella, a instalarse donde puede, sin respetar las luchas que durante más de un año mantienen algunos con su propio destino.

El brillante elenco (bajas forzosas aparte) se mantiene sobre los mismos pilares: Antoine Batiste (Wendell Pierce) con sueños musicales y una mujer que trata de quitárselos, casi como Davis McAlary (Steve Zahn), Toni Bernette (Melissa Leo), con su incansable lucha por una justicia inexistente y una hija con la que sólo comparte el silencio, Albert Lambreaux(Clake Peters), que esta temporada rezuma conformismo y cansancio a partes iguales, Janette Desautel (Kim Dickens), lejos de presencia, cerca de corazón y la luchadora LaDonna Batiste (Khandi Alexander), que ya ha protagonizado, según mi parecer, otra de las escenas más duras de la temporada. El ya conocido Teniente Colson (David Morse) se convierte en un personaje más recurrente, y la  única incorporación es la de Nelson Hidalgo (Jon Seda), un empresario que mientras se ocupa de la reconstrucción disfruta, con muchas ganas, la cultura de Nueva Orleans.

Cuesta, por mucho cariño que le tengas o muy “Simonsiano” que seas, regresar al ritmo de Treme, donde conviven música y vida, donde las tramas se suceden sin prisa y los problemas llegan sin hacer ruido, en silencio. Y a pesar de la dureza de ciertas imágenes, de la desazón que el telespectador siente cuando el destino se empeña en golpear al mismo inocente, uno ama Treme porque ama su gente, porque se siente cerca de una realidad que nunca antes fue tan real, porque la telerrealidad no vive en una isla sino en los guiones que algunos se empeñan en escribir, a sabiendas de que buena parte de la audiencia nunca los sabrá valorar.

No se hizo la miel para la boca del asno. Pero no voy a ser yo quien lo lamente.

Se ha escrito una serie


No os engaño si os digo que para mi el 23 de abril es más importante, o más especial,  que la Navidad, la Noche de San Juan e incluso, depende del año, mi cumpleaños. Hay gente para todo, qué os voy a contar. Y aunque el tiempo que dedico a la lectura no es el que yo quisiera, y este año la Semana Santa se lleve por delante a San Jorge y su Día del Libro, el 23 de abril siempre será el 23 de abril. Así que para los seriéfilos que además sepan disfrutar del placer de la lectura, aquí  dejo unas cuantas publicaciones que, de una manera u otra manera, tienen que ver con nuestras series favoritas.

1.- Crematorio, de Rafael Chirbes: Premiada con numerosos galardones, entre los que se encuentra el Premio Nacional de la Crítica del año 2007 (a pesar de lo que pone en el faldón), la novela del escritor valenciano es para muchos una de las mejores publicaciones de nuestro país en lo que va de siglo. Con trece capítulos en los que cada personaje ofrece su punto de vista respecto a los demás protagonistas, Chirbes dibuja también la era actual de corrupción, especulación y destrucción que envuelven las acciones, y sus consecuencias, de cada uno de ellos. Novela sin respiro ni diálogos, compuesta por más de cuatrocientas páginas, la podéis encontrar en su versión de bolsillo, Colección Compactos, o en la normal en la editorial Anagrama, por 10 y 20 € respectivamente.

2.- Homicidio: Un año en las calles de la muerte, de David Simon: Nunca es tarde si la dicha es buena, y aunque el escritor, guionista y director de Baltimore escribió este libro hace veinte años, sus más de 700 páginas no han perdido vigencia y es de agradecer que la editorial Principal de Libros la publique en nuestro país. “Homicidio…” describe el año que Simon pasó con los detectives de la unidad de Homicidios de su ciudad, hechos que fueron llevados a la pequeña pantalla posteriormente en una serie del mismo nombre. En Estados Unidos ha vendido medio millón de ejemplares, fue galardonado con los premios Edgard y Anthony  y entre las alabanzas que ha recibido destaca la de Norman Mailer: “El mejor libro sobre detectives de homicidios jamás escrito por un autor norteamericano”. Alrededor de 30 €.

3.- Pétalo Carmesí, Flor Blanca, de Michel Faber: La BBC2 estrenó a comienzos de este mes la versión televisiva de esta novela de más de mil páginas que, con ciertas licencias narrativas modernas, relata la vida de Sugar, una prostituta de diecinueve años que seduce a un hombre de buena posición, William. La que muchos califican como versión posmoderna de la novela victoriana del siglo XVIII, es la sensación actual de la televisión inglesa y ha sido adaptada por la ya experta novelista y guionista Lucinda Coxon. El libro, publicado en 2002 por el escritor y periodista holandés, ha sido best-seller en Estados Unidos, Italia o Francia y en nuestro país ha sido publicado por Anagrama. La versión perteneciente a Compactos cuesta 17 euros, 29 para la versión “normal”.

4.- Teleshakespeare de Jorge Carrión: Porque hay libros que inspiran series, y series que inspiran libros, aquí llegan estas doscientas páginas del escritor tarraconense responsable, entre otras, de Los Muertos. A través de una veintena de capítulos Carrión analiza series como Lost, Breaking Bad, Six Feet Under, The Good Wife o Galactica, sus imágenes, sus formas narrativas o la psicología de sus personajes, formando un cuadro vivo, actual e interesante de muchas de nuestras series favoritas. Es de agradecer que Errata Naturae, que fue responsable de la ya citada “The Wire. 10 dosis de la mejor serie de televisión” continúe apostando por las interesantes y amplias conversaciones que el fenómeno series despierta en todo el mundo, incluso en escritores de renombre. A la venta desde el 21 de marzo por unos 20 €.

Las posibilidades no terminan aquí, para los que os hayáis lanzado ya a lo nuevo de la HBO, Game of Thrones, podéis encontrar los libros de George R.R. Martin en cualquier librería, al igual que los amantes de la familia Soprano, que cuentan con su propia filosofía, o los seguidores de los zombies de The Walking Dead, estos en su versión comic. Porque las grandes series nacen de grandes autores, ya escriban para la caja tonta o para formar parte del universo literario.

Feliz día del Libro.