Claire Danes

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Ay Homeland, Jomelán…


A pesar de que me siento muy intimidada por esa corriente de seres superiores televisivos, que tiende a calificar, o mejor dicho descalificar, a sus iguales porque hay cosas que nos gusten y cosas que no, es decir, la vida misma, en las próximas líneas no voy a cortarme un pelo, y me quedaré bien ancha frente a lo que pienso que ha sido uno de los declives más profundos de la producción de ficción moderna. Por si no ha quedado claro, habrá spoilers, así que eres muy libre de seguir adelante y comprobar hasta donde se puede odiar algo que hace no mucho se quería, o puedes comprobarlo por tí mismo sentándote frente al televisor. O mejor no, no pierdas el tiempo. Quédate donde fuese que te quedases y sé feliz, ignorando que de la gloria al fracaso hay un guionista fallecido, la presión de una historia que bien podría haberse despedido hace una, o dos temporadas, según se mire, y unos recursos de los que de tanto abusar han acabado convirtiéndose en parodia de sí mismos.

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Todo empezó muy intensamente, con Carrie vendida a su suerte, Quinn, que probablemente pase a la historia de la televisión como uno de los personajes más desaprovechados, encabezando una importantísima operación y Saúl sentado frente a una comisión que trata de esclarecer el terrible atentado con el que terminó la segunda temporada, declarando, poco menos, que el terrorista más buscado del país se acostaba con una de las agentes de la CIA y aquello era lo más natural del mundo. Con la mandíbula aún desencajada, pobrecita Carrie, abandonada, tramando quizá abandonar la agencia y quien sabe si el país por el mismo camino que semanas atrás lo hizo su amado, desubrimos al final del CUARTO episodio, tres horas de ficción que debieron ser una comedia para los guionistas, encantados de reírse de los espectadores, que todo era falso. La locura de Carrie, falsa, desacreditarla frente a todo un país, falso, y todo para qué…. Pues para que un señor requeteimportante de Irán que está estafando a los suyos utilizando el nombre de un jugador de la selección de fútbol iraní, oh qué bonito, se acerque a la loca del pelo rubio, que seguramente se sienta abandonada por su país, para que le proporcione información.

Pero es la rubia quien consigue engañar al requeteimportante, que fue amigo de Saúl en otros tiempos, y con unos argumentos y un episodio que hace que te entren ganas de ver Q & A de la segunda, sólo para recordar los buenos tiempos, los serios, aquellos en los que la tensión, la historia y los problemas eran de verdad y no una mierda inventada por un señor que pierde la cabeza al frente de su departamento pero al que no se despide, por alguna razón que no alcanzo a comprender. Y cuando tenemos al requeteimportante, al que sin pestañear devolveremos a su país para cumplir su misión descubrimos que, ¡oh, sorpresa!!! para que este hombre lleve acabo esa misión que mejorará notablemente la política exterior de Estados Unidos y sus complicadas relaciones con Irán necesitamos a alguien que mate al que se encarga de ellas ahora, para así poder colocar a su peón en el lugar necesario…. Ese detalllito de nada, entrar en Irán, y matar a otro requeteimportante iraní…. Cáspita.

¡¡¡No importa!!! Aunque necesitemos seis semanas para recuperar a un hombre desquiciado y de vuelta de todo, lo conseguimos en cuatro días, y sin ninguna duda, y sólo para que su insufrible hija pueda volver a mirarle a la cara, y pueda regresar a un país en el que se le tiene por terrorista… Esperen, un momento…. ¡¡El terrorista!!! ¡¡¡¡El atentado de Langley!!! ¡¡Las 132 personas!!! ¿Me tengo que creer que desenmascaramos a uno de los mayores terroristas de los Estados Unidos y se lo callan? ¿En serio?

Y para llegar hasta aquí hemos tenido que soportar a la insoportable suicida y fugada hija adolescente que desaparece como por arte de magia a mitad de temporada para volver convertida en limpiadora de motel, un asesinato tan sangriento como cualquier capítulo de The Walking Dead, en el que interviene la policía, interroga a un agente de la CIA y , aquí paz y después gloria, una conexión venezolana que queda en nada, una mujer infiel, que ¡oh casualidad!!! se ha traído desde la India a un espía israelí, algo que descubrimos mucho después de que comience a estar presente en la serie, como si su labor de espionaje fuese repentina, un montón de enfados Carrie-Saúl, muy serios, muy trascendentales, muy definitivos, muy nada….

Para cerrar este cúmulo de errores en forma de guión matamos (creo, parece, puede ser, no descarto nada) al único personaje que le aportaba gracia a la temporada, puesto que no es nada nuevo que hasta que apareció él en Venezuela todo fue un coñazo, y hasta que volvieron a por él, porque Saúl que lo sabe todo también sabía donde estaba el mayor paria americano, siguió siéndolo. Y Carrie ahí sigue, a disposición de esa agencia que tanto la quiso y tanto vela por ella que la manda, con su bombo, a la otra punta del mundo, mientras Saúl agarra la puerta y se va, sabiendo que es mejor que todos ellos… Una propuesta: Un spin-off de Saúl y Carrie donde sea que vaya a trabajar el primero, y a la agencia que le den, con bebé espía y padre resurgido por Alá sabe qué truco… Total, ninguna de estas ideas queda lejos de lo que ya hemos visto ¿no?

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Algunos apuntes sobre los Globos de Oro


Si partimos del hecho de que las nominaciones ya habían sido suficientemente cabreantes por sí mismas, resulta obvio que la noche tampoco iba a resultar satisfactoria. Sin embargo, perdido casi todo de antemano, resultó grato vivir una ceremonia en la que en drama no podían ganar todos los que deseabas y en comedia no podia ganar nadie de los que querías. Aunque no por ello era inevitable la sorpresa. Ni el aumento de la indignación.

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-       Girls no es una comedia (al uso): No llegará a Neox, no lo verán nuestros primos pequeños, ni probablemente les guste a nuestras madres. La historia de cuatro chicas de Nueva York que tratan de abrirse un hueco en el mundo encuentra la sonrisa del espectador más por lo absurdo de algunas situaciones que por el talento innato que la Dunham tenga para la comedia. Y no creo que sea eso lo que se trate de premiar.

-       Y Lena Dunham no es cómica. Más allá del hecho que de un cómico se espera la gracia natural, y la Dunham no la tiene, resultó muy paradójico verla dando las gracias y diciendo lo mucho que admira a sus compañeras de categoría, que casi la doblan en edad, en experiencia y en sonrisas provocadas. Estoy convencida de que esta joven multitarea, de la que estaremos hartos en quince años cuando arrase en el mundo del cine, anoche perdió fans, viendo su hipterismo adocenado por los galadones. Porque en el fondo es la típica moderna que sucumbe a los encantos de cosas “menos modernas”.

-       Don Cheadle tampoco. Tan aberrante como ver a la Dunham sobre el escenario mientras Fey y Poehler aprovechaban el tiempo en cosas mejores fue ver a Don Cheadle recoger el premio a Mejor Actor de Comedia. Desconozco si la Asociación de Críticos de Hollywood le debe algo al protagonista de House of Lies, ni si es muy importante, pero es difícil explicar con palabras la gran injusticia que se cometió en esta categoría. No por Louis C.K, que ya es adulto y podrá vivir con ello, o más bien sin, sino por el hecho de premiar a alguien que de ninguna manera lo merece. O más claramente, como si en vez de haber sido Girls premiada como mejor comedia, lo habría sido Smash ¿Me explico?

-       Homeland, Homeland. Eran los premios más previsibles de todos, por mucho que nos apene a aquellos que somos “Breaking Badianos”, porque también eran los más merecidos. La segunda temporada de la serie de Showtime ha sido un cúmulo de grandes momentos televisivos, que han conseguido el aplauso de la crítica y el público y han asentado a sus protagonistas como dos de los grandes intérpretes del momento. Merecedora de todos los galardones habidos y por haber, el año que viene, en el que despediremos a la serie de Gilligan, y a alguna más, quizá cambien las tornas, pero hasta entonces Brodie y Carrie serán los protagonistas de “el drama”.

-       Soy Claire Danes y soy muy grande. La treintañera neoyorquina que en su día fue estudiante de Yale es una de las mejores actrices de su generación y lo confirma año tras año. Con el de ayer Danes tiene tres Globos de Oro consecutivos, cuatro con el de 1995, dos por Homeland y el primero por su magnífico papel en Temple Grandin. Digna de admiración también es su capacidad para meterse en ese fantástico vestido rojo un mes después de dar a luz, con tanta naturalidad como con la que grabó la temporada por la que fue premiada.

-       Tina Fey y Amy Poehler Forever. Aunque es cierto que Will Ferrell y Kristen Wigg tuvieron sus minutos de gloria, y fueron bastantes los que opinaron que se merecen un papel más relevante esl año que viene, mi apuesta segura son esas dos diosas de la comedia que repartieron comentarios jocosos a diestro y siniestro nada más comenzar. Sin duda alguna mi preferido fue el dedicado a Bigelow y sus conocimientos sobre la tortura tras haber estado casada con James Cameron, aunque la comentada soledad de Anne Hathaway en la entrega de los Oscar tampoco estuvo mal. Decídselo a Sacha Baron Coen, que  como demostró anoche ante la indiferencia de sus compañeros, cree que la gracia reside en la ofensa.

-       Las parejas “entregadoras”. El séptimo arte se convulsionó como tal cuando dos mentes privilegiadas de la interpretación como son Arnold Schwarzenegger y Silvester Stallone entregaron el Globo de Or a la Mejor Película de Habla Extranjera a Amor, y Michael Haneke lo recogió a manos de su compatriota. Lo grande y lo banal de una misma industria intercambiando saludos gracias al premio de la crítica. Ahí hay malicia.

-       La belleza no hace la clase. Ni el gusto. Ni viceversa. Creo que no me equivoco si digo que la única que consiguió el aplauso general de las fashion victims fue Julianne Moore con su fantástico vestido en blanco y negro. Y ya. Los vestidos de Jessica Chastain, Jodie Foster, Lucy Liu, Julianna Margulies y Eva Longoria, el fanatismo nude de Amy Adams y otras tantas con el mismo color de piel, el rosa palo de Panettiere, el berenjena de la Dunham y alguno que me dejo por ahí son la quintaesencia de la injusticia, o como tener la posibilidad de ponerte cualquier cosa y acabas yendo como un adefesio. Qué lástima.

-       Petición del televidente. En mis mejores sueños me imagino que Louis C.K ha vuelto hoy a casa, se ha plantado delante de unos folios y la próxima temporada de Louie, no sé muy bien cómo ni porqué nos regalará un capítulo triple con los entresijos de la ceremonia en el más puro estilo de su última temporada. Eso sí que daría sentido a la pasada noche.

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Quo Vadis, Homeland?


A pesar de que carezco de experiencia en el, ya no tan sano, placer de ganar premios, estoy casi segura de que éste hecho tiene varios inconvenientes. Además de los que Marías compartió en una rueda de prensa hace unos días, probablemente también sea uno de ellos la presión que supone mantener el nivel de tu trabajo, para seguir siendo galardonado, o por lo menos nominado al mismo premio. Si a ello se le suma que has conseguido estar en boca de todos, y que sin ninguna duda fuiste el mejor estreno de 2011, no resulta difícil imaginarse la presión con la que Howard Gordon y Alex Gansa se enfrentaron a la construcción de la segunda temporada de Homeland. Claro que, vistos los cinco primeros episodios, bendita presión.

Para bien o para mal los creadores del drama de Showtime se encuentran en estado de gracia, y la serie goza, en mi opinión, de sus mejores momentos. A pesar de que era difícil retomar la intención central de la trama, a la vista del final de la primera temporada, en un par de episodios hemos regresado a ella sin grandes estridencias. Hecho esto, asistimos a un juego de movimientos rápidos en el que ambos combatientes, Carrie y Brody, tratan de alcanzarse corriendo sobre un mismo camino con destinos opuestos. Ambos comienzan tratando de retomar sus nuevas vidas, ella como profesora, él como congresista, pero el factor sorpresa llega con forma de mujer y la forzada tranquilidad muere por culpa de los movimientos del máximo enemigo, Abu Nazir.

Así que llegamos al tercer episodio, en el que resulta imposible evitar la lagrimita al ver a Carrie frente a la pantalla del ordenador, y el cuarto, en el que todos terminamos con la misma pregunta en la boca, aunque seguro que con diferente entonación: “¿Y ahora qué?”. El quinto no asegura nada, simplemente cambia el entorno en el que se mueven los personajes y replantea las incógnitas entorno a la relación entre Carrie y Brody. Yo que soy incrédula presiento en la primera más maldad que inocencia o locura, mientras que él parece demasiado ocupado, cansado y temeroso como para ver más allá del futuro que le esperaría si la verdad se supiese. Así que ambos juegan en un nuevo nivel, de escenarios desconocidos, en el que el peligro está más cerca.

Con la faceta desequilibrada de Carrie sobre la mesa desde bien temprano, resulta interesante plantearse como se desenvolverá Damian Lewis en ese nuevo lugar, a medio camino entre el soldado que fue y el traidor que regresó, que deberá mantener el tipo frente a la constante amenaza con y contra la que trabaja. Soy de las que aplaude a rabiar los premios que Claire Danes se ha llevado por su brillante interpretación de la agente Mathison, pero discrepa del premio al Mejor Actor que Lewis le birló a Bryan Cranston en la última ceremonia de los Emmy. Así que espero del actor que responda, como los demás, a las expectativas creadas y sea capaz de ofrecer un trabajo a la altura del resto de la producción. Aunque siendo justa, especialmente en el tercero y en el quinto, ya ha demostrado que está en ello.

Por delante, y con la serie ya renovada para una tercera temporada, nos quedan siete episodios tras los que, con un poco de suerte, nos seguiremos haciendo la misma pregunta. Pero en el hipotético caso de que las dudas se tornen en protestas, siempre podremos decir que vimos una serie que mientras pudo, hizo frente con brillantez a la maldición de las segundas temporadas, que comenta Miriam Lagoa en su genial post sobre la serie. Yo que, junto a Breaking Bad, la considero el Mejor Drama de la televisión actual, sólo espero que la venza, para así poder seguir encontrándome con gente que, inesperadamente, está ansiosa por comentar el último episodio de una producción que, con cada capítulo aporta un poco de brillo al incierto panorama seriéfilo actual.

Homeland: el gran thriller de Showtime


Tal y como comentó el martes @DavidPastrana en Vaya Tele los tiempos están cambiando y las producciones de las cadenas de televisión sufren una, siempre agradecible, transformación que les lleva a ponerse al nivel de las series de HBO, mientras que la cadena por cable hace cada vez productos más irregulares. Si hace unos meses ya escribía sobre los problemas en los que se encuentra la AMC “gracias” a la calidad y expectación de sus últimas apuestas (Mad Men, Breaking Bad, The Walking Dead y la ya cercana Hell on Whells) ahora Showtime, a la que yo tenía por la maestra del humor y la risa, se hace mayor con Homeland, una serie basada en una producción israelí llamada Hatufim que ha cosechado excelentes críticas con sólo el comienzo de una prometedora historia.

La versión creada por Howard Gordon y Alex Gansa, que entre los dos pueden decir que han trabajado en The X-Files, Dawson´s Creek, Buffy the Vampire Slayer o Entourage, se centra en la vida de Carrie, una empleada de la CIA a la que el repentino rescate del Sargento Nicholas Brody, estadounidense dado por muerto en la guerra de Irak, le resulta sospechoso. En el papel de la paranoica agente tenemos a Claire Danes, que ya mostró actitudes para el desequilibro mental en Temple Grandin y como hombre rescatado a Damian Lewis, que ya luchó por su país en Band of Brothers. Ambos crean unos sólidos personajes, con sus rarezas y sus giros aunque esto último quizá más Lewis, con su desconocido y algo inquietante secuestro.

Pero no están sólos en la tarea de llevar adelante una historia que con otro medios podría hacer aguas fácilmente. La familia del Sargento Brody y su vida tras el regreso de un hombre al que no veían desde hace ocho años, está formada por interesantes personajes que cobran importancia sin restar interés a la historia, con Morena Baccarin, sorpendiendo gratamente, a la cabeza. El entorno de Carrie, por su parte, está formado por espías de medio pelo, un firme y veterano mentor y un director que en un par de capítulos enseñará el as que parece guardarse en la manga. Porque eso es lo que trata la historia, no dejar de sorprendernos, tomando caminos que parecen seguros, son interesantes y no intentan de engañar al espectador, cosa que es de agradecer.

Homeland es una interesante producción perteneciente a ese confuso género llamado thriller que explicado seriéfilamente sería lo que Rubicon no supo, o no quiso, ser, lo que 24 podría haber contado (o no, depende de la propia historia) en una temporada o lo que JAG tal vez haría en un sólo capítulo. Es una enigmática historia en la que la política, la guerra y la vida se mezclan con interés y brillantez. Quizá lo haya dicho ya, no recuerdo hasta donde me llevó el dulce azul de las azafatas de Pan Am, pero Homeland es el mejor estreno de la temporada que se inició hace un mes. Palabrita.

* Ayer se confirmó la renovación por una segunda temporada, y aunque me alegra no sé si las tengo todas conmigo…. Espero equivocarme…