Breaking Bad

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Better Call Saul: los fundamentos de Goodman


Una sala de vistas de un juzgado norteamericano repleta de gente en silencio. El fiscal, inquieto, mira al juez buscando explicaciones. Los miembros del jurado permanecen sentados a la espera de que algo termine con el mutismo reinante. Pero no hace falta. Con un simple gesto del juez, el alguacil de la sala se levanta de su silla. En la siguiente secuencia la acción se traslada a un baño público, donde un hombre trajeado ensaya sus argumentos mientras parece esperar la respuesta de su sombra, que se refleja en los urinarios. En apenas unos segundos es evidente que estamos frente a un individuo inseguro, capaz de detener el ritmo de la Corte para asegurarse de que su trabajo es eficaz, aunque simplemente se quede a la altura del caso.

Éste infeliz abogado, que luce un peinado cuidado hasta el milímetro y viste un traje que no parece suyo, es un personaje conocido para los amantes de las series de televisión, es Saul Goodman. Pero el ambiente que el envuelve está lejos de ser el de la producción que le vio nacer, Breaking Bad, en la que se encargaba de ser el componente cómico de la historia. Y eso es porque una vez terminada la exitosa y premiada serie, AMC, su cadena responsable, ha decidido apostar por el peculiar picapleitos creando una producción sobre él, Better Call Saul. Como es evidente, el Saul que nos encontramos en la nueva creación de Vince Gilligan y Peter Gould, no es el Saul que los espectadores conocimos en el octavo episodio de la segunda temporada de Breaking Bad.

“Hola, soy Saúl Goodman ¿sabía que usted tiene derechos? Lo dice la Constitución y yo también. Creo que hasta que se demuestre la culpabilidad cada hombre, mujer o niño de este país es inocente. ¡Y por eso lucharé por ti, Albuquerque. ¡¡Mejor llama a Saúl!!”

La serie, que se estrenó anoche en Estados Unidos y hoy ya estará disponible en Movistar Series, se traslada al año 2002, seis antes de conocer a Walter White. Por aquel entonces Saul Goodman era, en realidad, Jimmy McGill. Y es que, tal y como confiesa el abogado en su primer encuentro con el poderoso narcotraficante, un buen día Jimmy McGill decide dejar de ser él, para convertirse en el letrado de los anuncios, Saul Goodman. Pero ¿qué provoca éste cambio? ¿fue siempre tan deslenguado y cínico? ¿cómo aprendió a tratar de tú a tú a los criminales más peligrosos?

En Better Call Saul el espectador se encuentra con una cara conocida pero una personalidad difícilmente reconocible, que además lleva una vida diferente a la que nos tiene acostumbrados. McGill se mueve por el Albuquerque colorido y luminoso de su serie madre, pero lo hace llevado por la desesperación, en un coche destartalado que ensombrece aún más su fachada gris y taciturna. La metamorfosis que experimenta éste ser deprimente hasta convertirse en el abogado exitoso y criminal es el eje conductor de la serie, que no duda en recurrir al universo de Breaking Bad para mantener el nexo común y satisfacer a los más fanáticos.

“Te proporcionaré la mejor defensa penal que ese dinero (cuatro mil dólares) puede comprar.”

La apuesta de Vince Gilligan y Peter Gould por regresar al pasado reinventa un personaje al que su carácter protagónico le otorga un universo propio hasta ahora desconocido. Siendo un personaje secundario, en Breaking Bad no había tiempo (ni necesidad) de contarle al espectador de donde venía o con quién vivía ese abogado que sin miramientos se atrevió a decirle a White que quería hacer para él lo que hacía “Tom Hagen para Vito Corleone”. Pero todo el mundo tiene su historia, que está determinada por las circunstancias en las que se ve obligado a vivir.

En el primer episodio de la nueva producción de AMC, McGill bordea los límites de la desesperación con cada uno de sus actos, dibujando una atmósfera oscura y lastimera que se acerca al extremo de la vulgaridad cuando el protagonista regresa a casa. Hasta ese momento el abogado ha peleado por sus cheques, ha perseguido a posibles clientes y ha comprobado como, día a día, las facturas se acumulan. De mal en peor.

Walter White – ¿Y si le conseguimos un abogado de verdad? ¿Qué diablos es esto? ¿Este es a quien vamos a contratar?

Jesse Pinkman – ¿Me tomas el pelo? Este es el tipo que necesitas. Este es el abogado que contraté. ¿Te acuerdas de Emilio? Este tío le sacó de la cárcel ¡¡dos veces!! Es como Houdini. En serio, cuando las cosas se ponen difíciles no necesitas un abogado criminalista ¿vale? Necesitas a un abogado criminal. ¿Sabes lo que digo?

Para Gilligan, su nueva creación es “una forma muy divertida de llegar al fondo de un personaje.” Para Gould “no es una serie de abogados, es una serie criminal.” Y es en los matices, como en el de las palabras de Jesse cuando trata de convencer a Walter de que es el abogado que necesitan, donde reside la capacidad de la producción de ser algo más que una serie derivada o la historia de un peculiar abogado. Porque lo criminal, además de ser aquello destinado a perseguir y castigar un crimen, también define a aquel que lo ha cometido.

Al igual que Breaking Bad narró el descenso a los infiernos de Walter White, es lógico pensar que Better Call Saul emprenderá el mismo viaje con Jimmy McGill, encontrando en Saul Goodman su propio Heisenberg. Pero en la televisión de hoy en día eso no es un problema, y ahí están Vic Mackey, Don Draper y el propio White para confirmarlo. Gilligan y Gould manejan con destreza las artes de la evolución en personajes poco comunes, y han visto en Goodman un aspirante solvente a ese grupo tan querido como moralmente reprobable.

La AMC, ansiosa por encontrar el relevo de sus grandes series, también creyó en el proyecto, que cuenta con el respaldo de la legión de seguidores de la serie madre. Pero todos ellos son conscientes de lo difícil que será cumplir con las expectativas propias de una producción derivada de una serie de éxito. Por delante quedan diez episodios y una segunda temporada confirmada. De momento, en su arranque, Better Call Saul no es mejor (ni peor) que Breaking Bad. Pero sí parece que se vale por sí misma con eficacia y funciona. Que, para empezar, es todo lo que necesita una buena historia.

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La Infanta Cristina y el televisivo club de las “buenas” esposas


“No sé”, “no me acuerdo” y “confiaba en mi marido”. Esas fueron las respuestas que la Infanta Cristina dio a buena parte de las preguntas que el juez Castro le hizo en el ya archicomentado encuentro que ambos mantuvieron en los juzgados de Palma de Mallorca. Unas respuestas que no por esperadas dejaron de ser sorprendentes, y más teniendo en cuenta que la segunda hija de los Reyes siempre procuró ser reconocida por su independencia, su valía individual y su capacidad para desenvolverse en la vida más allá del cobijo de la Casa Real. Desde que estallase el escándalo, allá por noviembre de 2008, cuando el único que parecia tener un problema era su marido, Iñaki Urdangarín, se ha especulado mucho con el papel que la Infanta Cristina ha jugado en este caso, fundamentado en el posible delito fiscal y el blanqueo de capitales que se habría llevado a cabo en la sociedad Aizoon.

En todo este tiempo no han faltado aquellos que se han cuestionado su papel en el caso Noós, planteando dudas sobre sus conocimientos administrativos o, como en el caso del fiscal Pedro Horrach, simplemente considera que las sospechas y un “raquítico “pudo saber” no son suficientes para sentarla en la acusación. En otras ocasiones también se ha apelado a la ceguera que, al parecer, sufre una mujer cuando se trata de reconocer un delito en la persona con la que ha decidido compartir su vida.

Esta última justificación, más habitual de lo que cabría esperar en pleno siglo XXI, me ha hecho recordar a dos grandes personajes femeninos televisivos que en los últimos años se han ganado a pulso un lugar en nuestra memoria audiovisual. Y lo hicieron gracias a que sus creadores vieron más allá del rol habitual de las mujeres y las dotaron de carácter y poder de decisión, aún incluso cuando su juicio estaba nublado por su posición o por su necesidad de mantener unida la entidad familiar.

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Carmela Soprano, la mujer del mafioso

Interpretada por Eddie Falco, una mujer menuda y de apariencia frágil, la mujer de Tony Soprano era la encarnación de las mujeres de la mafia que previamente habíamos visto en películas como El Padrino o Casino. Con su melena cardada, sus joyas de oro y sus llamativos chándals, Carmela tolera las infidelidades de su marido y utiliza el poder que él tiene para proporcionar un buen futuro a sus hijos. Pero también hace la vista gorda a la hora de plantearse a qué se dedica realmente el hombre con el que vive, y mientras pueda mantener su alto nivel de vida, prefiere mirar hacia otro sitio, incluso cuando se trata de la desaparición de los maridos de sus amigas.

Pero la matriarca de los Soprano también vive momentos de flaqueza, en los que no soporta el carácter cambiante de su esposo y se plantea abandonarlo. En la tercera temporada de la serie, el matrimonio pasa por una crisis cuando Carmela le pide a Tony cincuenta mil dólares para asegurar la carrera universitaria de Meadow y él le dice que no pagará, porque sabe demasiado de extorsiones. Ella decide desahogarse visitando a la psiquiatra de Tony, la cual le deriva a un colega, ante la imposibilidad profesional de tratarla personalmente. A pesar de que ella misma le dice que no será necesario, y sólo se trataba de un desahogo, finalmente termina vistando al doctor Krakower. Hecha un mar de lágrimas ella se justifica diciendo que todos los matrimonios tienen problemas, pero reconoce que está considerando divorciarse, a pesar de que cree que su marido es un buen hombre y un buen padre. Es entonces cuando el psiquiatra le recuerda que ella misma le ha definido como un criminal deprimido, proclive a la ira y altamente infiel.

Dr. Krakower.- Debe confiar en su impulso inicial y considerar dejarle. Nunca será capaz de sentirse bien consigo misma. Nunca será capaz de reprimir los sentimientos de culpabilidad y vergüenza mientras siga siendo su cómplice.

Carmela.- Se equivoca en lo de cómplice.

Dr. Krakower.- ¿Está segura?

Carmela.- Sólo me aseguro de que tenga ropa limpia en el armario y comida en la mesa.

Dr. Krakower.- Entonces instrumentalizadora estaría más cerca de definir su trabajo que cómplice. Dísculpeme.

Por si no fuese bastante con que alguien le dijese a la cara en qué había consistido su vida las últimas dos décadas, Carmela tiene que soportar que el psiquiatra le recuerde que el dinero de su marido está manchado de sangre, y que si se divorcia debería empezar de cero. Sin embargo este desagradable encuentro con la realidad, que termina con un sincero “No podrá decir que nadie se lo dijo” no le empuja a abandonar a Tony, y cuando consigue lo que quería, los cincuenta mil dólares, Carmela decide permanecer a su lado. De momento.

Al final de la cuarta temporada, el vaso de las infidelidades finalmente se desborda, y Tony se ve obligado a marcharse de su casa, no sin antes echarle en cara a su mujer que cuando se casaron ella sabía donde se metía. Una docena de episodios después, y ante la imposibilidad de manejar su vida sin Carmela a su lado, él le pide que se planteé la reconciliación, pidiéndole perdón de nuevo y prometiéndole que ninguna de sus amantes volverá a llamar a su casa. Ella, resignada, sólo parece dispuesta a aceptar que su marido es lo que es, y nunca va a cambiar, si encuentra algo que la llene por completo, que ocupe su tiempo, y si es posible, también su bolsillo.

Carmela.- Resulta que hay un terreno en venta en Crestview, casi media hectárea. Estaba pensando que podía construir una casa y luego venderlo, teniendo a mi padre como socio. Quiero decir, que mi asignación es lo que es, pero….

Tony.- ¿Cuánto cuesta el terreno?

Carmela.- 600.000 dólares.

Tony.- Llamaré a Ginsberg y le daré una señal del pago.

Carmela.- ¿Y luego?

Tony.- Luego volveré a casa.

¿Quién quiere el divorcio cuando económicamente es más rentable seguir casado? ¿Quién quiere malvivir como una cuarentona soltera pudiendo seguir casada y con un negocio propio? Las crueles discusiones de pareja, las numerosas infidelidades y las lágrimas derramadas por culpa del tiempo desperdiciado salen por la ventana cuando el dinero entra por la puerta. Y Tony podía ser un hombre poco cariñoso, incorregible y exasperante. Pero nunca le faltaba un buen fajo de billetes con el que aliviar la situación, fuese cual fuese. Entonces ¿a quién le importa el sentimiento de culpa?

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Skyler White, la esposa del profesor de química

Al contrario que Carmela, Skyler White no tuvo que soportar nunca que alguien le echase en cara que sabía lo que hacía el día que decidió formar una familia con Walter. Convertido en el rey de la metanfetamina en un abrir y cerrar de ojos, el profesor de química más famoso de la televisión, decidió encauzar sus conocimientos hacia algo más provechoso que la enseñanza por un bien superior, el futuro de sus hijos. Encarnada por Ana Gunn, Skyler pasó de ser una simple ama de casa, testigo de la vida familiar, a lavar el dinero que su marido ganaba con el negocio de la droga, gracias a una idea suya.

Para recorrer esa distancia hicieron falta unos cuantos episodios y varios estados de ánimo, desde el rechazo al miedo, pasando por la negación y la aceptación, que llegó, pero bajo sus propias condiciones. Skyler fue testigo de cómo su marido, un hombre de apariencia simple, le advertía de que él era el peligro y aceptó, no sin antes advertirle del riesgo al que exponía a sus hijos, aquellos por los que Walter se reconvirtió laboralmente y dejó de ser un simple profesor. Como en el hogar de los Soprano, en la casa de los White también se vivieron momentos de desencuentro, y el cabeza de familia tuvo que abandonar el hogar por algún tiempo. Pero Skyler decidió ser partícipe de las fechorías de su marido, quizá porque era más fácil imaginar un futuro en el que no faltase el dinero. Al final, y aunque ella era la única que era consciente de la gravedad de los hechos, tuvo ver como su hermana y su hijo le acusaban de ser cómplice de las fechorías de su marido.

Flynn.- Si todo esto es verdad, y lo sabías, entonces eres tan mala como él.

A pesar de su colaboración en la causa de Walter, el personaje de Gunn no resultó cómodo para la audiencia, ya que siempre fue vista como una cómplice sobreprotectora que a la más mínima señal de peligro terminaría acabando con todo. No se le echaba en cara que no se hubiese ido, o que no hubiese acudido a su cuñado, sino el hecho de que se quedase y ejerciese el papel de molesto Pepito Grillo, ese que el propio Walter sacó a relucir frente a la policía para liberar a su esposa de toda responsabilidad. Pero el único delito de Skyler no fue lavar los millones que su marido obtenía por la venta de metanfetamina y, con menos remordimientos, fue capaz de engañar al propio Walter y al departamento de Hacienda.

Aunque Skyler siempre le recordaba a su marido lo que supondría para la familia que terminase en la cárcel, ella era capaz de ponerse en peligro, si la ocasión lo requería. En la cuarta temporada Ted Beneke visita a Skyler en el lavadero de coches, preocupado por la auditoría que en unos horas el departamento de la división criminal va a llevar a cabo en su empresa. Si bien en un primer momento no parece dispuesta a ayudarle, Skyler se da cuenta de que su nombre está en los libros de contabilidad de la empresa en la que ella misma trabajó tiempo atrás, lo que podría ponerle en problemas si deciden iniciar una investigación. Al dia siguiente Skyler aparece en la auditoría, en la que Ted trata de defenderse entre balbuceos, con ropa ajustada, un escote de vértigo y el socorrido rol de rubia tonta, a medio camino entre la estupidez y la inocencia. Cuando el inspector le pregunta por qué no están detallados todos los ingresos en los libros de cuentas, ella misma reconoce que cuando no existían cheques físicos, y las transacciones eran electrónicas, no las introducía en los libros de contabilidad. Y como el programa de contabilidad no “se ponía en rojo” significaba que estaba bien.

Ted Beneke.- No tengo muy claro lo que ha pasado ahí.

Skyler.- Lo que ha pasado es bueno. La ignorancia de la ley no es igual a delito, es igual a ignorancia.

Gracias a la ficción son muchos los que han descubierto recientemente que detrás de un peligroso delincuente, ya sea traficante, mafioso o estafador, se encuentra en muchas ocasiones una mujer que lo sabe y lo consiente. Lejos quedan ya los tiempos en los que éramos simples espectadoras de nuestras propias vidas, jugando un papel que no admitía ni preguntas incómodas ni respuestas airadas. Porque aunque es cierto que la monarquía es algo más propio de siglos pasados, ni la educación, ni el trabajo, ni probablemente los conocimientos de la Infanta Cristina, lo son. Y cómo con mucha madurez le replica el bueno de Flynn a su madre, si lo sabía, es tan culpable como él. Y si no lo sabía, quizá debería haber ejercido el papel de mujer moderna que reivindicó mucho tiempo atrás, casándose con un deportista y trabajando lejos de la Casa Real, y haberse hecho algunas preguntas. Aunque siempre es más fácil vivir en la ignorancia. Y también más feliz.

71st Annual Golden Globe Awards Nominations

Globos de Oro 2014: las preguntas inconvenientes


He de confesar que ya no sé si veo las entregas de premios por pura curiosidad periodística y/o de aficionada, o porque simplemente disfruto con las decisiones que toma un conjunto de gente a la que les une, principalmente su profesión, sean guionistas, actores o periodistas extranjeros en Estados Unidos. Nunca un extranjero tuvo tanto poder en ese país… ¿O sí? El caso es que, una vez más, unidas las cabezas, emitidos los votos y hecho el recuento de cara a la entrega de premios que el próximo 12 de enero presentarán (Oh, Siiiiiiiii!!!!) Amy Poehler y Tina Fey, ha vuelto a salir un conjunto televisivo más bien extraño en el que, unas veces por la absurdez de las categorías en sí mismas, otras porque sobre gustos no hay nada escrito, los haters, los lovers, y otro millar de personas que vivimos para quejarnos por todo tenemos motivos para hacerlo. Si lo que simplenente os interesa es la listade nominados, la podéis encontrar aquí. Si soy más de cine aquí. Y si sabíais a lo que veníais, allá vamos.

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– (Me gustaría escribirlo en mayúsculas, para expresar mi verdadero cabreo, pero voy a contenerme por respeto a vuestros ojitos) ¿Kerry “morritos” Washington nominada como mejor actriz dramática y Lizzy Caplan, con su papelón de Virginia Johnson sentada en su casa? ¿En serio? ¿En que cabeza cabe? ¿Por qué? ¿Es que el esfuerzo interpretativo reside en las caritas, los enfados y los cabreos que derivan en calentones? ¿De verdad? ¿Es que vamos a tener que darle la razón a la amargada y moribunda doctora DePaul, y reconocer que en lo que respecta a esta serie los críticos han sido machistas?

– Porque aquí viene la siguiente ¿Allison Janney, la sufrida esposa del rector que es la viva imagen de lo que padecieron las mujeres maduras de su época se queda en su casa también? ¿Y ni siquiera puede con Zooey Deschanel por su papel en Mom? ¿Ni en drama, ni en comedia, ni en esa categoría obscena de actriz de reparto de la que hablaré después? ¿En serio?

– ¿Downton Abbey como mejor serie dramática? ¿En Serio? ¿Otra vez British Airways fletando un avión para que Fellowes y compañía se pasen una semanita de fiesta en fiesta en Los Ángeles y se vuelvan a casa sin nada? ¿Acaso no sería más lógico, puesto que es más nueva, más original y más coral haber nominado a Orange Is The New Black?

– Vaya por delante que la veo pero ¿tan buenos les han parecido a los votantes los primeros capítulos de Brooklyn Nine Nine, como para hacer un hueco en las mejores comedias? ¿Y Andy Samberg merece estar ahí más que Nick Offerman?

– ¿Qué categoría es esa en la que se juntan Monica Potter, Hayden Panettiere y Sofía Vergara? ¿Está escrito en algún sitio que Sofía Vergara tenga que estar nominada siempre, para que vaya a todas las ceremonias y así suba la audiencia masculina?

– ¿Y su versión masculina, con Aaron Paul, Rob Lowe, Josh Charles,  Jon Voight y Corey Stoll? ¿Son cuatro palmeros de Paul o darán la campanada?

– ¿Vale más el trabajo de James Spader en lo que se ha visto hasta ahora de The Blacklist que el temporadón de Jon Hamm en Mad Men, aunque volviese a irse de vacío?

– ¿Alguien ha visto Dancing on the Edge?

– ¿Para cuando una categoría de Bandas Sonoras de Series, que hace tiempo que suponen un gran esfuerzo, y dan muy buenos resultados?

– ¿Volverá Lena Dunham a llevarse dos premios y fastidiarnos la noche como el año pasado?

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Cabreado alegato sobre el supuesto final de Breaking Bad


Estas cosas me pasan por ser ilusa y creer en el periodismo de calidad, la profesionalidad de todos y cada uno de los (pocos) trabajadores que desarrollan su labor en los medios, ya sean maquetadores, Community Managers o  redactores, y por ser ultra-fan de una serie y no estar dispuesta a que nadie corrompa el nombre de Breaking Bad, su creador, sus protagonistas, nada… Hace un par de días pudimos ver en Vulture y otros medios norteamericanos especializados en cine y televisión un par de imágenes del guión del último episodio de la serie de AMC, en las que se podían leer las dos páginas finales del libreto. (SPOILERS DEL FINAL DE LA SERIE)

Tal y como destaca Vulture, lo que más llama la atención es el lenguaje poético con  el que se describen los finales de Jesse y Walter, el primero con un general “something better”, el segundo simplemente con el metafórico “He’s back with his True Love”.

Sabedores de lo provechoso que resulta publicar algo sobre la serie de moda, que siempre despierta interés en las redes, a eso de las dos y media de la tarde la agencia de noticias Europa Press lanzaba el siguiente tuit “El otro final de Breaking Bad. Gilligan tenía pensado un destino muy distinto para Walt y Jesse” un texto bastante explícito. Tres horas después el texto que nos encontramos en la web es ligeramente diferente al que a esa hora habían colgado, con el inconveniente de que en su conjunto ha perdido la práctica totalidad de su sentido (para los que no veáis la imagen, el enlace)

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Pero los medios que(1) han recogido la noticia(2) sólo han tenido tiempo de quedarse con la original, que tergiversaba bastante el contenido del guión y por supuesto evidenciaba que el autor de la noticia no había visto los episodios. (La foto corresponde al primer enlace)

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En éste último caso me he encontrado con Qué.es, Lainformación.com y Ecoteuve, aunque este último ha retirado la noticia, que no el tuit, de su web. Me gustaría añadir que después de escribir a las cuatro cuentas de Twitter de los medios, (los anteriormente señalados y la fuente original, Europa Press) únicamente Ecoteuve ha tenido a bien responderme al tuit en el que les comentaba que la información que estaban proporcionando era errónea. Mientras Lainformación.com se ha atrevido a llevarlo a portada. Un aplauso, si señor. No puedo evitar dejar de comentar lo gracioso, por decirlo de alguna manera, que resultan los párrafos siguientes: “La penúltima página del guión hace referencia a un destino más esperanzador para Jesse Pinkman. Mientras nadie sabe hacia donde se dirige su personaje -excepto Gilligan-, el texto muestra como va hacia “something better” (“algo mejor”). De esta manera, se confirma la intención de abrir un camino mucho más apacible para el fiel aliado de Heisenberg” y “La última página del guión que se refiere al protagonista de la serie cierra con la expresión “He got away” (“El se escapó”). Con esto se sugiere que, a pesar de todas sus fechorías y de todo lo vivido, Walter sale airoso en el último capítulo cerrando así ‘Breaking Bad’ con un final feliz.”

Y ¿con esto a dónde quiero llegar? Soy perfectamente consciente de que el periodismo que nos vende Sorkin no existe, que errores en los medios los hay todos los días y probablemente más graves, pero yo hoy creo un poco menos en todas esas noticias que vienen del otro lado del charco y que alguien ha tenido que traducir. También creo un poco menos en los medios digitales, a los que le falta poner bajo su nombre la cruda realidad “Sólo queremos que entres y pinches, no nos importa lo que contamos”. Porque esa es la verdad. Hemos llegado a ese punto en el que sólo se trata de pinchar en las noticias, no de leerlas, de que cada vez más y más visitantes vengan a nuestra web, a ver nuestros vídeos en los que lo mismo pueden encontrar un perro demostrando extrañas habilidades que un tiroteo en algún lugar al otro lado del charco. Eso es lo que prima, eso es lo que queremos, no nos importa nuestra reputación y si alguna vez creímos en cualquiera de las románticas premisas de las que tanto alardeamos los periodistas vocacionales, hace tiempo que las matamos en pos de un buen número de visitas. Felicidades.

Felicidades también a los Community Managers, que no suelen atender a sus followers, y mucho menos cuando se trata de rectificar. Se limitan a escribir lo que quieren vender, y cuando no depende de ellos el error cometido (lo que hay dentro del enlace, lo que se ha puesto en otro sitio de la web, lo que se ha dicho en la radio) poco se puede hacer, porque son los menos los que están en su puesto para atender al lector/oyente y muchos los que están simplemente para vender un producto. Si tiene defectos, si a alguien no le gusta no importa, el click está hecho, uno más para la cuenta de resultados. Y de rectificar no hablamos. Más aplausos por favor.

Y mientras tanto valiosos profesionales se pierden entre las calles de este país, que saldrá de la crisis con gente dispuesta a hacer más por menos mientras los de arriba se llevan las ganancias que provoque la mejoría, en busca de un puesto al que no pueden acceder porque se ha adelantado alguien que conoce a alguien que conoce a alguien, porque sus pretensiones económicas (mil euros, ¿dónde vas?) son elevadas cuando una agencia de noticias y un copiador profesional (que los hay) puede hacerlo por tí o porque simplemente ¿quién necesita trabajadores cuando podemos tener becarios? Y quizá algún día miremos atrás y nos demos cuenta de que no somos periodistas, somos simples vendedores de titulares, que se transmiten de oreja a oreja, o con un simple retuit, creando una opinión, una corriente, unas visitas, que no querremos, no podremos, cambiar.

Sí, todo esto ha empezado por una serie, y porque algún día tendré que escuchar como un listo viene a contarme que el final de Breaking Bad que se vio no era el previsto, porque él leyó no sé dónde, no sé qué. Y a mí no me gusta que me engañen, ni pensar que hay por ahí gente engañada. Sea sobre series, sobre escuchas ilegales o sobre la reproducción de la marmota. Porque peor que no estar informado es estar desinformado.

P.D: Me encuentro con que en Vertele también se han preocupado por trasladar a sus lectores la segunda versión de la nota de Europa Press…. No salgo de mi asombro.