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Sherlock en la pequeña pantalla


Entre las variadas efemérides literarias que hemos celebrado este 2012 que ya termina, una de la últimas en llegar ha sido el 125 aniversario de la publicación, en el Beeton’s Christmas Annual británico, de Estudio en Escarlata, la obra con la que el mítico Sherlock Holmes llegaba al mundo literario. Escrita por Sir Arthur Conan Doyle, la novela ha sido adaptada en dos ocasiones para la gran pantalla y otras dos para la televisión. La última de ellas a cargo de Steven Moffat, que hizo una adaptación libre que Benedict Cumberbach y Martin Freeman llevaron a la televisión gracias a la BBC. Pero el detective más conocido de la literatura mundial ha aparecido en la pequeña pantalla en más ocasiones, e incluso hoy, a la vista del éxito obtenido por la producción de la cadena británica, es un recurso para las cadenas, confiadas en su éxito intrínseco.

Sherlock: A Study In Pink

La última cadena en subirse al carro de la deducción, la observación, las pistas y los detalles ha sido la CBS, con Elementary. La serie protagonizada por Lucy Liu y Jonny Lee Miller, da una vuelta de tuerca más al personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle en la Inglaterra de finales del siglo XIX, y lo sitúa en el Nueva York del siglo XXI, donde Watson es una mujer, y el excéntrico protagonista, un hombre brillante que acaba de salir de rehabilitación. Las buenas críticas cosechadas por la adaptación británica, han puesto aún más alto el listón para la serie de la CBS, y numerosos medios de comunicación se hicieron eco de las declaraciones de Benedict Cumberbatch sobre Elementary. A pesar de que posteriormente rectificó, diciendo que lo que detestaba era el hecho de que les comparasen porque son amigos, el intérprete comentó en una entrevista que las razones por las que Miller aceptó el personaje fueron puramente económicas.

Pero esta moda, como todas, no es nueva, y antes de que la BBC se interesase por recuperar las creaciones más conocidas de Sir Arthur Conan Doyle,  televisiones de todo el mundo ya habían buscado inspiración en sus libros. A finales de los años setenta, la Televisión Soviética emitió Las aventuras de Sherlock Holmes y el Dr. Watson, una serie compuesta por once películas para la televisión en la que Vasily Livanov daba vida al popular investigador. Por su parte, en 1984 fue la británica ITV la cadena encargada de emitir Sherlock Holmes, una adaptación compuesta por 41 episodios en los que, a lo largo de diez años, se trató de adaptar cada uno de los misterios publicados por el escritor escocés.

Las historias del investigador de Baker Street no solo han cobrado vida gracias a personajes de carne y hueso. A mediados de los ochenta, y de la mano de un estudio japonés, las aventuras de Sherlock se trasladaron a un mundo imaginario repleto de perros antropomorfos en Sherlock Hound. Precisamente en el país nipón no han permanecido ajenos al éxito del Sherlock de la BBC y recientemente se ha publicado un comic manga con ilustraciones de Cumberbatch y Martin Freeman, los actores protagonistas. Sea como fuere, quién le iba a decir a Doyle que más de un siglo después, su personaje más famoso iba a seguir estando de moda.

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Accused, la última joya británica


No sé vosotros, pero a mí cada vez me cuesta más encontrar una serie que me conquiste, me deje con la boca abierta y al finalizar me de ganas de aplaudir… E incluso podría atreverme a decir que en los últimos seis meses no ha habido ninguna producción nueva que me reafirme en ese mantra tan seriéfilo “Las series son mejores que el cine” y similares. Claro que si no estoy atenta, es posible que pase. Por fortuna, el destino quiso que la semana pasada, no sé gracias a quién pero desde aquí redundantes gracias, leí sobre Accused, la segunda entrega de una miniserie británica que fue emitida a mediados de agosto por la BBC. Cierto es que las producciones británicas tienen una dosis de dramatismo mayor que las americanas, pero la necesidad de probar no entiende de cielos plomizos, sentimientos contenidos y caracteres reservados. Afortunadamente.

Accused es una creación en formato miniserie de Jimmy McGovern estrenada en 2010 y que este verano ha contado con una nueva entrega, que paso a comentar. Formada por cuatro episodios, el primero independiente de los demás, esta producción plantea las historias de cuatro personas que están siendo juzgadas por diversos delitos. En cada capítulo el espectador descubre los hechos que llevan al protagonista a encontrarse entre rejas, mientras asistimos al juicio en el que se decidirá si continúa en prisión. El episodio finaliza con el veredicto del juez, el único personaje que aparece en todos ellos.

- Tracie´s Story. Un comienzo sorprendente en el que el espectador trata de asimilar que los míticos personajes a los que ha dado vida Sean Bean últimamente (Game Of Thrones), no tienen nada que ver con el profesor transexual (la rubia de la foto) protagonista de ésta historia a la que no puedes evitar engancharte. La personalidad de Simon, que así es como se llama el profesor, es tan atractiva como preocupante y gracias a un montaje que mantiene su calidad en el resto de los episodios, en los minutos finales es inevitable sentirse angustiado por el devenir de este hombre tan tozudo y como sensible. Tan brillante como la actuación de Bean es la de Stephen Graham (Snatch) aunque para mí es el primero el que gana la partida con la última secuencia dentro de la Corte. A pesar del sofocante paseo. Su fotografía y sus diálogos complementan esta maravilla que para mí es el mejor de los cuatro episodios.

- Mo and Sue´s Story. Otros sin embargo prefieren esta historia, asentada sobre dos mujeres, Mo y Sue, amigas y compañeras de trabajo, a las que el destino convierte, de la más estúpida y paradójica de las maneras, en irreconciliables enemigas. Al terminar el capítulo, resulta casi imposible no recordar que historias como las de Mo, las podemos encontrar en algunos de los peores asesinatos de éste o de cualquier otro país. El trabajo de las dos actrices principales, Anne-Marie Duff y Olivia Colman, así como el de Ruth Sheen, que encarna a la madre de la primera, dibuja un espléndido retrato del dolor, la condición humana y la amistad, sobre un paisaje desasosegante que ninguno querríamos para nosotros. Para finalizar, casi resulta imposible no enfadarse con lo injusto de un sistema en el que los instigadores de la situación siquiera llegan a sufrir levemente las consecuencias de sus actos.

- Stephen´s Story. Los fans de la alocada Misfits pueden disfrutar en éste capítulo de Robert Sheehan y sus grandes dotes interpretativas. El carismático actor se hace cargo del papel principal, Stephen, un joven emocionalmente inestable al que la muerte de su madre sumerge en una profunda espiral paranoica. Otra actuación brillante en la que el desequilibrio emocional juega una importante baza a la hora de juzgar todo lo que pasa entorno al protagonista, una atmósfera asfixiante en la que resulta difícil no imaginarse un trágico final. Sin embargo ésto no juega en su contra, y al final del episodio resulta inevitable sorprenderse y volver a plantearse cada una de las secuencias a las que acabamos de asistir.

-Tina´s Story. Por si teníamos poco con los tres capítulos anteriores, en el cuarto nos sumergimos por completo en el sistema carcelario británico, de la mano de Tina, una oficial de una prisión de menores a la que un descuido ajeno le hace replantearse su trabajo, un hecho que puede acabar costándole la cárcel. Una vez más, la trama se construye sobre un personaje que parece indefenso, un simple espectador de los hechos que suceden a su alrededor. Y como no, la ética y la justicia se ponen sobre la mesa, planteando un interesante debate acerca del sistema judicial, las consecuencias de nuestros actos y la condición humana.

Accused es en definitiva esa serie imprescindible que todos los amantes de la buena televisión deben ver y que no debe faltar en esa carpeta en la que todos guardamos las recomendaciones con las que sabemos que no vamos a fallar. Y también es esa producción que, inevitablemente y una vez más, te lleva a preguntarte por qué nosotros, que sólo vivimos a unos miles de kilómetros de los británicos y disfrutamos de un mejor clima, no sabemos/podemos/queremos hacer “cosas” como ésta. Véanla, hagan el favor.

Querida Romola Garai:


En los últimos meses eres para las series de televisión británicas un ingrediente imprescindible que añade valor a sus ya de por si preciados productos. A pesar de tu juventud somos muchos los que admiramos tu extensa carrera que se reparte, con más aciertos que errores, entre el cine y la televisión: Vanity Fair, Atonement o el innecesario remake de Dirty Dancing te dieron a conocer en la gran pantalla, mientras que británicos y seriéfilos en general te conocemos por tus destacados papeles en Emma, The Crimson Petal and the White y The Hour. Con tu pelo rubio, tu  cara limpia y tus labios carnosos tan pronto interpretas a Cordelia, como te metes en la piel de Cassandra Mortmain o das vida a una joven productora de la BBC en la crisis del Canal de Súez.

Y es en esta última, en The Hour, donde me has ganado para la causa, interpretando a la perseverante y enamoradiza Bel Rowley. Con Ben Whishaw y Dominic West como compañeros de reparto destacados, la serie de seis capítulos de duración y que ya ha confirmado su segunda temporada, ofrece a los espectadores un interesante triángulo amoroso envuelto en intrigas políticas y misteriosas muertes. Si al cocktail se le añade un toque años cincuenta y el atractivo de los espías de la época, el último estreno del verano de la BBC se convierte en un producto que ha finalizado cumpliendo las expectativas. A pesar de no ser muy Mad Men y sí un poco Rubicon y Studio 60.

Un papel más que sumar a tu fructífera carrera en el mundo de las miniseries que inauguraste en 2005 interpretando a Mary Bryant, una convicta de Cornwall enviada a Australia en el siglo XVII, en la producción australiana The Incredible Journey of Mary Bryant. En 2008 participaste en Great Perfomances, un programa legendario de la PBS en el que interpretaste a Cordelia en el episodio correspondiente al Rey Lear de Shakespeare. Por aquel entonces ya eras conocida por los amantes del cine gracias a la adaptación cinematográfica de la novela de Ian McEwan, Atonement, que recibió muy buenas críticas. Un año después llegaría Emma, la adaptación de la novela de Jane Austen en la que compartías cartel con Jonny Lee Mille y Michael Gambon, y el comienzo del idilio con la BBC. En The Crimson Petal and the White rejuveneciste con maldad e inocencia, al igual con The Hour te conviertes en la productora que todas quisiéramos ser y la mujer que nunca seremos.

Celosa de tu intimidad como eres, poco se puede comentar de tu vida privada, como tampoco se puede hacer de tus próximos proyectos, que no parecen ir más lejos de un par de películas británicas. Y hasta que regrese The Hour supongo que te dedicarás a cultivar tus mayores aficiones, cocinar y viajar, mientras quizá descubras el guión o la historia que te gustaría dirigir algún día. Hasta entonces, take care Moneypenny.

Querido Idris Elba:


¡Ay, que caprichosa la vida que ando rozando la treintena y escribo cartas a hombres llamados Idris! ¡Ay, que en menos de lo que canta un gallo la ficción te pasó al otro lado de la ley (y del charco) y tus fans te hemos visto tan alto, tan guapo y tan contundente que ya casi he olvidado tus gafitas de buen estudiante en The Wire! ¡Ay que se nos ha terminado el verano (meteorológicamente hablando) y todo lo que ha dicho la BBC sobre Luther es que volverá….¡¡¡con dos capítulos de larga duración!!!! ¡Ay qué voz, qué acento….! (que me pierdo)

Pues sí, querido Idrissa Akuna Elba, a veces cuesta llegar a hacer lo que quieres y darse a conocer, pero cuando llegas, incluso puedes ser el productor ejecutivo de una serie que tú mismo protagonices para la BBC…. Quién te lo iba a decir en 1988, cuando decidiste dejar la escuela a los dieciséis años y entrar en el National Youth Music Theatre, donde entre pequeños papeles y sesiones de DJ con las que te pagabas la carrera, perfeccionabas tus conocimientos interpretativos y musicales…. Pero como tu ambición y tu altura (casi 1,90) caminan parejos, en 1992 decidiste mudarte a la soñada Nueva York, aunque el destino no tuvo prisa.

Porque hasta que hiciste aquello con lo que te has dado a conocer al gran público pasaron 10 años, ocho de los cuales los viviste entre capítulos esporádicos y películas de sobremesa dominguera en Antena 3. Pero llegó David Simon con la Biblia bajo el brazo e hizo de ti todo un traficante con ínfulas de empresario inolvidable, Russell “Stringer” Bell. Tanta maldad, tantas miradas desde el otro lado de la mesa, con los dedos sujetando tu cara, tirado en la silla, tanta gravedad en esa pronunciación encantadora de palabras barriobajeras pero meditadas. ¡Ay The Wire!

Pero se acabó (lamentablemente, pero se acabó) y te acogieron con los brazos abiertos en otras series e incluso en el cine, donde Beyoncé hizo de ti un nuevo póster para jovencitas de gustos maduros pero poco más. Además de Obsessed se te ha podido ver en American Gangster y RocknRolla, mientras que en tu “materna” televisión has visitado The Office y The Big C, estos últimos por estrenar. Entre ambas tuviste tiempo de regresar a tu Londres natal y grabar seis capitulitos de esa mezcla entre Colombo y Sherlock Holmes (según su creador Neil Cross) llamada John Luther. En esta ocasión te haces cargo del papel de un detective atormentado, de principios cuestionables y en ocasiones sorprendentes, con una mujer a la que quieres enfermizamente, una admiradora enferma y una jefa a la que das más de un dolor de cabeza. Y las tres realizan grandes interpretaciones.

Y Luther también llegó a su fin, aunque como ya he comentado arriba, la BBC parece que a sucumbido a las peticiones, y tú también, que decías que querías “hacer otras series”, y le darán final (serio y definitivo) a la historia del detective inquieto y afligido más sexy de la televisión moderna. Tienes cositas pendientes en el cine pero ya sabes que a mí el cine me da cada vez más pereza… Te veré al otro lado del (espero) LCD, en 32″ donde seguro que aún estás más atractivo y tu voz suena aún más grave….

¡Ay, cómo te voy a echar de menos!