Amy Poehler

Parks and Recreation - Season 6

Parks & Recreation, apología de la felicidad


Al igual que sucede con el drama, dentro del complejo y difícil género de la comedia, existen subgéneros que definen el espíritu de la producción. No es lo mismo It’s Always Sunny in Philadelphia, con su mala baba y su sarcasmo, que la blanca y neutra Modern Family, o la descarnada Louie, por poner tres ejemplos. Son comedias, hacen reír, pero la sensación que dejan al final de los capítulos no es la misma. En mi breve pero intensa experiencia con este género, en el que hasta hace poco no encontraba nada que me llamase la atención, las mayores satisfacciones me las han aportado esas producciones que me reconcilian con la humanidad,  nos acercan historias interesantes, bonitas y cuidadas y te dejan con una sonrisa al final de cada capítulo. No niego que quizá son algo naif, inocentes e idílicas, pero ¿a quién no le gusta descubrir un grupo de gente adorable? Aunque los Chance forman parte, para mí, de ese tipo de personas, mi comedia feliz, por muy redundante que suene, es Parks & Recreation. Y aunque ya he hablado aquí de ella y ha quedado claro que es la comedia que todo el mundo debería ver, el reciente final de temporada hace necesaria una recapitulación.

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Porque tras este final que, una vez más, pudo ser el último, toca recordar por qué Parks & Recreation debería salir de ese lugar sombrío en el que permanecen las series que no se emiten en España, cada vez menos, y que además cuentan con un respaldo minoritario, ya sea por su temática o por su estilo. Son la minoría de las minorías, esas producciones de las que hablas con esos amigos que no forman parte de la fiebre seriéfila y no encuentras una sonrisa complice ni por equivocación. “¿Parks an’ qué?” Y tiene que dejar de vivir en la ignorancia porque es una serie equilibrada, redonda, que gira en torno a un grupo de personas en el que cada uno de ellos tiene una personalidad definida y peculiar, que con el paso de los capítulos han conseguido funcionar como una máquina perfectamente engrasada, en el que cada uno tiene su lugar y su momento, como si todos fuesen igual de importantes. Porque a pesar de que el pilar fundamental de la serie es Leslie Knope, el papel interpretado por Amy Poehler, esta mujer tan particular no sería la misma si los que la rodeasen fuesen otros. Y creo que esto es una evidencia si recordamos el salto de calidad que dio la serie al final de su segunda temporada.

Leslie es la amiga perfecta que todo el mundo quiere tener. Ben es el novio perfecto que toda chica quiere tener. Ron es el jefe con el que cualquiera sueña. April es la compañera tarada que cualquiera que quiera poner un poco de oscuridad en sus vidas debería tener. Y Tom el amigo pijo que te enseña los locales de moda. Donna es la que te prepara para ir a esos lugares, y Andy o Jerry (el fin es el mismo, sus personalidades son cuestión de matices) los que hacen que la noche, por alguna estúpida razón, sea memorable. Son el grupo de amigos ideal, fiel y dedicado que terminan convirtiéndose en un núcleo cuasi familiar en el que los roles varían ligeramente pero siempre están ahí. Y ya sea para ganar unas elecciones, celebrar unas navidades, montar un negocio o afrontar un embarazo, siempre están listos y dispuestos a echar una mano, cumplir con su papel y ayudar a un compañero, y un amigo, en lo que sea necesario. A pesar de que allá por agosto la marcha de Ann y Chris a algunos nos pudo parecer un error que pasaría factura, Parks & Recreation se ha repuesto a la marcha de los amigos más cercanos de Leslie y Ben sin dramatismos y sacando partido al resto de los personajes.

A pesar de que la temporada ha sido irregular, entre otras cosas porque la entrega previa había dejado el listón muy alto y debió de haber sido premiada con el Globo de Oro a la vez que su protagonista, el tramo final ha sido una sucesión genial de episodios que nos han situado ante uno de los mejores finales de temporada que recuerdo. Si bien es cierto que en capítulos previos la preparación del Unity Concert podía ser pesada, la espera ha merecido la pena, aunque sólo haya sido por volver a escuchar a Andy cantando de nuevo 5.000 Candles in the Wind. Y para entonces habíamos pasado una jornada gloriosa bebiendo vino de arándanos, habíamos visto el lado más paternal de Ron y habíamos vivido uno de los momentos más importantes en la vida de Leslie. Y hablado de Friday Night Lights, y absorbido toda la tensión a nuestro alrededor… (Ojo Spoilers) Del cameo presidencial qué podemos decir que no se haya dicho ya. Y del minuto final, con la gloriosa aparición de Jon Hamm, el flashforward y el flequillo de Leslie. (Fin Spoilers) Por cierto, para el que quiera saber más de los capítulos finales, o del futuro de la serie, os dejo aquí esta interesante entrevista con el creador de la serie Michael Schur. Que además de muchas curiosidades, cuenta que es más que probable que la próxima sea la última temporada de la serie. Algo que puede ser una necesidad, pero también es un hecho triste para todos aquellos que cada semana nos plantamos frente al televisor para ver a Leslie y disfrutar de nuestra comedia feliz. Esa que siempre quieres ver y que siempre terminas con una sonrisa.

 

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Lo de Letterman ya nos lo contó Louie


Anoche, a eso de las diez, desde el otro lado del Atlántico llegaba la noticia televisiva del día, y probablemente, (dejando finales aparte) de la semana. David Letterman ha decidido poner punto  final a tres décadas, la mitad de su vida, en televisión y decir adiós al programa que lleva su nombre. Tal y como el presentador explica, la decisión llegó cuando se dio cuenta de que estaba más preocupado por otras cosas, concretamente por la especie a la que pertenecía un pájaro que encontró cuando pescaba con su hijo, que por el programa que presentaba y dirigía y que le había llevado a compartir innumerables noches con millones de espectadores en treinta años.

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En enero de 2013 la tercera temporada de Louie llegaba a su fin, y lo hacía con un capítulo triple y una sorprendente huída a China. A pesar de que la visita al lejano oriente, con participación de Amy Poehler como hermana de Louie, resultó soprendente y emotiva, los fans del cómico nacido en Washington todavía estábamos tratando de asimilar el sorprendente giro que la vida de Louie había estado apunto de dar. A pesar de que no pasó de ser un bonito sueño, y una demostración del cainismo imperante en el mundo de la televisión, los tres episodios fueron la interesante y surrealista narración de cómo un humorista puede estar, más por necesidad que por gusto, en manos de una cadena de televisión y de sus deseos, sin importar que al otro lado hay una persona con sentimientos. Tosca, pero con sentimientos.

El trío de episodios comienza cuando, después de una actuación en Los Ángeles, Louie es invitado al programa de Jay Leno. Aunque el cómico no tiene muchas esperanzas de que en realidad lleguen a situarle delante de una cámara, porque esa noche Leno entrevistará a Tom Cruise, que suele extenderse en las entrevistas según le cuenta el hombre perteneciente al equipo del programa, los acontecimientos dan un giro increíble cuando el actor no aparece y Louie termina disponiendo del tiempo previsto para la estrella de Hollywood y para él. Y a pesar de los nervios triunfa. Al día siguiente el cómico descubre que se ha convertido en “tendencia”, a pesar de no tener muy claro qué es eso y que la CBS ha llamado a su joven agente para concertar una cita esa misma mañana. Cuando Louie, con las legañas todavía en los ojos se quiere dar cuenta de donde se encuentra, tiene al presidente de la CBS Lars Tardigan, encarnado por Garry Marshall, preguntándole si le interesaría trabajar con ellos ya que David Letterman se retira.

La sinceridad con la que Tardigan le repite que sólo le está preguntando si le interesa el trabajo, porque en realidad ya ha hablado con Jerry Seinfeld y el sería la primera opción, aunque más cara, así como la nobleza y crueldad con la que le hace ver que en realidad tampoco tiene nada mejor que hacer y no puede pasarse la vida siendo un comediante-viajero, provocan que lo que sería una buenísima noticia acabe convirtiéndose en un despiadado donativo del destino, que permite a este noble humorista situarse cerca, muy cerca, de la gloria televisiva. En el episodio siguiente el humorista utiliza la preocupación del tiempo que pasará con las niñas para tratar de encontrar una excusa que le obligue a rechazar la oferta, pero con total sinceridad su ex mujer le dice que no lo haga, que se lo merece tras tantos años de trabajo. Así que no le queda más remedio que entrenarse para el difícil reto de ocupar el lugar de David Letterman y visitar al excéntrico Jack Dahl, que al parecer le va a enseñar los entresijos de cualquier show nocturno.

En el mismo capítulo Jay Leno le llama para preguntarle si los rumores son verdad, y el cómico pelirrojo aprovecha para aprender de la experiencia de Leno y le pregunta si debería aceptar el trabajo, si es que se lo ofrecen. La respuesta del presentador, paradojicamente retirado, es que no. ante la incredulidad de Louie por la firmeza de Leno en su respuesta éste le recuerda que las modas son pasajeras y que aunque sobre el papel es muy divertido hacer un show nocturno todas las noches, hacer un monólogo diario de 14 minutos no lo es. A la franqueza de Leno se le unen alguna inesperada traición, los entrenadores sin piedad, la necesidad de convertirse físicamente en algo que nunca ha sido y la preocupación de sus hijas por el tiempo que no pasarán con él por culpa de este nuevo trabajo tan importante. Y todo para llegar a la última entrega convencido, preparado física y psicológicamente  para la prueba que le llevará a convertirse en presentador. Aunque en realidad la CBS no quiere realmente eso, y Louie sólo forma parte de la estrategia de la cadena para retener a su estrella imponiendo sus condiciones.

Más allá de que las diferencias son obvias, y la intención de Letterman tras el anuncio no parece que sea renegociar, sino decir adiós, los tres episodios de Louie son una interesante e inteligente muestra de cómo funciona el negocio de la televisión y la comedia, pero también de cómo merece la pena luchar, por muy duro que sea, por conseguir nuestros sueños. Porque aunque ese no sea el plan que las altas esferas tienen para tí, si lo haces bien, siempre podrás llevarte algo. O quitar algo. O demostrar algo. Después, y a pesar, de todo esto, no quiero terminar sin animaros, una vez más, a que veáis Louie. Que estáis a tiempo, justo antes de que regrese con su cuarta y esperada entrega. Que además de estas tres muestras tenéis otros treinta y seis interesantes episodios por delante. Vamos, no sé a qué estáis esperando!!!

71st Annual Golden Globe Awards Nominations

Globos de Oro 2014: las preguntas inconvenientes


He de confesar que ya no sé si veo las entregas de premios por pura curiosidad periodística y/o de aficionada, o porque simplemente disfruto con las decisiones que toma un conjunto de gente a la que les une, principalmente su profesión, sean guionistas, actores o periodistas extranjeros en Estados Unidos. Nunca un extranjero tuvo tanto poder en ese país… ¿O sí? El caso es que, una vez más, unidas las cabezas, emitidos los votos y hecho el recuento de cara a la entrega de premios que el próximo 12 de enero presentarán (Oh, Siiiiiiiii!!!!) Amy Poehler y Tina Fey, ha vuelto a salir un conjunto televisivo más bien extraño en el que, unas veces por la absurdez de las categorías en sí mismas, otras porque sobre gustos no hay nada escrito, los haters, los lovers, y otro millar de personas que vivimos para quejarnos por todo tenemos motivos para hacerlo. Si lo que simplenente os interesa es la listade nominados, la podéis encontrar aquí. Si soy más de cine aquí. Y si sabíais a lo que veníais, allá vamos.

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- (Me gustaría escribirlo en mayúsculas, para expresar mi verdadero cabreo, pero voy a contenerme por respeto a vuestros ojitos) ¿Kerry “morritos” Washington nominada como mejor actriz dramática y Lizzy Caplan, con su papelón de Virginia Johnson sentada en su casa? ¿En serio? ¿En que cabeza cabe? ¿Por qué? ¿Es que el esfuerzo interpretativo reside en las caritas, los enfados y los cabreos que derivan en calentones? ¿De verdad? ¿Es que vamos a tener que darle la razón a la amargada y moribunda doctora DePaul, y reconocer que en lo que respecta a esta serie los críticos han sido machistas?

- Porque aquí viene la siguiente ¿Allison Janney, la sufrida esposa del rector que es la viva imagen de lo que padecieron las mujeres maduras de su época se queda en su casa también? ¿Y ni siquiera puede con Zooey Deschanel por su papel en Mom? ¿Ni en drama, ni en comedia, ni en esa categoría obscena de actriz de reparto de la que hablaré después? ¿En serio?

- ¿Downton Abbey como mejor serie dramática? ¿En Serio? ¿Otra vez British Airways fletando un avión para que Fellowes y compañía se pasen una semanita de fiesta en fiesta en Los Ángeles y se vuelvan a casa sin nada? ¿Acaso no sería más lógico, puesto que es más nueva, más original y más coral haber nominado a Orange Is The New Black?

- Vaya por delante que la veo pero ¿tan buenos les han parecido a los votantes los primeros capítulos de Brooklyn Nine Nine, como para hacer un hueco en las mejores comedias? ¿Y Andy Samberg merece estar ahí más que Nick Offerman?

- ¿Qué categoría es esa en la que se juntan Monica Potter, Hayden Panettiere y Sofía Vergara? ¿Está escrito en algún sitio que Sofía Vergara tenga que estar nominada siempre, para que vaya a todas las ceremonias y así suba la audiencia masculina?

- ¿Y su versión masculina, con Aaron Paul, Rob Lowe, Josh Charles,  Jon Voight y Corey Stoll? ¿Son cuatro palmeros de Paul o darán la campanada?

- ¿Vale más el trabajo de James Spader en lo que se ha visto hasta ahora de The Blacklist que el temporadón de Jon Hamm en Mad Men, aunque volviese a irse de vacío?

- ¿Alguien ha visto Dancing on the Edge?

- ¿Para cuando una categoría de Bandas Sonoras de Series, que hace tiempo que suponen un gran esfuerzo, y dan muy buenos resultados?

- ¿Volverá Lena Dunham a llevarse dos premios y fastidiarnos la noche como el año pasado?

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Adiós al filibusterismo


Hace unos días los demócratas del Senado estadounidense decidieron limitar la capacidad de la minoria en la cámara. Si un legislador pedía continuar el debate sobre un nombramiento o pronunciaba una objeción de cualquier clase, la única forma de seguir adelante era si tres partes de la cámara votaban hacerlo. No es que este blog se haya vuelto político, sino que las tramas de las series con un alto componente gubernamental tienen ahora que despedirse de esas situaciones tan encantadoras llamadas filibusterismo. Si bien es cierto que para ejercer el filibusterismo no era necesario exclusivamente levantarse de la silla, hablar sin parar y atenerse a unas reglas que ponían a prueba la vejiga y el estómago de los objetantes, esta es la forma más común en la que los filibusteros han sido trasladados a la ficción. Las últimas producciones en hacerlo o tocar el tema del filibusterismo, han sido Parks and Recreation (en dos ocasiones) y Veep, donde Selina Meyer, al estilo demócrata de la últimas semanas, trataba de terminar con el filibusterismo. Quizá la primera vez que todos vimos un filibustero en la ficción fue en El Ala Oeste de la Casa Blanca, con el entrañable aunque cansino senador Howard Stackhouse.

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- Parks And Recreation. La comedia protagonizada por Amy Poehler utilizó el filibusterismo como argumento en el decimonoveno episodio de la quinta temporada, titulado Article Two. En él Patton Oswalt, actor invitado que debería volver a Pawnee esta temporada, interpreta a un fanático de la historia de la ciudad… Y de Star Wars y la Marvel. Y es que el personaje que interpreta, Garth Blundin se opone a la propuesta de Leslie que consiste en revocar 110 leyes obsoletas, después de que ella misma se de cuenta que la localidad no puede seguir trabajando con una legislación de hace siglos. Para detener la votación sobre la revocación de las leyes el personaje de Oswalt se acoge a la posibilidad de ejercer el filibusterismo, negándose a ceder su turno para así no poder votar el nuevo proyecto de ley. Y su filibusterismo consiste en compartir con los presentes algunas de las ideas que tiene para el séptimo episodio de la Guerra de las Galaxias, del que está al cargo J.J. Abrams. A pesar de que en el episodio apenas se recogen cuarenta segundos de su “speech”, en el que por cierto se puede ver a Knope hablando del retraso que supone el filibusterismo, el parlamento de Blundin duró ocho minutos, y podéis disfrutarlo aquí.

En el reciente episodio seis de la sexta temporada, es la propia Leslie quien recurre al filibusterismo, muy a pesar de Ben y su fiesta de cumpleaños. Y es que el malvado concejal Jamm convoca una sesión especial para plantear la posibilidad de que en las próximas elecciones de Pawnee sólo voten los ciudadanos que residan en una calle de la localidad, no los que son de la recién anexionada Eagleton. Leslie se opone y reconoce que se acogerá a la maniobra de dilación para que la votación no tenga lugar durante el resto de la sesión… Y todo ello mientras está subida a unos patines, lo cual hace del filibusterismo algo mucho más complicado que habitualmente, donde va a parar… Durante algunas secuencias podemos ver a Leslie patinando por la sala del consejo de la ciudad mientras les cuenta sus inicios en el mundo electoral, votando por “Mildred” su cerdito de peluche, que finalmente fue derrotado por su gato Pancakes porque tenía más presupuesto… Cansada de los patines decide quitárselos, lo cual le supone una de las tres amonestaciones permitidas. La segunda llega cuando recibe ayuda de Ben en forma de avión de papel, haciéndole saber que quizá las cosas no salgan como ella espera aunque cuente con el apoyo eagletoniano y afortunadamente, y a pesar de las tentaciones de Jamm en forma de refrescantes granizados de margaritas, consigue terminar sin recibir una tercera, aunque con muchas muchas ganas de ir al baño. Tal y como reconocieron los creadores de la serie, esta trama se inspiró en la filibustera Wendy Davis.

- Veep: En el segundo episodio de la primera temporada Selina Meyers mantiene conversaciones con senadores para sacar adelante el proyecto antifilibusterismo, o como ella y su equipo denominan, terminar con el “desatasco de dilataciones” (en la versión doblada). Para conseguir el apoyo de un representante importante, el senador Doyle, Selina se ofrece a conseguirle cualquier cosa que necesite, incluso apoyo para su reelección. Sin embargo él lo rechaza, le pide algo que no puede conseguir sin estropear el trabajo de su equipo y además le dice que conseguir acabar con el filibusterismo es como “persuadir a alguien para que se pegue un puñetazo en la cara”. Que probablemente sea lo que los demócratas sientan que han hecho dentro de unos años, cuando los republicanos regresen al poder. Con la habilidad que le caracteriza a Selina, las negociaciones quedan estancadas cuando el apoyo del senador queda condicionado al trabajo de Selina en otro ámbito, totalmente diferente y en el que la Vicepresidenta no puede hacer demasiado.

- El Ala Oeste de la Casa Blanca. El 14 de marzo de 2001 llegaba, probablemente, el primer filibustero de ficción a la pequeña pantalla. A pesar de que todo el equipo del presidente Bartlet está deseando marcharse a comenzar el fin de semana, el senador por Minnesota, Howard Stackhouse, no parece muy dispuesto a ello. Porque como dice el Presidente, “No subestimes la voluntad de un abuelo”. El anciano, para alcanzar las once de la noche, la fecha límite con la que provocar el suspenso de la votación contra una ley sobre salud infantil, comienza leyendo un libro de recetas, posteriormente se lanza a deleitar a los oyentes con un manuel de naipes y con algo más de enjundia, por último, decide leer un libro de Dickens. CJ, que alega que el filibusterismo es la democracia en estado puro, debe hacer frente a las quejas de todos sus compañeros y de la prensa, que tienen interesantísimos planes por delante. A ella todo lo que le queda es escribir a su padre contándole lo que sucede y la razón por la que llegará tarde a su cumpleaños. Cuando el Presidente descubre las motivaciones que han llevado a Stackhouse a permanecer allí, contra viento y marea, resitiendo al hambre, la sed, o las ganas de ir al baño, decide echarle una mano, en forma de pregunta dividida en 20 partes diferentes, ante las que “quizá el senador quiera sentarse y beber un poco de agua”.

Si bien es cierto que la última es una visión romántica de las altas esferas políticas, y las tres primeras son las versiones gamberras… ¿Que será ahora de las minorías protestonas? ¿Sirve de algo formar parte de la minoría? ¿Los republicanos han desvirtuado y utilizado tanto el obstruccionismo que han terminado matándolo? ¿De donde vendrán ahora las tramas políticamente alocadas? Ay, la democracia, a veces tan poco democrática, tan previsible, tan abusona.