Aaron Sorkin

Sorkin, creator and executive producer, and actors Daniels, Waterston, Munn and Patel arrive for the season 2 premiere of their HBO drama series "The Newsroom" in Hollywood

Querido Aaron Sorkin:


Si la NBC no hubiese decidido suspender Studio 60, si la HBO no fuese tan inteligente, eligiendo a los mejores, si no hubiese renovado por una temporada más tu última y no perfecta criatura, es probable que yo no estuviese aquí, escribiendo sobre lo paradójico que resulta que The Newsroom y tú hayáis regresado justo ahora. Ahora que en este santo país resulta imposible ver un informativo sin una pieza que gire entorno a política y corrupción, ahora que, cuando no la hay, el periodismo se centra en contar hechos sin interés, en lugar de buscar historias que lo tengan, ahora que el periodismo español de derechas se atrinchera, escorándose tanto en sus posturas que es probable que terminen haciéndose sangre. La viva imagen de la corrección política, y el gran crítico con los medios, que siempre sueña con una profesión mejor, regresa ahora, cuando peor nos viene a todos que nos saquen los colores.

writers-620x349

Por desgracia, la destreza con la que manejabas las historias políticas en la tan añorada The West Wing no ha sabido dar el salto al mundo del periodismo, y aunque es pronto para determinar si has mejorado o no, hay cosas que no me hacen ser muy optimista. Más allá incluso del pelo de Maggie Jordan, del que para saber más tendremos que esperar, aunque también soy pesimista. Por comenzar por algún lado, la paciente calma en la que Will quiere asentarse, ofendido porque le consideran el enemigo, sospecho que acabará convirtiéndose en un volcán que, en el peor momento, termine entrando en erupción. Con la destreza de McHale intacta, y ahí está Washington para confirmarlo y la cartera de Will para sentirlo, la última mirada que éste le echa en el bar, y la preocupación que ambos demuestran por el otro, me hacen temer otro “perro del hortelano” en cuanto se presente la ocasión. Por favor, no lo hagas, más no.

Los jóvenes siguen con sus locuras, con Jim cogiendo autobuses para olvidar, Maggie comportándose como la joven insegura y desquiciada que parece ser y Neal proponiendo historias incomprendidas. Con las palabras que el redactor intercambia con la representante del movimiento “Ocuppy Wall Street” lanzas un cariñoso saludo a todos aquellos que creyeron en la “primavera árabe en América”, aunque tu interés principal son los drones, algo que a la vista de las preocupaciones actuales de Obama es un acierto, probablemente casual. Es obvio que nos has dejado con la miel en los labios y tendremos que esperar uno o dos capítulos para saber dónde nos llevas, lo cual no hace si no aumentar mi inquietud ante tus declaraciones a Hollywood Reporter sobre tus contratiempos con los tres primeros episodios. Y es que rehacer los dos primeros  porque si no habría “un problema estructural con el resto de la temporada” no es precisamente alentador a la vista de como se encuentra la trama.

Tengo la esperanza de que algún día nos cuentes qué te llevó a hacer los cambios, y saber así si sacrificaste un episodio para bien, o para mal. Al igual que espero que el Sr. Costos, uno de los pesos pesados de la cadena en la que trabajas, y ahora embajador en este santo país, te escriba mails todas las noches contándote lo entretenidas que son las cosas por aquí, animándote a llevarlas a la pantalla, aunque sólo sea como venganza por nuestra actitud ante la piratería. Por cierto, las palabras de la Sra. Lansing sobre el dinero que pierde la cadena precisamente por eso ¿eran un cariñoso saludo hacia alguien en especial? En fin, cuídate mucho y sigue al hilo de la información, porque aunque las pegas estén ahí, soy optimista respecto a la renovación. Pueden sobrarnos las relaciones sentimentales, puede inquietarnos la moralina, pero ese amor por los diálogos perfectos, esa fe en el periodismo ideal y ese empeño por buscar la sonrisa cómplice final, nos mantendrán, una temporada más, al otro lado de la pantalla. Nosotros, los espectadores, somos así.

106772

La realidad y la credibilidad


La comunidad seriéfila lleva varias semanas, casi tantas como tiempo lleva en emisión, teniendo conversaciones (unas más sesudas e importantes que otras) sobre la verosimilitud y la credibilidad de los hechos que suceden en The Newsroom, una serie que trata de reflejar el trabajo de una redacción de noticias de un importante grupo de comunicación…. Por si esto fuese poco, desde la emisión del quinto capítulo de la quinta temporada de Breaking Bad anda el personal revuelto, aquí y en los States, preguntándose si Gilligan se ha rendido a los pies de la inverosimilitud, defraudándonos a todos un poco. Y qué queréis que os diga, pero a mí me parece que lo que necesitamos es que la temporada empiece ya para así poder tener cosas verdaderamente importantes sobre las que escribir (sic). Porque preguntarnos por la verosimilitud de obras de ficción es, o eso creo yo, un acto hipócrita y aleatorio, ya que ficción son muchas de las series que vemos y sin embargo no es una queja que esgrimamos con cada una de ellas.

The Newsroom es creíble, como antes lo fueron The West Wing o Studio 60 por citar dos de los trabajos de Sorkin, pero difícilmente es verosímil o admisible como real. ¿Por qué? Porque resulta difícil creer, por ejemplo, que haya nadie en el mundo con contactos tan fabulosos como los de Jim, y más si vienes de pasar una buena temporada en la otra punta del mundo, un jefe tan arriesgado y simpático como Charlie, o un tipo tan cínico como Will. Por no hablar de la capacidad de unión de esa redacción, que va en masa a festejar el cumpleaños de su jefe a su casa o sacrifican un domingo para saber más sobre el Hombre de las Nieves. Porque ahí es cuando Sorkin demuestra que la veracidad no tiene porqué destrozarte una buena historia, si la quieres contar y tienes medios para hacerlo. El tiroteo de Tucson en el que resultó gravemente herida la congresista Giffords y la captura de Bin Laden fueron dos de los hechos informativamente más relevantes de la temporada pasada en Estados Unidos, y el creador no ha querido renunciar a ellos, a pesar de lo desfavorable del calendario.

Sorkin ha intentado aclarar que “el espectáculo está destinado a ser una fantasía desde la que hacer frente a problemas serios…” y que si parece y se siente como real, ¿por qué no va a ser real? Ciñéndome a los argumentos antes expuestos, la respuesta es muy simple: por mucho que a algunos les gustaría estar al pie del cañón en todas las noticias importantes, las redacciones tienen sus equipos, sus programas y sus turnos. Y respecto al hecho de hacer frente a los problemas serios, no se entiende porqué no ha reescrito y ficcionado todas los hechos relevantes, como ya hiciera en The West Wing, desentendiéndose así del pesado, dañino y utilizable, lastre de la veracidad.

Breaking Bad también es creíble, adoro a Walter White y como ha quedado sobradamente demostrado aquí mismo, para mí es la mejor serie que se emite en la actualidad. Pero en ningún momento he llegado a creer que existe alguien como este profesor de química de Albuquerque, que durante un año ha vivido impunemente, una vida más propia de un moderno “Billy el Niño” que del mortal que supone ser. Es posible, claro que sí, como lo son un buen puñado de historias sorprendentes que cada año descubrimos gracias a conversaciones con nuestro vecino, nuestros amigos o en los medios de comunicación, pero son hechos muy puntuales que nuestra conciencia y nuestro conocimiento de la “vida real” califica como poco probables. Así que cuestionar ahora si la escena del tren y los bidones es tramposa, por aquello de lo casual de la posición de los mismos (que para mí no lo es) es ridículo, y más después del final de la cuarta temporada, la escena del aparcamiento y los gemelos, o un buen puñado de hechos delictivos de los que los protagonistas salen indemnes sin apenas despeinarse.

Hace poco más de una semana Vince Gilligan le contó a Conan O´Brien en la TBS que la idea central de Breaking Bad surgió gracias a una noticia del New York Times, que describía la historia de un hombre que fabricaba metanfetaminas en una caravana. Desde ahí, los personajes y las tramas fueron tomando forma en su cabeza, y en las de los siete guionistas. Así que nuestro querido Walter es fruto de la unión de muchas cabezas pensantes, con sus ideas locas, y un traficante con poca fortuna, al que se le añadió una terrible enfermedad y con ello una premisa inicial con la que “justificar” el devenir de los acontecimientos.

La ficción es ficción porque, obviamente, no es real, y si una producción es otra cosa, lo especifica o tiene otro nombre. Para mí son tan creíbles The Newsroom y Breaking Bad como lo pudieron ser, por ejemplo, Friends o The Wire. Porque, desde el cariño, no concibo que seis personas convivan tanto tiempo de una manera tan feliz ni que los policías, ni esos, ni ningunos, sean tan oportunamente brillantes. Pero no por ello me molesto en pensar  en la veracidad de cada uno de los hechos que me cuenta, como cuando veo un documental, o las noticias. Puedo creérmelo o no, pero en ningún caso tengo razones para pensar que es real. Y por lo tanto, no le exijo que, constantemente, se ciña a la pura realidad.

sorkin

Tiembla tele, vuelve Sorkin


Un mes, (¡sólo un mes!), falta para que se produzca el regreso a la televisión, un lustro después de su último trabajo, de uno de los guionistas más reputados de los últimos años, Aaron Sorkin. El padre de El Ala Oeste de la Casa Blanca vuelve por todo lo alto, ya que la cadena encargada de poner en el aire su nuevo proyecto será HBO. The Newsroom  es el cuarto trabajo para la pequeña pantalla del guionista y productor neoyorquino, que seis años después de debutar en el cine con el guión de Algunos Hombres Buenos, llegaba a la televisión para convertirse, con tiempo y trabajo, en una referencia del medio.

Ese mismo medio es el que en muchas ocasiones Sorkin ha utilizado como núcleo central de sus historias, que igualmente han llegado a reflejar momentos biográficos de su vida. The Newsroom será la tercera producción sobre la televisión del también actor, que en 1998 debutaba en la pequeña pantalla con el guión de Sports Night, y en 2006 volvía a probar suerte con la metatelevisión, en esta ocasión con Studio 60. Si la primera se ocupaba de narrar, en tono de comedia, los entresijos de un programa de deportes de televisión, la segunda era una dramedia que se adentraba en el mundillo del late-night.

Tras su exitoso descanso en el cine, que le ha servido para ganar un Oscar con el guión de La red social y obtener una nominación con Moneyball, Sorkin nos contará en su nuevo trabajo  la historia de Will McAvoy, presentador estrella de un programa de noticias. El elegido para este papel es Jeff Daniels, que interpretará, según hemos podido ver en el trailer, a un hombre con carácter que deberá afrontar las consecuencias de expresar sus opiniones personales. Si bien la premisa no es nueva, ya que Studio 60 comenzó con un ataque de sinceridad del creador del show, resulta llamativa la confianza depositada en un único actor protagonista. Y es que si Sports Night Sorkin descargaba sus tramas sobre los personajes de Casey McCall (Peter Krause) y Dan Rydell (Josh Charles) en Studio 60 lo hacía sobre Matt Albie (Matthew Perry) y Danny Tripp (Bradley Withford).

Para preparar su nuevo trabajo Aaron Sorkin se ha inspirado en dos figuras periodísticas estadounidenses: Chris Matthews y Keith Olbermann. Si el primero se mantiene al frente de su propio programa desde 1997, el segundo cuenta con un largo historial de desavenencias con las cadenas para las que trabaja. En 2010 fue suspendido por la MSNBC, al realizar donaciones sin permiso a candidatos demócratas y hace unos días ha sido despedido de Current TV porque “ya no refleja los valores de la cadena”. Lo que parece innegable es que el maestro del walk-talk que caracteriza las trepidantes secuencias de sus series, regresa con la dosis de crítica habitual, en las que medios, anunciantes, directores de cadenas de televisión, público y creadores son sus objetivos habituales. En The Newsroom la actriz Jane Fonda, ex mujer del creador de la CNN Ted Turner, encarnará a Leona Lansing, propietaria de la cadena que emite el programa de McAvoy. Cosas de Sorkin.

The West Wing, la mediana de las Sorkin


Anda Aaron Sorkin en boca de todo el mundo cinematográfico y a mí me ha dado hoy por recordarle  aquello que le dio a conocer para la mayor parte de los amantes de la ficción audiovisual, sin menospreciar A Few Good Men. Porque hace ya bastantes meses que me dio por curiosear qué se cocía dentro de una Casa Blanca de la que todo el mundo hablaba bien, aunque como algo viejo y quizá menor. Yo me animé por la misma razón por la que me embarqué en el mundo Soprano, porque no puedo decir que mi mayor hobby son las series cuando no he visto todas aquellas producciones que aunque ahora las encuentras en la tienda y no en la tele, no han dejado de pertenecer a la Congregación de las Series Imprescindibles.

The West Wing pretendía ser la historia del Ayudante del Director de Comunicaciones de la Casa Blanca, en el papel Rob Lowe, y se convirtió quizá sin querer, y antes de empezar, en una serie coral. Así la Secretaria de Prensa, Allison Janney, el Director de Comunicaciones, Richard Schiff, el Jefe de Gabinete, John Spencer o su Ayudante,  Bradley Whitford tienen la misma importancia en la trama como el propio presidente de los Estados Unidos, que por cierto le va como anillo al dedo a mi querido Martin Sheen. A su alrededor Dulé Hill en el papel de Ayudante Personal del Presidente, Elisabeth Moss como hija  de éste y la veterana Stockard Channing como su esposa completan unas tramas en las que se entrelazan los problemas personales con la política de las más altas esferas.

Porque The West Wing trata ante todo de descubrir esa Casa Blanca que a los estadounidenses les inspira tanto respeto, y en ocasiones confianza, y al resto del mundo curiosidad por saber quién y cómo cocina el menú diario mundial. La política interna de los Estados Unidos, la complejidad partidista de Senado y Congreso o la dificultad de sacar adelante ciertas leyes resultan en ocasiones desconocidas para el espectador que no sea especialista en el tema. A cambio se descubren los verdaderos protagonistas de la historia, las pequeñeces que salpican la política de chismorreos propios de la moral americana, las alianzas en la sombra, las estrategias a seguir… Esas cosas que no ocupan ni un minuto de los informativos porque otras noticias más importantes lo hacen (sic).

Dado que no voy a descubrir a Sorkin, porque ya lo hice aquí, ni la calidad de sus guiones, sólo me queda recomendar  The West Wing porque más allá de  situaciones que son demasiados serias o complejas, demasiado políticas o demasiado “americanas” hay personajes que se desviven por la oratoria, que se atienen a las consecuencias por muy duras que sean, que se enfrentan a sus miedos y continúan hacia delante. Gente apasionada tratando de ganar al enemigo, sea quien sea.

Una Sorkin, de toda la vida.