Forever: El inmortal Dr. Morgan


Forever

A pesar de que las series procedimentales puedan ser para muchos la hermana fea y aburrida de la familia de las producciones televisivas, éste género nacido para el entretenimiento y distracción de los espectadores también es merecedor de consideraciones que no  les encasillen  en un mismo, y despreciado, grupo. Porque los procedimentales también se pueden hacer muy bien o muy mal, dependiendo de la profesionalidad y la calidad de los elementos que hagan de la producción algo respetable. En la temporada 2014-2015 este tipo de series autoconclusivas vuelven a estar en la parrilla de varias cadenas, aunque buena parte de ellas no alcanzan al nivel cualitativo deseable. Y así, entre adaptaciones españolas francamente mejorables, o descafeinadas versiones televisivas de cómics, sin duda mi preferida ha llegado de la mano de ABC y el Dr. Henry Morgan, con la producción titulada Forever.

Creada por Matt Miller, que también ha escrito guiones de Chuck, 666 Park Avenue o Las Vegas, la serie protagonizada por Ioan Gruffudd y Alana De la Garza se centra en la histora del Dr. Morgan, un hombre peculiar que desde hace dos siglos aparece desnudo en el East River, vivito y coleando, cada vez que pierde la vida, ya sea accidental o premeditadamente. Mientras trata de desentrañar el misterio de su inmortalidad, Morgan trabaja para la oficina del forense de la ciudad de Nueva York, y en sus ratos libres, deseoso de desentrañar su maldición, se convierte cómo el mismo explica en el comienzo de los episodios, en un estudiante de la muerte. El destino pone en el camino de Henry a la detective Jo Martinez, quién asombrada por sus capacidades deductivas desarrolladas y perfeccionadas durante doscientos años, decide convertirle en su forense de cabecera. Y juntos se dedican a tratar de atrapar a los asesinos y criminales de la ciudad de Nueva York.

Pero la producción no se limita a ser un procedimental policíaco al uso, y gracias al extenso y tumultoso pasado de Henry,  las tramas sobre las que gira cada capítulo cuentan con componentes históricos que enriquecen la historia casi tanto como dos de sus personajes secundarios más interesantes, el ayudante de Morgan, Lucas Wahl, y (llamémosle así para no romper el encanto) su compañero de piso Abe, interpretado por el veterano Judd Hirsch. El excelente engranaje de los cuatro personajes, la química existente entre la pareja protagonista, una cuidada producción y un guión que no se ríe de la inteligencia del espectador y trata de ser original, hacen de Forever una serie interesente y apetecible que bien merece una oportunidad. En España la serie se estrena esta noche, 27 de octubre, en AXN. Para que luego no le tengáis que decir a vuestros amigos seriéfilos que no sabéis quien es Henry Morgan.

My name is Henry Morgan. My story is a long one. It might sound a bit implausible. Infact, you probably won’t belive it but i’ll tell you anyway because beyond all else I have lots, lots of time.”

Ojalá ABC también tenga mucho mucho tiempo para las historias del Dr. Morgan…

Terrorismo capilar seriéfilo


El mundo de la televisión cada vez se preocupa más por cuidar aspectos de las series que sin ser primordiales ayudan a hacer de las series productos de gran calidad. Desde la ambientación y la decoración, pasando por el vestuario o el maquillaje, en una buena serie todo se cuida hasta el más mínimo detalle, no vaya a ser que luego los fans estén demasiado atentos y ocurran desastres como el de la fotografía promocional de Donwton Abbey. Sin embargo, y a pesar de que también encontramos ejemplos de lo contrario, últimamente parece que la peluquería no está siendo un asunto que se tenga demasiado en cuenta a la hora de dotar a un personaje de un estilo propio y coherente, y hay varios casos que bien merecerían que el Sindicato de Peluqueros ofreciese unas cuantas explicaciones.

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- Alan Cumming. Eli Gold. The Good Wife.

El personaje masculino más interesante de la serie creada por los King ha experimentado un cambio cromático en su cabellera que, a mi modo de ver, no le favorece nada. Desde el décimo noveno episodio de la quinta temporada Eli Gold ha abandonado sus incipientes y atractivas canas, tiñéndoselas de un color quizá demasiado oscuro que resta años a su personaje, pero quizá también personalidad. Si bien es cierto que no me consta si la decisión fue del actor, de los compromisos teatrales de éste o de los creadores, in my opinion, habría sido deseable una referencia al inesperado cambio de look. Que todo sea dicho, ni siquiera parece algo propio del personaje que se nos traslada en la pantalla.

- Mi recomendación: Ya puestos a perder la cabeza con el tema, y dado que el actor ha recuperado un color similar al suyo, deberían seguir innovando y las peluqueras del equipo de The Good Wife tendrían que recuperar algunos de los looks de juventud de Cumming.

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- Corey Stoll. Ephraim Goodweather. The Strain.

Debo confesar que me costó darme cuenta de que al lampiño doctor del CDC le habían calzado una escandalosa peluca, que conforme avanzaban los episodios era más evidente y desastrosa. No he sido capaz de encontrar las secuencias, pero en algunas de ellas lo menos descabellado era pensar que el bisoñé terminaría cayendo de la cabeza de Stoll, o que el equipo de peluquería de la serie estaba de huelga durante el rodaje de la serie. Algo tan exagerado que incluso los productores ejecutivos de la serie tuvieron que explicar por qué decidieron que Goodweather tendría pelo cuando el actor que lo interpreta es taaaaan calvo. Al parecer es cosa del cambio que, en algún momento, experimentará el personaje. Esperemos que se produzca pronto.

- Mi recomendación: Si el cambio no se produce en los primeros episodios de la segunda entrega, sería comprensible que recurriesen a un terrible ataque de piojos para dejar la cabeza de Stoll reluciente. O simplemente que cambien de peluquero. O de alfombrilla.

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- Jeff Perry. Cyrus Beene. Scandal.

El jefe de personal de la Casa Blanca, y mano derecha del presidente, ha vuelto en la cuarta entrega de la serie con un look tan despeinado como desconcertante. Viendo el personaje interpretado por Perry, el espectador no sabe si Beene ha decidido dejar patente su condición homosexual, así a lo loco, o si la muerte de su pareja ha hecho de él un hombre dejado y sin ganas de ir a recortar un poco esas puntas traicioneras que crean sobre su cabeza lo más parecido a un nido de pájaros. Por supuesto, los fans de la serie no dudaron en expresar su estupefacción en las redes sociales ante el inexplicable e innecesario cambio, y hubo quién incluso preguntó, muy acertadamente, si Portia de Rossi, recién incorporada al reparto de la serie, y él, lucían exactamente el mismo peinado.

- Mi recomendación: La locura dificílmente se puede llevar más al límite, a no ser que optemos por el tinte rosa, por lo que sólo cabe rogar encarecidamente al responsable de peluquería que por favor devuelva al jefe de personal su antigua cabellera.

- Kathy Bates. Effil Darling. American Horror Story: Freak Show

Aunque los precedentes, y las referencias, de mujeres barbudas televisivas son más bien escasas, el postizo que luce Kathy Bates en la última entrega de la serie de Ryan Murphy es mejorable. Su aspecto ralo y rizado sólo contribuyen a convertirlo en una maraña confusa que además destaca excesivamente si nos fijamos en las canas que luce en la cabeza Bates. Hubiese sido mucho más recomendable que los encargados de la caracterización no hubiesen sucumbido al pánico cuando se enteraron que tendrían que “crear” una mujer barbuda, y en vez de coger el primer cepillo que encontraron se hubiesen fijado, como no, en la mujer barbuda de Carnivale. Tampoco es la quinta esencia de las barbas femeninas, pero despista menos, que no es poco. Y así quizá las publicaciones femeninas no tendrían que preguntar su opinión a expertas en la materia.

- Mi recomendación: Puesto que la barba forma parte del espectáculo, y el rasurado queda descartado, sería recomendable que Murphy introdujera de alguna forma los tintes de los años 50 en la trama, y la señora Darling por lo menos luciese cabellos del mismo color en su cara. Aunque hay quien arriesga un poco más y propone un cambio con Stoll.

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- The Americans. (En general)

Si bien es cierto que el desastre peluquil de la serie protagonizada por Keri Russell y Matthew Rhys es una parte inherente a la trama, y a la vida del espía de los años ochenta, las pelucas de The Americans tienen tanta importancia en la historia que cuenta como cualquiera de los personajes. Como lo denominaron el Vulture la producción es una auténtica orgía de la peluca, y las cifras lo avalan. Según Peg Schierholz, responsable del departamento de peluquería de la serie, sólo en la primera temporada se utilizaron 27 peluquines, que formaron parte de caracterizaciones a las que se les puso nombre propio. En la segunda la cifra se rebasó antes de llegar al décimo capítulo. Esos disfraces creados para las labores como agentes de los personajes, según cuenta Schierholz en la misma entrevista de Entertainment Weekly, están inspiradas en imágenes de archivo de personas de los años 80. Y claro, los 80 fueron lo que fueron en lo que se refiere al mundo de la moda.

- Mi recomendación: Que se mantenga el tono en la próxima temporada, que para cualquier producción es saludable tener algo que le otorgue identidad propia. Por muy ochentero que sea.

FARGO

Calgary, escenario de Fargo


El domingo 12 de octubre los seriéfilos tienen una cita ineludible en nuestro país, ya que Canal + Series comenzará a emitir una de las mejores series de 2014, Fargo. La serie escrita por Noah Hawley e inspirada en la película de 1996 del mismo nombre, creada por los hermanos Coen, se proclamó vencedora del Emmy a la mejor miniserie en la última gala de los premios de la televisón y lo hizo merecidamente. Algo que en realidad pocos esperaban cuando FX anunció que se haría cargo de la emisión de la adaptación para la pequeña pantalla del alabado largometraje. Pero tanto el guión, como la puesta en escena o sus interpretaciones, prácticamente todas ellas, han alcanzado un nivel sobresaliente que ha terminado otorgando prestigio a aquellos que han participado en la producción.

Desde sus atractivos y embaucadores segundos iniciales, cuando nos situamos ante el “caso real” Fargo se preocupa por trasladar al espectador el ambiente frío y asfixiante que fue seña de identidad de la historia original, y consigue conquistarle gracias a sus bellos planos generales, su trabajada ambientación y sus acertadas localizaciones. Para ello, y una vez más gracias a los incentivos fiscales, la producción se trasladó no a Dakota del Norte, donde se encuentra la ciudad en la que se desarrolla la acción, sino a la ciudad de Calgary, situada en la provincia canadiense de Alberta. Situada a 80 kilómetros al este de las Montañas Rocosas, la ciudad también conocida como el corazón del Nuevo Oeste apenas supera el millón de habitantes y en los meses de invierno la temperatura mínima rebasa los treinta grados bajo cero. Algo que sin duda sufrieron el equipo y los actores de la producción, que se grabó entre noviembre de 2013 y abril de 2014.

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Uno de los locales que podemos ver en la serie en varias ocasiones es el Lou’s Diner, el local regentado por el padre de Molly, Lou Solverson. Si en la ficción este modesto restaurante típico estadounidense se encuentra en la localidad de Bemidji, en la realidad podemos encontrarlo en el 6805 de Ogden Road en la zona sureste de Calgary, bajo el nombre de The Smokehouse Diner. Otro de los bares que aparecen en la serie es el local en el que se pelean Numbers y Wrench, y que podemos encontrar en el 619 de la avenida 36, al noreste de la ciudad, bajo el nombre de Swig & Swine Bar and Grill. Pero si lo que nos interesa es visitar el garito en el que Malvo se deshace de Sam Hess tendremos que dirigirnos al pub Border Crossing, situado en el 1814 de la calle 36, en el sureste de la ciudad y que como podemos deducir por su nombre, no es un club de strip-tease, tal y como aparecía en la serie.

Una localización en la que sí se respetó el negocio original fue en la del supermercado propiedad de Stavros Milos, Phoenix Farms. Bajo el nombre de MRT Family Foods, en el 116-817 de la calle 19, en la zona noreste de Calgary podemos encontrar la superficie en la que Milos ofrecía a sus clientes disfrutar de “Julio en enero ”. Y hablando de lugares de trabajo, no podemos olvidarnos de las oficinas a las que cada mañana se dirigía Lester Nyaarg para convertirse en el mejor agente de seguros. El negocio, que acabaría llevando su nombre, se creó especialmente para la serie, y se situó en el 1040 de la avenida 10, en el sureste de Calgary. Y ya que estamos con la vida profesional de Lester, para recrear el hotel de Las Vegas en el que le otorgaron el premio al mejor vendedor de seguros, y se hospedaba con Linda, se utilizó el Hotel Arts de Calgary, que se encuentra en el 119 de la avenida 12, al suroeste de la localidad. Cambiando de protagonistas, los exteriores de la comisaría de la policía de Duluth, en la que trabajaba Gus Grimly, corresponden en realidad a la fachada del Centro de Música Nacional, mientras que para representar las oficinas del FBI se utilizaron los exteriores de la Biblioteca Central.

En lo que respecta a los espectaculares exteriores que podemos ver en la serie, casi siempre cubiertos de nieve, el final del primer episodio, y las secuencias en las que Wrench y Numbers se vengaban de la muerte de Sam Hess se rodaron en el mismo lugar, el Ghost Lake. Situado a 45 km al oeste de Calgary, este lago que se congela de diciembre a mayo es un lugar de recreo acuático en los meses de verano. Y para terminar, la última secuencia en la que vemos a Lester Nygaard, otro espectacular paraje natural situado en las montañas rocosas canadienses, a unos 80 kilómetros de Calgary, en una zona conocida como Spray Lakes.

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The Knick, introducción a la medicina moderna


Desde la (tardía) marcha del Doctor House, debo reconocer que las series médicas despiertan en mí escaso entusiasmo. Sin embargo, la nueva apuesta de HBO de la mano de su filial Cinemax, no parecía a primera vista una serie médica al uso y contaba con dos atractivos poco acotumbrados a la pequeña pantalla, Clive Owen como protagonista y Steven Soderbergh a cargo de la dirección. A pesar de que en las críticas iniciales sólo parecía haber lugar para su crudo y sangriento comienzo, la escasa y deficiente oferta televisiva veraniega y su atractivo trailer, en el que las imágenes acompañadas de la voz de Owen auguraban por lo menos una creación original, hicieron el resto.

Ahora que faltan dos episodios para el final de la primera temporada, The Knick se ha convertido para mí en uno de los mejores estrenos del año por varias razones, desde el trabajo de Soderbergh, que nos invita a alegrarnos (mucho) de que decidiese dejar el cine, hasta la recreación de Nueva York, pasando por sus personajes, sus variadas historias o la disposición de la producción por trasladar a la pequeña pantalla los entresijos de los comienzos de la medicina moderna. Para mí, en The Knick todo alcanza un nivel sobresaliente y su visionado se me antoja obligatorio, más allá de su anácrónica banda sonora, que comienza molestando y termina siendo perfecta, o su comentado exceso de vísceras, algo lógico si tenemos en cuenta que estamos asistiendo a la medicina de comienzos del siglo XX.

Pero entre sus muchas virtudes, sin duda una de mis preferidas es su interés por introducir en la historia de John Thackery y sus colegas, el descubrimiento de nuevos procedimientos y aparatos que sin duda contribuyeron a aumentar la esperanza de vida del ser humano, o simplemente la calidad de la misma. Los creadores, Jack Amiel, Michael Begler y Steven Katzan, trasladan las historias reales sobre las que se construyeron los avances médicos del momento a las vidas de los protagonistas y las desarrollan en el entorno del Knickbocker, ofreciendo una imagen más nítida de la época y de la situación de la ciencia por aquel entonces. Cabe recordar que sólo un par de décadas antes se realizaron grandes avances en los campos de la anestesia y la desinfección, unos hechos que permitieron a los médicos ampliar sus posibilidades a la hora de intervenir a sus pacientes.

Para que todo sea correcto, tanto a la hora de poner en escena las operaciones como en lo que respecta a la recreación de aquella época en la medicina, The Knick cuenta con el asesoramiento médico del Dr. Stanley Burns, que además de conocer la profesión atesora un inigualable archivo fotográfico histórico y médico. En su colección de imágenes médicas podemos encontrar fotografías sobre enfermos, hospitales, especialidades médicas, pioneros, tratamientos o incluso casos curiosos de hace más de un siglo, algo que sin duda ha contribuido a añadir realismo a la serie de Cinemax. Y estas son algunas de las historias reales de algunos de los inventos o procedimientos que vemos en The Knick:

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- Máquina de Rayos X. El físico alemán Wilhelm Conrad Röntgen, anunció su descubrimiento, los rayos X, y su creación, la máquina que le permitía hacer radiografías, en 1886, unos días después de realizar la primera radiografía de la historia. Tras descubrir casualmente un resplandor que lo llevó a investigar los rayos y radiaciones durante semanas, Röntgen expuso durante quince minutos la mano izquierda de su mujer a los rayos X sobre una placa fotográfica de cristal, y el resultado lo convirtió en un descubrimiento vital en la historia de la medicina.

- Aspirador Quirúrgico. El casual invento del Dr. Algernon Edwards alberga una pequeña trampa. A pesar de que ya existieron inventos previos que trataban de terminar con el polvo en el hogar, la aspiradora doméstica no se hizo realidad hasta 1907, siete años después del momento en el que se desarrolla la acción de la serie. La invención del aspirador quirúrgico, de la que no consta si llegó a partir del artilugio que todos tenemos en casa, corresponde al médico y prolífico inventor argentino Enrique Finochietto, que en las tres primeras décadas del siglo XX, contribuyó con varias técnicas y aparatos a la mejora de la medicina.

- Nariz Italiana. Hasta el descubrimiento de la penicilina, en 1928, la sífilis era una enfermedad incurable, que como podemos ver en la serie, tenía consecuencias terribles para aquellos que la sufrían. El cirujano italiano y pionero en la cirugia reconstructiva Gasparo Tagliacozzi, nacido en 1545, fue el responsable de diseñar a partir de estudios previos en siglos anteriores, el procedimiento para realizar una reconstrucción nasal. La técnica curiosamente no tuvo mucho éxito hasta que fue recuperada y modificada por el cirujano alemán Karl Ferdinand von Graefe en el siglo XIX.

- La hernia inguinal. El procedimiento que Edwards desarrolla en su improvisada clínica fue obra del también italiano Edoardo Bassini, que en 1889 publicó uno de los libros más famosos sobre el tema, Nuovo Metodo per la Cura Radicale del Hernia Inguinale. En él Bassini acompañaba su descripción de su solución a la hernia inguinal con láminas ilustradas, un procedimiento más rudimentario que el utilizado por el pionero Edwards que se atreve a utilizar una cámara. Ese mismo año William Halsted, médico en el que se inspira el personaje de Owen, presentó una técnica ligeramente diferente a la de Bassini y con una reparación también distinta.

- El punto McBurney o punto de sensibilidad abdominal. Mencionado por John Thackery en medio de una operación, con su propio apellido “Thackery Point”, fue descrito en 1889 por el cirujano norteamericano Charles McBurney, que desde ese momento se dedicó a la enseñanza de la cirugía. El punto se localiza en la línea que una la espina ilíaca derecha con el ombligo, situado a dos tercios de distancia de éste último.

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- El endoscopio. Bautizado por su creador, el Dr. Levi Zinberg como “intraescopio”, este instrumento quirúrgico que sirve para visualizar el interior de un órgano hueco o una cavidad corporal ya fue utilizado, muy primariamente, en 1805. El artilugio experimentó varios cambios a lo largo del siglo XIX y fue utilizado en diversos campos como la urología o la estomatología, pero hubo que esperar hasta 1932 para que fuese flexible, y más adaptable al cuerpo humano. El inventor del primer gastroscopio semi flexible fue el alemán Rudolf Schindler, que antes de la II Guerra Mundial se trasladó Estados Unidos y allí pasaría a los anales de la medicina como el padre de la gastroscopia.

- El fonógrafo. Uno de los pocos inventos no médicos que podemos ver en la serie, aunque llegue acompañado de su propio creador, Thomas Edison. Los Edison Wax Recorder, o cilindros de fonógrafo, fueron el primer método de grabación y reproducción de sonido y consistían en cilindros de cera con grabaciones de sonido grabadas en la superficie exterior del mismo, para luego reproducirlo en el fonógrafo mecánico. La llegada de los discos de gramófono en 1910 provocó que la producción de éstos cilindros terminase diecinueve años después.

*Para los que os interesen este tipo de detalles, la cuenta de Twitter de la serie o su Tumblr publica tras cada episodio las referencias históricas o hechos reales que inspiraron las historias que vemos en The Knick.