Visitando a los Fisher

Necrológicas

James Gandolfini. photo: Barry Wetcher

Adiós, James Gandolfini.


Imagino que como cada mañana habéis abierto vuestras redes sociales, el correo electrónico o simplemente el medio digital del que os alimentéis, y al llegar a cierta línea os habéis frotado los ojos, incrédulos, extrañados por haber perdido de repente, a un hombre que se hizo por derecho propio, un lugar en la historia de la televisión y de la interpretación. Los noctámbulos ya tuvimos que lidiar anoche con la muerte de James Gandolfini, esperando que fuese una víctima más de las redes sociales y no del destino. Pero la HBO no tardó en confirmar las peores informaciones, y Gandolfini se ha ido para siempre, llevándose consigo definitivamente a Tony Soprano, el primer antihéroe de la última gran época de la televisión. Ahora, que no quedaba nada para volver a disfrutar de su trabajo en HBO, con la apetecible adaptación americana de la británica Criminal Justice.

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Un ataque al corazón ha terminado con el intérprete que se ganó a pulso el reconocimiento de la crítica y del público, de sus propios compañeros y de todos aquellos que, en lo que respecta al atractivo mundo de la  mafia, pensaron que después de “El Padrino” no habría nada más. Ahí estaba David Chase para llevarles la contraria y Gandolfini para darle vida, con sus ojos tristes y su amplia, pero a veces temible, sonrisa, su puro interminable, sus visitas a la nevera y sus patos. Hablando en serio, el actor nacido en Nueva Jersey supo llevar a la pantalla durante seis temporadas a una de las personalidades más complejas de la televisión contemporánea, un hombre que luchaba consigo mismo y contra su naturaleza, preocupado por la mortalidad y el paso del tiempo mientras no dudaba en acabar con aquello que le molestaba.  Mi querido Tony Soprano.

Para aquellos a los que parece molestarles que algunos osemos atribuirle a Gandolfini buena parte de la grandeza de The Sopranos, quiero recordar las palabras del propio Chase, que como recoge Alan Sepinwall en su libro, y aquí, reconoció que “Tony no estaba formado hasta que Gandolfini fue elegido para el papel”. Los tres Emmys que certificaron su magnífico trabajo no fueron más importantes para la industria y para sus próximos proyectos que el alcance que tuvo la serie de HBO. A pesar de que comenzó a trabajar en la industria del cine a finales de los ochenta, Galdolfini necesitó a The Sopranos para convertirse en una cara conocida y reconocida, por culpa de su papel de mafioso sinvergüenza y violento que no podías odiar ni tampoco dejar de querer. Alguien que hoy, tantos años después, podemos decir sin miedo a equivocarnos, que fue el abuelo televisivo de seres tan únicos como son, Don Draper o Walter White, esos hombres que, a su imagen y semejanza, conjugan su simplicidad con sus peores miserias como pocos han sabido hacer.

Como se dice en estos casos, muere el hombre, sobrevive el personaje. Sus compañeros ya lo recuerdan como el gran hombre que parece ser que fue, tanto en lo personal como en lo profesional. Para los que no lo conocimos, siempre será Tony Soprano, el solitario e incomprendido mafioso que intentaba encontrar la felicidad. Descanse en paz el gran James Gandolfini.

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Adiós, Pepe Sancho, adiós


Uno de los inconvenientes de la muerte es que, la mayoría de las veces, nos suele pillar desprevenidos. Y sin tiempo de despedirnos, rendir cuentas con el pasado y agradecer, o reprochar, aquello que nos guardamos dentro. Ya sea bueno o malo. Aunque no creo que fuese amigo de las despedidas, hoy se ha marchado sin decir adiós Pepe Sancho, uno de los actores más veteranos de la interpretación de nuestro país, que se va dejando en la retina de cada uno de nosotros personajes inolvidables. Y aunque su único reconocimiento viene del cine, Goya al Mejor Actor de Reparto por su papel en Carne Trémula en 1997, fue quizá la televisión, con el permiso de las tablas, la encargada de hacer de él un actor con carisma propio, característico y necesario para encarnar ciertas personalidades.

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Pepe Sancho saltó a la fama por su papel de “El Estudiante” en la mítica serie de finales de los años setenta Curro Jiménez, y a lo largo de su extensa carrera interpretativa realizó trabajos muy destacados tanto en el teatro como en el cine y la televisión. Turno de Oficio, Carmen y Familia o Arroz y Tartana fueron otras de las producciones televisivas en las que participó, hasta que dio vida a algunos de sus papeles más significativos en la pequeña pantalla. El primero de ellos fue el de Don Pablo en Cuéntame cómo pasó, encarnando al jefe de Antonio Alcántara. Su clasismo, su labia y su ultraconservadurismo hacían del personaje de Sancho un ser poco querible a la vez que determinante en el relato. El segundo, y por el que yo siempre le recordaré, es el papel de Rubén Bertomeu en la que muchos calificamos como la mejor serie de la televisión española, Crematorio. De más actualidad que nunca, este personaje encarnaba todas las maldades del poderoso empresario de turno, que ama y controla el poder desde un despacho que le permite llenarse los bolsillos.

No se me ocurre un actor más indicado para dar vida a cualquiera de esos dos hombres, claramente despreciables, con tanta fuerza y tanta credibilidad, especialmente en el segundo caso. Para muchos de nosotros Sancho siempre será Bertomeu, con su carácter autoritario y su falta de escrúpulos, sabedores de que sin él Crematorio no sería la gran producción que es. Sancho, desde ese carácter que, para bien o para mal, le permitía ser el mismo ante los medios, supo encarnar con brillantez personajes destinados al desagrado, explorando las bajezas de la condición humana y convirtiéndolos en símbolos reconocibles en cada trabajo. Tuve ocasión de conocerlo, y ofrecerle un café, y en la brevedad de la radio me encontré un tipo que sin ser encantador, conseguía ganarte con su sinceridad y su dialéctica. Esa que probablemente algunos traten de airear en los próximos días, o aquella que hacía de sus personajes seres inigualables. “España y yo somos así, Antoñito…”

El abuelo Anticuario


Los amantes del celuloide y la televisión tenemos a los actores y actrices en tan alta consideración que a lo largo de nuestra vida soñamos, aunque sea despiertos, con que algún día nos los cruzaremos y pasarán cosas la mar de interesantes. Yo he soñado que besaba a Jason Priestley, que le contaba mis penas a Keri Russell (más conocida como Felicity) o que echaba una carrera con Peter Krause por Los Ángeles. Y también soñé que paseaba por el Retiro y me sentaba en un banco a charlar con un todo un Señor. Y no sé si los tres primeros se harán realidad, pero el último no, porque el Señor era Manuel Alexandre, y se marchó ayer.

Mi primer recuerdo, a falta de películas que probablemente vi y no recuerdo, viene, cómo no, de una serie de la que ya he hablado por aquí, “Los ladrones van a la oficina”. Interpretando a un anticuario que le daba nombre, despertó en mi una mezcla de cariño y admiración que se mantuvo siempre que me lo encontraba al otro lado de la pantalla. Confieso que no fue mucho: repaso su filmografía y a falta de recuerdo más cercano o latente, sólo he visto “Amanece que no es poco”… Pero siempre me pareció un hombre cercano y “real”, un “abuelito” (y perdón si alguien se ofende) encantador, de gesto amable y sincero.

Me apunto, por vergüenza ante lo escaso del conocimiento, “Atraco a las tres”, “Así en la tierra como en el cielo”, “Elsa y Fred” y ¿Y tú quién eres?”, además de “Bienvenido Mr. Marshall” que ya está en otras listas, pero “Manolito”, como le conocían sus amistades, participó en más de trescientas películas. Me da pena no haberlo visto en el teatro que es un género cercano y complicado que sí me ha permitido ver a otros actores. Era el preferido de Alexandre, qué trabajó en “Luces de Bohemia” o “El caso del Señor vestido de violeta” entre otras. Y en televisión, además de las diez temporadas de las aventuras de los rateros, participó en otras series españolas míticas como “Farmacia de Guardia”, “7 vidas” y “Hospital Central”, además de realizar su último trabajo, “20-N: Los últimos días de Franco”.

Viendo imágenes de “Los ladrones…” lo primero en lo que pensé fue en aquellos que le rodeaban, y que andaban en su quinta, también se fueron: Agustín González (el comisario García y su mítico “¡¡¡¡Gutiérrez!!!”” bien alterado) en 2005, Fernando Fernán Gómez (el señor Don Anselmo) en 2007 y José Luis López Vázquez (“Escabeche”) en 2009. Qué generación más bárbara y qué escaso de actores veteranos de renombre debe de andar el cine español. Porque, sea donde sea, estos ahora están reunidos poniéndose al día. Y con Solomon Burke acompañando, cómo está el mundo.

Rue McClanahan, la “chica de oro” seductora y presumida


A principios de este fresco mes de junio falleció en Nueva York Rue McClanahan, veterana actriz estadounidense reconocida especialmente por la mítica serie de mediados de los ochenta The Golden Girls. Rose, Dorothy, Sophia y Blanche, papel encarnado por McClanahan, nos hicieron reír, y también llorar con sus aventuras y desventuras de mujeres maduras que trataban de vivir segunda juventud. Blanche Devereaux era una belleza sureña afincada en Miami que se vio obligada a compartir piso con, en principio, dos desconocidas por no poder pagar la hipoteca. Y así se daba comienzo a la edad dorada de estas cuatro mujeres.

Antes de llegar a The Golden Girls, Rue McClanahan, nacida en Oklahoma en 1934, pasó por la universidad de Tulsa, donde estudió teatro. En 1957 comenzó a trabajar en los escenarios neoyorquinos, hasta que en 1970 saltó a la fama por la serie de televisión Another World.  Mama´s Family y Maude, donde coincidió con Bea Arthur, Dorothy, fueron los pasos previos a su trabajo más reconocido, el de The Golden Girls. La serie, creada por Susan Harris en 1985, comenzó haciendo historia nada más situarse en las parrillas televisivas, ya que fue la primera serie de la historia de la televisión que estaba protagonizada únicamente por mujeres.

Las tartas de queso en la cocina, las batas de casa de Sophia, los impronunciables nombres noruegos presentes en la memoria de Rose o el espejito del bolso de Blanche son elementos que se fueron asentando en la memoria de los seguidores de estas cuatro mujeres que estuvieron en pantalla durante siete temporadas y 180 capítulos, siendo nominadas en 65 ocasiones a los Premios Emmy. En aquella época McClanahan realizó apariciones en otras series, pero al igual que en los años posteriores a The Golden Girls, no obtuvo demasiado reconocimiento por ninguna de ellas. Para el público, Rue siempre será Blanche, esa mujerona elegante y presumida que aunque pasaba de  la cincuentena  no escondía su punto picarón y sus ganas de vengarse de la infidelidad de su marido ligando, perdón por la expresión, con todo bicho viviente.

Curiosidades de la vida, la única componente de The Golden Girls que sigue viva es la más mayor de todas, Betty White, que interpretaba a la inocente Rose, y que a sus 88 años vive una segunda juventud artística, trabajando en series como el Saturday Night Live. Sophia, interpretada por la entrañable Estelle Getty, falleció en 2008, mientras que su hija en la ficción, Dorothy lo hacía una año más tarde. A pesar de haberle ganado la batalla a un cáncer de mama, Rue McClanahan falleció tras un derrame cerebral provocado por una operación de bypass realizada hace un mes.

Siempre nos quedará Youtube para recordar los buenos momentos de estas “Señoras” de oro.