Hermanas Pequeñas

Miniseries, películas para la televisión y pequeñas cosas inclasificables.

Klondike

Una de miniseries: Klondike


En 1897 , el mismo año en el que Bram Stoker publicó Drácula, y se celebró la primera edición de la Maratón de Boston, en Nueva York los jóvenes Byron Epstein y Bill Haskell terminaron su educación y decidieron dirigirse hacia el oeste, buscando un destino, una misión en sus vidas. Mientras recorrían el país en tren éste par de jóvenes amigos, que apenas superaban los veinte años, se cruzaron con un hombre que pagaba las rondas de los clientes del bar con pepitas de oro, que según narraba, él mismo se había encargado de recoger de la tierra. Después de que Haskell y Epstein intercambiasen unas palabras con el generoso compañero de barra, nada pudo parecerles más interesante ni más atractivo que ser capaz de extraer del suelo tu propio oro y convertirte en millonario. Por muy lejos que esté y muy inhóspito que sea el lugar. Así comienza Klondike, la miniserie de tres capítulos de hora y media de duración que Discovery Channel estrenó el pasado mes de enero. El primer guión original del conocido canal dedicado a la naturaleza y la ciencia, está basado en el libro de Charlotte Gray Gold Diggers, Striking it Tich in Klondike y recoge varias historias reales de la época en la que el frío oeste canadiense era el lugar con el que muchos soñaban.

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Haskell, interpretado por Richard Madden, y Epstein (Augustus Prew) formaron parte de la avalancha humana que hasta 1899 formaron los hombres, y algunas mujeres, que se atrevieron a desafiar al frío y la naturaleza para llegar a Dawson City, la localidad en la que se concentraban comerciantes, buscadores, maleantes, prostitutas y visionarios emprendedores. Tras un accidentado viaje, atravesando el paso Chilkoot y navegando por el río Yukon, los jóvenes exploradores llegan a la tierra prometida, pero nadie les ha advertido que allí  la vida de un ser humano no vale nada, algo que aprendensobre la marcha. Tras tomar posesión de un trozo de tierra en el que escarbarán en busca del preciado metal, alguien termina con la vida de Epstein, dejando a Haskell sólo, con su aventura, su tierra y sus deseos de venganza.

Junto al personaje de Madden, encontramos en la miniserie nombres que pasaron a la historia, como el joven Jack London, el escritor que acompañó a su cuñado a la ya por entonces famosa fiebre del oro de Klondike, pero que no se preocupó por el oro, sino por recopilar los nombres y las historias que allí habitaban. Casi un siglo después fue la autora Charlotte Gray la que se preocupó por dar vida a otros personajes importantes en la historia de un lugar del que nadie se acordaba a comienzos del siglo XX, puesto que tan pronto como llegó la fiebre, se fue. De la obra de la británico-canadiense formaron parte la emprendedora y feminista Belinda Mulroney, el padre Judge, que para muchos fue un ángel de la guarda, o el superintendente Sam Steele, perteneciente a la policía montada del Canadá y con mayor por respeto por la vida que sus superiores. Y aunque con ligeras licencias creativas, son ellos los que acompañan la acción y la misión de Haskell a lo largo de las cuatro horas y media de ficción audiovisual y quienes ayudan a comprender mejor el lugar inmundo en el que se convirtió la tierra prometida gracias a la avaricia sin límites y la falta de respeto por el resto de la humanidad que por aquel entonces se practicaba en éste recóndito rincón del mundo.

Sin ser una producción sobresaliente, la miniserie dirigida por Simon Cellan Jones (Generation Kill, Treme, HTMIIA) es un producto de calidad, interesante y bien hecho que traslada a la pantalla un relato real envuelto en espectaculares paisajes y una cuidada recreación histórica. Si bien el montaje y la distribución de la historia son mejorables y yo habría apostado por más capítulos de menor duración (Actualización: Me comenta el sabio Lorenzo Mejino que para el mercado internacional serán seis capítulos de 45 minutos), Klondike es un producto atrayente y bien hecho, con personajes e interpretaciones interesantes que tratan de atrapar al espectador sin más intención que la de contar las ambiciones y los anhelos de una época en la que perderse en el fin del mundo para encontrar un propósito en el mundo era tan buena idea, y tan digna, como cualquier otra. Aunque se corriese el riesgo de que el espíritu violento del poderoso Yukón, además de vaciar los bolsillos, acabase con todas las esperanzas, como bien sabía el bueno de Haskell.

 

Broadchurch

¡¡¡Broadchurch bloody hell!!!


Entre los reproches que se pueden hacer a la escasa y poco cuidada oferta de series de televisión extranjeras que nos ofrecen las cadenas nacionales, se encuentra sin ninguna duda, el mísero apego que los programadores de televisión tienen por las series creadas más allá de los estudios norteamericanos. Porque hay vida más allá de las creaciones estadounidenses, aunque a veces a los seriéfilos también nos cueste reconocerlo. Pero ver en España una serie extranjera que no haya sido producida por una cadena de Estados Unidos es casi una misión imposible, y no porque no hayan creaciones al nivel de las exigencias de los espectadores locales. Más allá de la exitosa Downton Abbey y alguna que otra producción de corte similar, poco saben las televisiones españolas sobre la ficción que se hace a este lado del Océano Atlántico. Y a muchos nos gustaría que nuestros amigos o familiares, que tanto repelen la versión original, tuviesen la oportunidad de ver producciones como Bron/Broen, Les Revenants o muchas de las habitualmente brillantes miniseries británicas con la misma facilidad con la que pueden ver cualquier serie norteamericana de menor calidad. A esa lista de pequeñas producciones televisivas que no todos podemos disfrutar se ha sumado, sin ninguna duda, la última creación de la cadena inglesa ITV, Broadchurch.

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Creada por el guionista Chris Chibnall, esta miniserie de ocho capítulos parte de un planteamiento simple y que hemos podido ver en muchas ocasiones en la pequeña pantalla: un pueblo pequeño, un asesinato, varios sospechosos. La localidad que da nombre a la serie es un lugar inusitadamente soleado, con bellos acantilados, atardeceres anaranjados y cielos infinitos en la que todo el mundo se conoce y se saluda y la vida transcurre en paz hasta que el cadáver de un niño, Danny Latimer, aparece en la playa. De la investigación se hacen cargo el inspector recién llegado, Alec Hardy, y la detective Ellie Miller, que regresa a su trabajo esperando un ascenso que sin saber cómo ni cuando, le ha quitado la nueva incorporación a la plantilla. Del otro lado, que debida a la cercanía de buena parte de los habitantes del pueblo termina siendo el mismo lado, asistimos al impacto que la triste noticia causa en la familia del menor, con unos padres que buscan respuestas entre acusaciones mutuas y miradas perdidas. Y alrededor de familiares e investigadores, transitan amigos y vecinos que tratan de afrontar la noticia sin dejar de preguntarse cómo ha sido posible que algo así sucediera en aquel remanso de paz, y periodistas, sí, aquí también, que en su verisón joven confunden sus aspiraciones con el interés informativo, y en su versión veterana busca respuestas en fuentes escritas en directorios de papel.

Lentamente, pero sin perder el ritmo y el interés, el espectador es testigo de un “Cluedo” tan ordenado como justificado, en el que la necesidad de no confiar y las pistas, convierten en sospechosos tanto a los que habitualmente estaban cerca de la víctima como a su propia familia. Todos ellos se enfrentan a una realidad que de repente ha dejado de ser idílica, a una ausencia que sólo deja preguntas y transforma el bucólico entorno en el que vivían, en un lugar en el que habita un enemigo que hasta unas horas antes era todo lo contrario. Por si esto fuera poco, los padres de Danny no pasan precisamente por su mejor momento como pareja y los fantasmas del pasado vuelven a visitar al Inspector Hardy, mientras los secundarios que en un principio parecían meros espectadores, desvelan antiguos secretos. Los descartes policiales y el asfixiante ambiente en el que se ve envuelto el culpable terminan por llevarnos a un desenlace inesperado, que en lo que a mí respecta resulta tan creíble como dramático, aunque quizá llegue innecesariamente temprano, o esté demasiado condimentado por los detallados acontecimientos posteriores. Y aunque suelo hacer esto, a partir de aquí, si no habéis visto la serie os aconsejo que vayáis a buscarla, por aquello de no estropear nada a nadie.

La grandeza de Broadchurch reside en la inteligencia con la que ha sabido combinar el suspense, el misterio y el drama sin excesos, tratando de ir más allá de lo mínimamente esperable en un género que últimamente vive una época de esplendor (The Killing, Forbrydelsen, Bron/Broen). Si a esto le sumamos el trabajo interpretativo de la totalidad del elenco actoral y la capacidad de escarbar un poco más allá de la simple escena del crimen, nos encontramos con un excelente producto que viene a confirmar el buenhacer inglés en producciones de este tipo. Tiene mi total admiración la cruel bofetada que el destino le da a la detective Miller entre los verdes campos ingleses, cuando a medianoche se ve a si misma frente a su mejor amiga, que le plantea una pregunta que hasta hacía unas horas para ella misma tenía una única respuesta, la crítica que llevan consigo las historias de dos de los personajes más veteranos, el kiosquero Jack Marshall y la gruñona Susan Wright, o la escasa sutilidad con la que se critica uno de los males del periodismo actual, la ausencia de historias cercanas, olvidadas en beneficio de la economía empresarial. Y los trabajos de los actores principales, David Tennant en el papel de inspector que carga con resignación e ironía con una culpa que resulta por no ser propia, Olivia Colman como decidida detective a la que le espera una pesada carga y Jodie Whittaker interpretando a una madre busca respuestas por igual en lo divino y en lo humano. Si seguís aquí sin haberla visto, no me hago responsable de que para vosotros la sensación de grandeza no vaya a ser la misma, si como corresponde lo habéis hecho, podéis dejar vuestra opinión en los comentarios. ¿Os ha gustado el final? ¿Os esperábais que “ése” fuese el culpable? ¿Qué trama os ha gustado más?

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Biografías made in HBO


La prestigiosa cadena de cable HBO y el actor Al Pacino han sumado fuerzas de nuevo y han vuelto a colaborar para llevar a la pantalla la historia de una personalidad polémica que durante años se mantuvo, por unas razones u otras, en el candelero. Y como ya parece habitual, los ríos de carácteres han corrido de forma caudalosa animados por la controversia que crea la libertad de adaptar una historia real al medio. En esta ocasión el punto de mira se ha situado sobre el productor y músico estadounidense Phil Spector y el asesinato de la actriz Lana Clarkson, sucedido en su mansión de Los Ángeles en 2003. Con David Mamet al frente del proyecto y Al Pacino interpretando al excéntrico productor, la película estrenada el pasado domingo no alcanzó grandes niveles de audiencia (754.000 espectadores, cien mil más que el final de Girls de la semana anterior) y se granjeó las críticas de los amigos de la víctima, escandalizadas porque la cinta concluye poniendo en duda la culpabilidad de Spector.

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Pero la polémica forma parte del proyecto, y las cadenas la asumen más como una ventaja a la hora de sumar audiencia, que un inconveniente, y más si se trata de la HBO. El 2010 la cadena se atrevió a abordar la polémica que suscita la eutanasia estrenando la polémica historia del patólogo Jack Kevorkian, en la piel de Al Pacino, con la cinta titulada You Don’t Know Jack. Más recientemente la cadena se ha preocupado de asuntos algo más frívolos  con The Girl, en la que se ocupaba de desvelar la turbulenta relación entre Alfred Hitchcock y Tippi Hedren y se adentraba en la esencia de las biografías televisivas y los secretos de las grandes estrellas. Con Game Change y Too Big To Fail la HBO se subía al carro de los dramas actuales, una apuesta que, en el primer caso, sirvió a la cadena para arrasar en su categorías en prácticamente todas las ceremonias del medio.

Pero al igual que la vida misma, los biopics no son sólo glamour y fama, y es de agradecer que los responsables de HBO también hayan tenido interés por llevar a sus pantallas la vida de la zoóloga autista Temple Grandin, en la película homónima que le sirvió a Claire Danes para hacerse con el segundo de sus cuatro Globos de Oro o la apasionante vida del doctor Vivien Thomas, descubridor de un importante procedimiento quirúrgico en el film Something The Lord Made. A pesar de ser informativamente más discretas que las películas comentadas previamente, se trata de productos muy interesantes que albergan su interés en su práctica exclusividad. Si a eso le sumamos el aval cualitativo que supone el nombre de la cadena, las adaptaciones biográficas televisivas ven crecer el interés que despiertan en los medios y los espectadores año tras año.

Y si no, que levante la mano el que no tenga ganas de ver Behind The Candelabra, a pesar del soso teaser, una película dirigida por Steven Soderbergh en la que Michael Douglas interpretará al pianista y artista Liberace, famoso durante los años cincuenta por sus estrafalarias apariciones televisivas y su rumoreada homosexualidad. Matt Damon dará vida al amante de Liberace, Scott Thorson, que a mediados de los 80 escribió el libro en el que se basa el polémico film, que la HBO estrenará el próximo 26 de mayo y que según su director, se estrenará en la televisión porque es “demasiado gay”. O el que no espere con interés el film que dirigirá Stephen Frears, titulado Muhammad Ali’s Greatest Fight y que narrará la lucha que mantuvo el púgil con el gobierno norteamericano tras su negativa para combatir en la Guerra de Vietnam.

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Accused, la última joya británica


No sé vosotros, pero a mí cada vez me cuesta más encontrar una serie que me conquiste, me deje con la boca abierta y al finalizar me de ganas de aplaudir… E incluso podría atreverme a decir que en los últimos seis meses no ha habido ninguna producción nueva que me reafirme en ese mantra tan seriéfilo “Las series son mejores que el cine” y similares. Claro que si no estoy atenta, es posible que pase. Por fortuna, el destino quiso que la semana pasada, no sé gracias a quién pero desde aquí redundantes gracias, leí sobre Accused, la segunda entrega de una miniserie británica que fue emitida a mediados de agosto por la BBC. Cierto es que las producciones británicas tienen una dosis de dramatismo mayor que las americanas, pero la necesidad de probar no entiende de cielos plomizos, sentimientos contenidos y caracteres reservados. Afortunadamente.

Accused es una creación en formato miniserie de Jimmy McGovern estrenada en 2010 y que este verano ha contado con una nueva entrega, que paso a comentar. Formada por cuatro episodios, el primero independiente de los demás, esta producción plantea las historias de cuatro personas que están siendo juzgadas por diversos delitos. En cada capítulo el espectador descubre los hechos que llevan al protagonista a encontrarse entre rejas, mientras asistimos al juicio en el que se decidirá si continúa en prisión. El episodio finaliza con el veredicto del juez, el único personaje que aparece en todos ellos.

- Tracie´s Story. Un comienzo sorprendente en el que el espectador trata de asimilar que los míticos personajes a los que ha dado vida Sean Bean últimamente (Game Of Thrones), no tienen nada que ver con el profesor transexual (la rubia de la foto) protagonista de ésta historia a la que no puedes evitar engancharte. La personalidad de Simon, que así es como se llama el profesor, es tan atractiva como preocupante y gracias a un montaje que mantiene su calidad en el resto de los episodios, en los minutos finales es inevitable sentirse angustiado por el devenir de este hombre tan tozudo y como sensible. Tan brillante como la actuación de Bean es la de Stephen Graham (Snatch) aunque para mí es el primero el que gana la partida con la última secuencia dentro de la Corte. A pesar del sofocante paseo. Su fotografía y sus diálogos complementan esta maravilla que para mí es el mejor de los cuatro episodios.

- Mo and Sue´s Story. Otros sin embargo prefieren esta historia, asentada sobre dos mujeres, Mo y Sue, amigas y compañeras de trabajo, a las que el destino convierte, de la más estúpida y paradójica de las maneras, en irreconciliables enemigas. Al terminar el capítulo, resulta casi imposible no recordar que historias como las de Mo, las podemos encontrar en algunos de los peores asesinatos de éste o de cualquier otro país. El trabajo de las dos actrices principales, Anne-Marie Duff y Olivia Colman, así como el de Ruth Sheen, que encarna a la madre de la primera, dibuja un espléndido retrato del dolor, la condición humana y la amistad, sobre un paisaje desasosegante que ninguno querríamos para nosotros. Para finalizar, casi resulta imposible no enfadarse con lo injusto de un sistema en el que los instigadores de la situación siquiera llegan a sufrir levemente las consecuencias de sus actos.

- Stephen´s Story. Los fans de la alocada Misfits pueden disfrutar en éste capítulo de Robert Sheehan y sus grandes dotes interpretativas. El carismático actor se hace cargo del papel principal, Stephen, un joven emocionalmente inestable al que la muerte de su madre sumerge en una profunda espiral paranoica. Otra actuación brillante en la que el desequilibrio emocional juega una importante baza a la hora de juzgar todo lo que pasa entorno al protagonista, una atmósfera asfixiante en la que resulta difícil no imaginarse un trágico final. Sin embargo ésto no juega en su contra, y al final del episodio resulta inevitable sorprenderse y volver a plantearse cada una de las secuencias a las que acabamos de asistir.

-Tina´s Story. Por si teníamos poco con los tres capítulos anteriores, en el cuarto nos sumergimos por completo en el sistema carcelario británico, de la mano de Tina, una oficial de una prisión de menores a la que un descuido ajeno le hace replantearse su trabajo, un hecho que puede acabar costándole la cárcel. Una vez más, la trama se construye sobre un personaje que parece indefenso, un simple espectador de los hechos que suceden a su alrededor. Y como no, la ética y la justicia se ponen sobre la mesa, planteando un interesante debate acerca del sistema judicial, las consecuencias de nuestros actos y la condición humana.

Accused es en definitiva esa serie imprescindible que todos los amantes de la buena televisión deben ver y que no debe faltar en esa carpeta en la que todos guardamos las recomendaciones con las que sabemos que no vamos a fallar. Y también es esa producción que, inevitablemente y una vez más, te lleva a preguntarte por qué nosotros, que sólo vivimos a unos miles de kilómetros de los británicos y disfrutamos de un mejor clima, no sabemos/podemos/queremos hacer “cosas” como ésta. Véanla, hagan el favor.