Cartas del director

Cariñosa misiva a mis personajes favoritos

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Queridos Neal y Peter:


No recuerdo la razón que me llevó para incluir White Collar en mi lista de visionados, pero sí que sé que el final de la serie es una de las despedidas más sentidas de mi corta vida seriéfila. Durante cuatro años, comencé uno tarde, disfruté cada semana de vuestras aventuras en el Nueva York televisivo más vistoso, tratando de atrapar a los estafadores, timadores y falsificadores más peligrosos. Y de vuestra familiaridad, vuestros compañeros y vuestros enemigos, las amenazas que teníais que combatir y las dudas sobre el futuro que debíais responder. Pero todo llega a su fin, y la historia del ladrón que colabora con el FBI y encuentra en su compañero casi un padre, la vuestra, también tenía que terminar.

Tras seis temporadas, Peter, has pasado de ser un agente rígido, deseoso de enderezar al descarado delincuente que era Neal, a convertirte en un hombre comprensivo que tras años de trabajo en común es capaz de entender sus motivaciones. Y tú Neal, después de tanto tiempo preguntándote si el ladrón nace o se hace, si el delincuente puede cambiar su naturaleza, la has asumido, tratando de salvar a los que más querías, aunque no sin hacerles daño.

No sé si ha sido el mejor final posible, si podría haber sido mejor o peor, pero a mí me vale. Después de tantos intentos de robo frustrados, tantas operaciones brillantes en los que teníais que interpretar los más diversos papeles para atrapar a peligrosos delincuentes, la relación que comenzó como una condena termina con un emotivo adiós que quizá no sea definitivo. Falsificaciones, secuestros, robos a pequeña y gran escala, de obras de arte y de joyas, dieron lugar a una variada selección de delincuentes y de historias en las que la violencia o la sangre tenían una presencia prácticamente mínima. Algo que, porqué no decirlo, también es de agradecer.

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Para mí, además de sus tramas, sus protagonistas y sus secundarios, la química existente entre todos, o su interés por contar historias atractivas, también ha sido importante el papel que ha jugado Nueva York en White Collar, con habituales referencias a la ciudad o su historia. Mi primera entrada sobre las localizaciones de series estaba encabezada por esta serie que ha recorrido la ciudad sin descanso, y ha llegado a lugares interesantes aunque poco conocidos. He disfrutado enormemente, como “enferma” de las localizaciones que soy, del interés de Eastin por aprovechar las variadas estampas que ofrece la ciudad. Y por supuesto, y a pesar de que no es una serie muy conocida en España (principalmente porque tampoco ha sido respetada por las cadenas) no podía faltar en Nueva York En Serie.

Para todos aquellos a los que les gusten los procedimentales bien hechos, que busquen unos personajes interesantes y quieran pasar un buen rato frente al televisor con una historia hecha con interés y cariño, White Collar es su producción. Para los que, como yo, ya la habéis disfrutado, queda la satisfacción de haber encontrado en la serie una  de esas parejas “policiales” que ya tienen un lugar propio la lista que a lo largo de décadas ha ido construyendo la historia de la televisión. Un emparejamiento en el que la responsabilidad atemperaba la rebeldía y el ingenio complementaba a los medios. Peter y Neal. Neal y Peter.

Ha sido un placer.

 

 

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Querido Boyd Crowder:


Antes que nada perdona que me haya tomado la libertad de escribir esta misiva y me atreva a robar algo de tu tiempo, pero no me gustaría que nuestra relación terminase sin que conozcas mis sentimientos, y a la vista del final de la quinta temporada, quizá deba ir adelantando el trabajo. Por lo que pueda pasar. Y es que, aunque como tú muy bien le has dicho a Ava, han sido dos meses muy duros, no parece que el futuro vaya a ser muy tranquilo. Con el ofrecimiento de Wynn y la Sra. Hale es probable que intuyas algo de agitación, ya que como tu sonrisa delata, no es algo que vayas a rechazar. Lo que no intuyes es que la amenaza de la pequeña y encantadora Marshall Rachel Brooks es verdadera y hay mucha gente dispuesta a unirse a una causa.

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Como la pobre Ava, que sin haberse ofrecido voluntaria para ayudar en su trabajo a los Marshall, tampoco parece que le importe demasiado ser el elemento esencial en la operación que daría con tus huesos en la cárcel. Yo la entiendo. Ha vivido un infierno, y mientras lidiaba con la vida entre rejas ha visto como el tiempo que le dedicabas menguaba mientras tú mismo te veías envuelto en una historia de las tuyas. Y le ha rescatado un viejo amor que para devolverle la libertad le ha pedido que le mantenga informado de los movimientos del salvador que nunca fue, tú mismo. No le han preguntado si quería hacerlo, pero tampoco parece que necesitasen hacerlo.

Desde que te conocí, hace cuatro años, con tus pelos locos y tu charlatanería hipnotizadora, por aquel entonces especializada en el racismo y el sermón religioso, te has revelado como un criminal cruel, con mucha memoria y pocos remordimientos. Has tenido tiempo de ver cómo, por una razón u otra, con tu implicación o sin ella, desaparecían de tu vista los Bennet, con su terrible (y por mi adorada) madre Mags, Robert Quarles, Ellstin Limehouse, y por no perder la costumbre, esta temporada Lee Paxton, Hot Rod y los Crowe. Bueno, éstos últimos no son definitivos, ya sabemos que siempre acaban volviendo. Pero el caso es que, como muy bien tratan de hacerle ver Tim y Vasquez a Raylan, estás rodeado, con perdón, de mierda y parece que los problemas acaban de comenzar.

La batalla final se aproxima y si los pronósticos se cumplen tendremos temporada final con duelo por todo lo alto. Por un lado tú, con tus socios proponiéndote un negocio irresistible y tu ¿ex? novia tomando nota de tus pasos, con unos cuantos Marshalls esperando el más mínimo fallo. Al frente de los mismos Raylan, ese amigo-enemigo con el que durante cinco entregas has mantenido una relación de respeto mutuo de la que ambos habéis sacado provecho convenientemente, pero que ahora ha decidido que serías el punto final perfecto para la página que quiere pasar en su vida. Pinta mal, no nos vamos a engañar. Porque aunque te hemos visto salir airoso de las situaciones más complicadas (las dos últimas esta misma temporada, con Picker y con el cartel mejicano) la suerte siempre tiene fecha de caducidad. Por mucho que sepas disparar con las esposas puestas.

Pase lo que pase, queda dicho que has sido un enemigo ejemplar y que ya quisieran para sí muchas series de temática similar. Con tus particularidades, tus neuras, tu verborrea imparable, a veces insufrible, a veces digna de levantarse a aplaudir. Ha sido bonito verte tsoñar como un chiquillo enamorado con un futuro en pareja mientras tenías que tomar decisiones complicadas y plantarle cara a peligrosos delincuentes, soñando con un lugar en el que dejases de hacer todo eso. Hace no mucho tú mismo dijiste que ibas a retomar viejas costumbres. Y más allá de la nicotina y la pólvora, la tradición era que Raylan te llevase a cumplir con la justicia. Ha sido un placer. Suerte.

P.D: Por si alguien se ha quedado con ganas de más, queda aquí el tema de cierre del último capítulo de la quinta temporada, corre a cargo de la Ruby Friedman Orchestra… Que la escena es una traición en toda regla, pero con esa ambientación las cosas se ven de otra forma. ¿No?

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Querida Lena Dunham:


Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te escribí, quizá porque el final de la segunda temporada de la serie no logró motivarme demasiado. Tampoco digo que ahora lo esté, pero para mí esta ha sido una docena de capítulos por momentos emocionantes, por momentos desesperantes, y no quería dejar pasar la oportunidad de dejar por aquí mis opiniones sobre la tercera entrega, que terminó el pasado domingo. Los comienzos fueron esperanzadores, ya que la estabilidad sentimental había llegado a tu vida con el hombre que tanto habías perseguido, un hombre que se había mudado a vivir contigo y había decidido cuidar de tí y de tu trastorno. Mientras tanto Shoshanna y Marnie disfrutaban de su nueva situación sentimental, o más bien la sufrían. Porque mientras la primera estaba dispuesta a arrasar con todo a su paso, e incluso quemar algún puente que luego necesitaría, la segunda trataba de afrontar la realidad, soltera, sin trabajo y de vuelta a casa de su madre. Por último Jessa permanecía confinada en un centro de desintoxicación, molestando con su sinceridad y únicamente preocupada por salir del lugar fuese como fuese.

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A pesar de que el episodio de la casa en la playa fue un enorme ejercicio de franqueza, poniendo a las cuatro jóvenes en situaciones que no habríamos imaginado, mi capítulo preferido es el segundo, Truth or Dare, cuando Hannah, Shoshanna y Adam contra su voluntad, van a buscar a Jessa, con la que el centro de desintoxicación ha decidido rendirse. Reconozco que fue entonces cuando Adam y yo nos reconciliamos, además de por ser franco con Hannah, por mostrarse, en su particularidad, como el más sensato del grupo. Si bien es cierto que los comienzos fueron difíciles, y al comienzo de la serie el rol interpretado por Adam Driver me parecía una bestia descerebrada, ahora, a pesar de sus disfuncionalidades laborales, es el único ser con el que los espectadores mortales, aquellos que no compartimos la grandeza de erigirse como “la voz de una generación”, podemos sentir cercano por momentos. A pesar del (incomprensible) amor que siente por la inestable aspirante a escritora, Adam es franco con ella, aunque, a veces, sea doloroso.

Otro de los episodios más interesantes de la tercera entrega es el noveno, que lleva por título Flo, y en el que el personaje interpretado por Lena Dunham, va a visitar a su abuela moribunda al hospital. En éste capítulo botella conocemos un poco más a la familia  materna de Hannah, especialmente a sus tías, tan diferentes como sorprendentes, y su prima, para la que es todo aquello que más odia de un ser humano. A estos buenos momentos es imprescindible unir las conversaciones de Hannah con su madre, que lo mismo le pide que mienta a su abuela moribunda, que le comenta, como quien no quiere la cosa, que Adam no es suficiente hombre para ella, sin importale si le hace feliz. Para entonces Hannah ya ha tratado de asumir que el spring a través del cual trata de llegar a las estanterías de las librerías, o a los libros electrónicos, se va a convertir en un maratón por culpa de la inesperada muerte de David. Y se ha convertido en una periodista-publicista que sin satisfacer sus necesidades, lo asume como una fase del camino. Hasta que, como era de esperar, Hannah estalla.

De regreso a Nueva York, tras la muerte de su abuela, Hannah vuelve a ser la misma joven caprichosa que busca la comprensión de su novio, o de sus amigos sin importarle cuáles sean las necesidades de éstos. La gota que colma el vaso llega en el penúltimo capítulo, cuando la siempre certera Shoshanna le pregunta como va a aceptar que Marnie y Adam se conviertan en estrellas mientras que ella se dedica a hacer publireportajes en una revista de moda y tendencias, bastante lejos de su pretencioso sueño. Lo que Shoshanna no sabe es que Hannah ya se ha convertido en un arma de destrucción masiva y ha comenzado forzando su propio despido unas horas antes. Poco después vemos como admite su capacidad para meterse en todo cuando antes de abrir la puerta y descubrir a Marnie con Ray reconoce con sinceridad y aplomo Everything’s my bussiness. Con Marnie y Shoshanna engañándose a sí mismas y Jessa tratando de volver a encauzar su vida, el necesario giro con el que cerrar la temporada llega en forma de carta, con unos planes inesperados y quizá necesarios.

Aunque aún queda mucho para que sepamos cuál ha sido la decisión de Hannah, y cómo influye en sus planes de futuro, es evidente que poco a poco, éstas cuatro jóvenes buscan su lugar en el mundo mientras el destino insiste en hacer de las suyas, tanto si les gusta como si no. A través de la muerte, cercana o lejana, los momentos familiares, y las historias de aquellos que han vivido más que ellas, Hannah, Marnie, Shoshanna y Jessa han descubierto que la vida no se construye sólo con sus pasos y sus anhelos y luchan por estar lo más cerca posible de la felicidad, aunque sea lejos de sus sueños o de aquello a lo que siempre han estado acostumbradas. A pesar de que esta temporada tampoco han faltado los berrinches y las peleas absurdas. Pero esto es de esperar, ya que pasa en las mejores familias y con las mejores amigas.

 

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Querida Allison Janney:


Era de esperar que quien repitiese en esta sección tendría que ser, para bien o para mal, alguien muy destacado. Pero quién me iba a decir a mí, hace casi tres años, que serías , mi admirada Allison Janney, y además por un merecimiento doble. Y tan meritorio. Porque si hubo que esperar cinco años desde que finalizase El Ala Oeste de la Casa Blanca, para verte regresar a la pequeña pantalla, y no precisamente en las mejores condiciones (Mr. Sunshine) dos años después, tras muchas voces en series de dibujos animados, y apariciones puntuales en The Big C y Veep, el destino, la casualidad o quizá, por una vez, ese par de personas que todos necesitamos y que han tenido en cuenta tu trabajo, han querido devolverte a la pantalla por partida doble y con dos grandes, y antagónicos papeles.

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No voy a negar que, de primeras, y a pesar de que eras la principal razón para que me animase a ver Mom, no me pareció atractivo ni tu papel ni la producción. Pero supongo que es el síndrome de la comedia nueva, que no se asienta hasta los cuatro o cinco episodios. Para cuando me quise dar cuenta estaba en el séptimo capítulo, viendo como, con toda tu mala leche, tu capacidad contestataria y tu ironía, tratabas de asumir que había llegado la menopausia. Y tal y como has demostrado en las últimas entregas de la producción de Chuck Lorre, lo haces como si la comedia y tú hubiéseis sido amigas toda la vida, y lo tuyo fuese hacer reír a la gente, en vez de esos papeles serios y contundentes por los que siempre se te ha conocido en la industria. Para sorpresa de todos, o casi todos, gracias a tu enorme talento, también eres capaz de encarnar a una señora que trata de cambiar lo que ha sido toda su vida, una mala madre y una alcohólica, para reconciliarse, con el mundo y consigo misma.

Pero también has tenido tiempo para eso, y si en Estados Unidos los lunes pueden verte haciendo de abuela ex alcohólica en Mom, los domingos se sientan a disfrutar de como te metes en el papel de una mujer “felizmente” casada de finales de los años cincuenta en Masters Of Sex. Seamos realistas, al igual que con Beau Bridges y The Millers, ésto resulta un poco bipolar. Pero somos muchos los que opinamos que tu papel y tu trabajo engrandecen, aún más, la producción de Showtime que, sin duda, es una de las sorpresas más gratas de la temporada 2013-2014, y probablemente de éste año. Porque Margaret es ese personaje que faltaba en los primeros episodios, la encarnación de la mujer adulta, con décadas de matrimonio a sus espaldas, que un buen día se cansa de su posición, y de las apariencias, y quiere vivir y simplemente ser feliz. Sin engañarse a sí misma, sin falsear la realidad, admitiendo que aunque ha habido errores en tu vida, todavía está a tiempo de cambiar las cosas y disfrutar. O por lo menos, que no es ley de vida sentirse cada mañana vacía, como un florero abandonado.

Sin duda el tuyo es uno de los regresos televisivos más ansiados y es esperable, y deseable, que en próximas entregas de premios, además de verte por la alfombra roja, te veamos por lo menos entre las nominadas…. De premios ya no hablamos, que soy de las que cree que son pocas las academias, sindicatos y demás grupetes, que saben reconocer el talento. Ellos se lo pierden. Por lo menos, tal y como esperaba en mi anterior misiva, los buenos guiones han llegado. Y mientras tanto es una placer saber que, pase lo que pase con Mom, que tiene la temporada completa asegurada,  y a no ser que los guionistas de Masters of Sex decidan deshacerse de tu personaje, que espero que no, también regresarás la temporada que viene. Por si no fuese suficiente Days and Nights con Ben Whishaw y Katie Holmes, Tammy con Melissa McCarthy, Susan Sarandon y Kathy Bates, The Reluctant Professor, con Hugh Grant y Marisa Tomei, y (ésta si que tiene buena pinta) A Book Of Common Prayer con la también televisiva Christina Hendricks, son tus próximos proyectos en la gran pantalla. Eres la viva encarnación de que todo llega, si el talento, el trabajo y la paciencia acompañan. Congrats dear.