Aquellas maravillosas series

Series que marcaron la niñez y la juventud de más de uno

La tele sigue siendo cosa de hombres


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A pesar de que las series de Shonda Rhimes tendrán una noche temática en ABC y que repartos como Orange Is the New Black sirven para aumentar el número de féminas que trabajan en la industria televisiva, el estudio anual sobre el papel de la mujer en la industria televisiva vuelve a ofrecer conclusiones que evidencian que si bien el papel de la mujer ha cambiado en la ficción, la transformación no ha sido tan relevante en la realidad de la industria. Y es que según el informe del Centro Estatal de San Diego para el Estudio de las mujeres en la Televisión y el Cine, sólo el 27% de los que trabajaron en las networks durante la temporada 2013-2014, es decir creadores, directores, guionistas, productores y productores ejecutivos, editores y directores de fotografía, eran mujeres. La cifra desciende hasta el 25% si nos referimos a las series de cable y Netflix.

Esta suma supone un descenso de un punto con respecto a los números de la temporada anterior, algo que sin ser preocupante por sí mismo sí revela que no es lo mismo contar historias sobre mujeres luchadoras y pioneras que conseguir serlo. Aunque  sí que es cierto que Shonda Rhimes tiene su efecto, y la ABC es la cadena con el porcentaje más alto de programas con personajes femeninos, con un 44% , seguido de la CBS con un 42%, FOX con uno menos, CW con el 40% y la NBC con el 39%. La media de mujeres que podemos encontrar en los elencos está en el 42% y si se estudia el género de los personajes de las cadenas mencionadas, las mujeres son más habituales en las comedias de situación, con un 46% de los personajes, mientras que en las series dramáticas sólo llegan al 39%. Curiosamente, los personajes femeninos son habitualmente más jóvenes que los masculinos: mientras el 59% de ellas tienen entre 20 y 30 años, el 58% de los hombres tienen entre 30 y 40 años. Respecto de la diversidad racial, algo que tiene un estudio por si sólo, el 74% de los personajes femeninos son blancos, un 14% afroamericanos, un 6% asiáticos y un 5% latinos.

Y con todos estos números, que vienen a decir que lo importante es trabajar en una comedia de ABC representando a una mujer blanca de entre 20 y 30 años (ahora vas y se lo dices a Malin Akerman) el estudio se plantea la importancia que el sexo del guionista tiene en el género mayoritario entre el elenco principal de su creación. Y la conclusión es curiosa: cuando un programa cuenta con, al menos, una mujer en el equipo de guionistas, las mujeres llegan al 46% de los personajes. Si no se da el caso y todos los escritores son hombres, las féminas sólo alcanzan el 39% de los roles. Estos números son bastante similares a lo que sucede si se tiene en cuenta el sexo del creador de la producción, tanto en las cadenas network como en el cable y Netflix. En general las cifras son similares a los últimos años y revelan una continuidad en el día a día de una industria que, como en tantos otros ámbitos de la vida, presume de algo, esas Florrick, Pope, Johnson y Olson, por poner unos ejemplos, que no se esfuerza por apoyar. Porque, entre muchas otras razones, al espectador pocas veces le importa el nombre, o el sexo, del que firma lo que acaba de ver.

 

 

¡¡Que vuelve Mindy!!


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Esta noche regresa a FOX, en uno de los primeros retornos de la temporada 2014-2015, la ginecóloga más simpática, soñadora y colorida de la pequeña pantalla, la Doctora Mindy Lahiri. El personaje interpretado y creado por Mindy Kaling afronta su tercera temporada con una importante novedad en su vida, y la serie se enfrenta al desafío de mantener el interés en la historia aunque uno de los principales retos se haya alcanzado. Y es que la buena de Mindy, la ginecóloga, después de probar suerte con un ministro de la Iglesia con ansias de predicar por el mundo, un abogado con una personalidad inquietante y otros cuantos que es mejor no recordar, ha encontrado en su compañero de trabajo, el presuntuoso pero adorable Danny Castellano, el hombre con el que compartir su vida.

A pesar de que sería lógico pensar que, como hemos visto alguna que otra vez, éste escenario romántico podría ser temporal, y la pareja terminaría rompiéndose para volver a comenzar con la premisa inicial, la creadora ha comentado que no tiene previsto regresar a la soltería. Lo que sí parece entrar en sus planes dar un pequeño giro a la serie y otorgar más peso al personaje interpretado por Chris Messina. Y prueba de ello es el fichaje de Rhea Perlman, la inolvidable Carla Tortelli de Cheers, para interpretar a la madre del Doctor Castellano, y con ello la suegra de Mindy, una mujer que no verá con buenos ojos que la novia de su hijo sea tan dominante. El primer episodio de la tercera temporada en el que la novia y la madre de Danny medirán sus fuerzas será el tercero, que muy apropiadamente se titula Annette Castellano is My Nemesis.

Pero The Mindy Project no se va a centrar únicamente en el amor romántico y correspondido, que refleje la lucha diaria de cualquier pareja, y las tramas del “sufrido soltero” quedarán reservadas para Peter, el rol interpretado por Adam Pally, que continuará tratando de conquistar el corazón de aquella que se ponga a tiro. Por su parte, Morgan y Tamra deberán definir su relación, mientras Beverly se convierte en personeje regular y la inocente Betsy regresará puntualmente como actriz invitada, siempre bajo la atenta mirada del Doctor Jeremy Reed. Si a esto le sumamos una aparición estelar como la de Shonda Rhimes, la todopoderosa, resulta una tercera entrega atractiva y prometedora en la que seguro que encontramos los momentos divertidos y entrañables a los que Mindy nos tiene acostumbrados. Casi siempre.

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Party Down: las divertidas entrañas de una empresa de catering


El revuelo que causó hace unos meses el éxito recaudatorio del proyecto de crowfunding para llevar a Veronica Mars a la gran pantalla provocó que se especulase con la continuación de otras series que, desgraciadamente, tuvieron un final tan abrupto como el de la joven de Neptune. Según los comentarios escritos en blogs y redes sociales, una de las candidatas a regresar gracias a éste modelo de financiación era Party Down. Veinte capítulos después puedo decir que Rob Thomas (sí, el mismo que la serie protagonizada por Kristen Bell) puede contar con algunos de mis eurillos para devolver a esta particular “banda” de camareros a la pantalla. Sea la que sea.

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Emitida por Starz en 2009 y 2010, Party Down acompaña en su día a día laboral a un grupo de camareros que trabajan para la empresa de catering que da nombre a la serie. Asistimos a funerales más sorprendentes de lo que cabría esperar, fiestas de cumpleaños inesperadas o destinadas a fracasar y bodas surrealistas en las que el mejor emparejado no termina siendo ninguno de los contrayentes. Pero como son un catering asequible para todos los bolsillos, también trabajan en entregas de premios del mundo del porno, hilarantes estrenos en teatros comunitarios o en el backstage incomprendidas estrellas musicales. Y todo ello de la mano de seis camareros que tratan de abrirse hueco en el feroz mundo del cine en esa “playa repleta de granos de arena” llamada Los Ángeles.

Uno de esos granos es Henry (Adam Scott) un aspirante a actor que vencido ante la falta de oportunidades decide regresar al que fuera su trabajo años atrás en éste particular catering. Allí se encuentra con su inseguro amigo Ron (Ken Marino), que dirige orgullosamente al equipo de camareros, en el que Roman (Martin Starr), estereotipo del guionista de ciencia ficción poco agraciado y socialmente torpe, no deja de discutir con Kyle, imagen de las cabezas huecas de cara bonita que habitan en el mundillo de la interpretación. El toque femenino lo ponen Casey (Lizzy Caplan), aspirante a cómica con una complicada vida social y laboral y Constance (Jane Lynch) un espíritu libre al que en la segunda temporada sustituye Lidya (Megan Mullaly) una sorprendente madre divorciada de una adolescente aspirante, como no, a estrella cinematográfica.

Con este curioso grupo haciendo sándwiches y paseando bandejas no parece tan descabellado que en cualquier episodio podamos encontrar a uno de los camareros coqueteando, voluntaria o involuntariamente, con las drogas o con algunos de los asistentes a las fiestas en las que trabajan. En ellas podemos encontrar además interesantes cameos, como Steve Guttenberg haciendo de sí mismo como cliente del catering, el ex-jugador de los Lakers Rick Fox o la estrella de Star Trek, George Takie. Steven Weber, J.K. Simmons, mi querido Bubbles de The Wire, André Royo, interpretando a un productor de cine o la propia Kristen Bell, como jefa del catering enemigo, son otras de las caras conocidas del mundo de la televisión que podremos en encontrar en esta producción tan desconocida como divertida. Por si esto fuera poco, buena parte del equipo de Veronica Mars y el conocido actor Paul Rudd se encargan de los guiones, mientras que Fred Savage, más conocido como Kevin Arnold en Aquellos Maravillosos años, dirige nueve de los veinte capítulos que conforman Party Down.

Si todo esto no os ha convencido de lo necesario que es su regreso, y contribuir a ello con unos eurillos, aquí están, por ejemplo, las razones de Mariló García, que también son muy poderosas. Pero lo mejor es que dediquéis trescientos minutos de vuestro verano a este grupo de trabajadores, auténtico y genial a partes iguales, que a la espera de una oportunidad que les permita cumplir sus sueños, comparten sus miedos, sus adicciones y sus esperanzas mientras trabajan en los escenarios más inesperados.

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Historia de unos hombres valientes


Los parones en las emisiones de series en la televisión norteamericana son, en el fondo, una oportunidad sin igual de dedicar nuestro tiempo a series que, a buen seguro, todos tenemos pendientes. Entre las mías se encontraba, hasta hace unos días una miniserie de hace ¡¡12 años!! con muchas caras conocidas, notables interpretaciones y una producción envidiable que la convierten en una de las grandes del género. Band of Brothers es la nueva serie que ha pasado a mi lista de cosas que debería haber hecho hace tiempo, gracias a las virtudes descritas previamente y lo grato que resulta encontrarse con una historia interesante, llena de grandes momentos y un conjunto de personajes inolvidables.

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Ese grupo está formado por los hombres de la Compañía Easy y uno de sus primeros jefes de sección, el teniente Winters, que en 1944 fueron enviados por el Ejército de los Estados Unidos a Europa para hacer frente a la amenaza nazi que se cernía sobre el continente y que encabezada Adolf Hitler. Jóvenes dispuestos a saltar sobre el enemigo por cuestiones económicas o sociales, voluntarios que parecen dispuestos a todo por una victoria que termine con los desafíos lanzados por regímenes totalitarios, Band of Brothers comienza horas antes de una de las jornadas clave de la II Guerra Mundial, el 6 de junio, el Día D. Muy pronto descubrimos que no todos son buenos en el lado bueno, que los galones no hacen la valentía, ni frenan la cordura, y que ante nosotros se encuentran unos hombres dispuestos a acabar con sus propias carreras si creen que no se aplican medidas justas con los suyos. Las personas ideales con las que irse a un lugar tan desagradable como es la guerra.

El prometedor comienzo no se detiene con el paso de los capítulos, y aunque éste conflicto lo hemos podido ver en multitud de ocasiones en la gran pantalla, la producción de Steven Spielberg y Tom Hanks no pierde interés en ningún momento. Tras la llegada de la Compañía Easy a tierras galas, la acción se traslada a Holanda, donde la población llevaba cuatro años sufriendo el régimen de Hitler, y regresa a Francia para defender con valentía Bastogne. A partir de ahí, el infierno en la nieve, una lucha sin tregua por causas en las que quizá el cansancio ya no les deja creer, y en la mente humana, en forma de inesperados campos de concentración que resultan increíbles a los ojos de unos hombres que ya creían haberlo visto todo. Un año después de su llegada a Europa se atisba el final de la contienda, se intenta sacar provecho de la aventura y se observa el futuro con miedo y con esperanza, lamentando algunos el tiempo perdido.

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En ese intenso viaje en el que la violencia no da respiro, las estaciones se suceden y el ruido de la muerte lo rompen las armas que lo provocan, los hombres se mantienen unidos sin rendirse y sin, porqué no decirlo, perder la cabeza. Con el Teniente Winters como guía, los soldados llevan a cabo su labor como se espera de ellos, sin cuestionar órdenes ni hacer preguntas. Al relato conjunto se une la historia personal de algunos de los miembros de la Compañía Easy, acercándonos así a las vivencias íntimas de unos hombres que en muy poco tiempo tuvieron que asumir que su misión era combatir al precio que fuese. La agotadora labor de aquellos que trabajan por la salud de los demás, el limbo en el que se sumen los que no aceptan la realidad que les rodea o el compromiso que asumen con sus compañeros, que va más allá de sus obligaciones, nos acercan a una historia en la que los hombres que la protagonizaron siempre tuvieron un momento para detenerse a ayudar un compañero.

Basada en el libro homónimo de Stephen Ambrose, la producción de la HBO es una delicia para los paladares televisivos más exigentes, algo lógico por otra parte a la vista de los ingredientes que la componen. Band of Brothers es una oportunidad como pocas de acercarse a la II Guerra Mundial desde una perspectiva más cercana y extensa que muchos de los largometrajes previos del género, descubriendo algunas de las operaciones más importantes de la contienda y otros hechos menores, aunque igual de importantes, para aquellos que los vivieron.  Y es también un merecido homenaje a aquellos hombres que se dejaron la piel en el campo de batalla, que daban vida y forma a las operaciones de altos mandos a los que les quedaba lejos el tiempo en el que empuñaron un arma, los hombres que hicieron posible que el mal no venciese, sin tener en cuenta lo que suponía para ellos ni pararse a pensar en cuál era el rédito de todo aquello.

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El placer que supone encontrar un trabajo tan magnífico como éste es aún mayor si tenemos en cuenta la correcta discreción que caracteriza las series de estreno de los últimos tiempos. Si además nos paramos a pensar en la cantidad de caras conocidas, y de personajes “eternos”, que encontramos en ésta producción, la sensación no puede ser mejor. Para bien y para mal, respectivamente, a partir de ahora nunca podré ver de la misma forma a Damian Lewis y David Schwimmer. Michael Cudlitz, Neal McDonough, Scott Grimes o Ross McCall son otras de las caras conocidas que los habituales de la pequeña podemos reconocer en el reparto, donde también se encuentra uno de los intérpretes de moda, Michael Fassbender, que prácticamente debutó en la pantalla con este trabajo. Pero son sólo algunos de los nombres que encontramos en un elenco tan extenso como acertado, que contribuyó sin duda a engrandecer la calidad de la obra. Band of Brothers es, en definitiva y por si aún no había quedado claro, una serie imprescindible para los amantes de la televisión, el cine bélico y las grandes historias bien contadas.