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Querido Jeremy Piven:


No te voy a engañar y seré sincera desde el principio… Los que estábamos esperando tu regreso a la televisión soñábamos con que siguieses siendo Ari Gold, ese personaje tan mítico como odioso que te valió el reconomiento de tus compañeros de profesión, los críticos y la academia… Porque a pesar de que no era la persona más respetuosa, ni cariñosa, ni sincera del mundo, sus gestos, su temperamento al volante, o al frente de su empresa, su mejorable matrimonio y sus inmejorables respuestas para todos, le hicieron uno de los personajes más carismáticos y singulares de los últimos años. Y lo que todos esperábamos era un spin off, que nos garantizase la dosis anual necesaria de sinceridad, mala baba y cinismo. Aunque según las últimas noticias, podremos redimirnos levemente con la película de Entourage que ya ha comenzado a preparar Warner Bros. y en la que ya has confirmado tu presencia. Hasta entonces nos conformaremos con Mr.Selfridge que sin ser poco, ya que eres el protagonista de esta historia tan interesante y curiosa, no es suficiente para todos aquellos que hace demasiado que te encumbramos como nuestro personaje odioso favorito. Qué se le va a hacer.

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Hace unos meses te decidiste a cruzar el charco y embarcarte en la nueva aventura de la ITV, una producción que narra la llegada a Londres de los almacenes Selfridge, de la mano de su fundador, Harry Gordon Selfridge. Este buen hombre, tan idealista como autocomplaciente llegó a Inglaterra con ganas de enseñarles a los “excolonizadores” como se hacen las cosas con elegancia y distinción, poniendo a su disposición unos grandes almacenes en los que se podía encontrar el mejor género llegado de todas las partes del mundo. En los primeros episodios ya hemos podido disfrutar del temperamento y el peculiar carácter de un hombre que no está dispuesto a rendirse, aunque se encuentra con diversos impedimientos en su camino.  En aquella época las altas esferas de la sociedad no acostumbraban a ir de compras, pero Selfridge cuenta con una imaginación y tenacidad que le llevan a desafiar las costumbres de la época, ante el asombro de la competencia, entre la que ya se encontraban esos grandes almacenes llamados Harrod’s.

Llegaste a la profesión con poco más de veinte años, y tras diversos proyectos poco conocidos, pusiste voz a un personaje la serie de animación Rugrats, aventuras en pañales. El comienzo de los noventa te sirvió para empezar a hacerte hueco en la industria, curiosamente con la película El Juego de Hollywood. En la televisión tus dos primeros trabajos no fueron menores, y si del 92 al 98 te diste a conocer en El Show de Larry Sanders, también te pudimos ver (digamos que despeluchado) en  Seinfeld.  Y  todo ello sin descuidar  la gran pantalla, participando en una de las películas más interesantes de la década, Heat. Ya en el nuevo siglo te pudimos ver en un capítulo de Will & Grace, y un año después pasaste de la romántica Serendipity a la bélica sorpresa de la temporada Black Hawk Down. Y los buenos tiempos llegaron en 2004, cuando el papel de Ari Gold llegó a tus manos y te sirvió para hacerte con tres premios Emmy consecutivos (2006, 2007 y 2008) y un Globo de Oro (2008).

Jeremy Piven as Harry Selfridge.

No se podía esperar menos teniendo en cuenta que llevabas la actuación en la sangre, puesto que eres hijo de la pareja de actores-directores formada por Byrne Piven y Joyce Hiller Piven, habituales de la escena teatral norteamericana y fundadores de la Piven Theatre Workshop  situado en Evanston, Illinois, muy cerca de Chicago. En esta localidad a las orillas del Lago Michigan llegó Jeremy en su adolescencia, y allí conoció al trío de hermanos Cusack, John, Joan y Ann, siendo por todos conocida la intensa amistad que siempre has mantenido con el primero, a pesar de que llegásteis a compartir piso. Así que con estos moldes, casi resultó inevitable que en 2008 te animases a saltar a las tablas de Broadway con la obra de David Mamet Speed-the-Plow, en la que también participó mi querida Elizabeth Moos. Pero tu aventura fue corta, ya que tu incondicional amor por el sushi, un romance que mantuviste estrictamente durante veinte años, te obligó a abandonar la obra, ante el riesgo de sufrir un ataque cardíaco. Una peculiaridad más en la vida de un hombre que se considera judío-budista y en cuenta de Twitter se define como “aspirante a batería”.

Me despido sin saber aún si me gusta que vayáis a exprimir un poco más aún la naranja llamada Entourage, aún sabiendo que la impresión que cause la película, influirá en el recuerdo final que dejó la mágnifica producción que fue unos años antes de que terminase. Y esperando que Mr. Selfridge se ocupe de que los guiones alcancen el nivel de la recreación histórica, sin enredarse en giros romántico-dramáticos llenos de emociones en perjuicio de tramas más interesantes. Porque si no la época eduardiana pasará a la historia de las series de televisión como la “época culebroniana”. Y porque, aún sin saber muy bien por qué o por quién, Harry Selfridge te resta esa hombría que Ari Gold te había otorgado. Esa inolvidable hombría.

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